Video: por qué la Justicia Federal perdonó a un hombre que robó una canilla
Robó propiedad del Estado de una estación de tren y terminó con una causa federal. Pero el juez lo sobreseyó en menos de una semana.
La Justicia Federal sobreseyó a un hombre de 30 años que la semana pasada había robado una canilla de bronce de la estación de trenes Tres de Febrero, en Buenos Aires.
Según capturaron las cámaras de seguridad. El hombre ingresó a un baño de la estación, y salió poco después. La seguridad constató una importante salida de agua del baño y persiguieron al ladrón hasta atraparlo. ¿Qué pasó después?
Por qué la Justicia Federal perdonó al hombre que robó la canilla
El hurto de la canilla causó daños evidentes, con una pequeña inundación de agua que llamó la atención del personal de seguridad del Comando Trenes Seguros. La canilla fue recuperada.
Por ser un delito contra el Estado, los guardias dieron aviso a la Policía Federal. El ladrón no estuvo detenido en ningún momento, sí fue demorado y el hombre enfrentó una causa por hurto en la Justicia, informó el medio porteño Infobae.
Su causa terminó en los tribunales federales, ya que robar propiedad del Estado, es delito federal.
El expediente se tramitó en el Juzgado Federal N°7 de Sebastián Casanello. Fuentes con acceso al expediente informaron al medio que el ladrón de la canilla fue sobreseído de inmediato ya que el juez consideró que no había conflicto y que el hurto fue “por necesidad”.
Se presume que el hombre intentaría vender la canilla por el valor que ésta tiene en el mercado del bronce.
El acusado se negó a declarar, pero se mostró apenado por la situación. Su domicilio en su DNI indicaba una casa en Núñez, en la zona de la estación del tren Mitre, donde fue un patrullero a constatar. Allí vivían los padres del acusado, quienes tomaron distancia de su hijo. El hombre, según descubrió personal de la Justicia, vivía en la Villa 31 hace varias semanas.
Antecedentes de robo de canilla y perdón
En julio de 2019, un chatarrero de Laferrere, padre de dos hijos, estuvo detenido en la alcaidía de Tribunales durante tres días y fue sometido a un proceso judicial que duró casi un mes tras robar otras dos bocas de agua en un convento porteño.
El acusado, sin antecedentes penales, no tenía en ese momento un empleo formal. En ocasiones trabajaba en la feria La Salada de bagayero, es decir, lleva bultos de un lado al otro. Si no recibía el aviso, salía a juntar objetos que pudiera revender: desde bronce hasta ropa, lo que sea.
Cuando lo detuvieron, el hombre dijo que era viudo, que su pareja había muerto de cáncer de mama dos semanas antes de ser detenido por robar las canillas. Sus hijos, un varón de 5 y una nena de 3 años, tenían problemas respiratorios. Finalmente, fue sobreseído por la jueza Alejandra Provitola.

