Una guerra de familias que llegó lejos
Una vieja disputa entre dos grupos por drogas y robos llegó a un punto sin retorno. La última pelea dejó un chico quemado y un hombre baleado en la sien.
"Todo comenzó cuando nos trajeron acá, al barrio ciudad. Antes, en la villa, las dos familias nos llevábamos bien. Pero acá empezó la guerra y va a seguir", cuenta el joven, mientras mira de reojo a una pandilla que, desde la esquina, lo observa fijo. Son las 15 del martes en barrio Juan Pablo II y falta poco para que unos pocos kilómetros de allí, un hombre sea asesinado de dos balazos, en una pelea entre otras dos bandas en Ciudad de los Cuartetos. Pero volvamos a Juan Pablo II.El pasado viernes, en plena tarde, se escribió quizá el peor capítulo en la guerra declarada entre las dos familias más temidas de las barriadas. Lo dice la Justicia, lo sostiene la Policía, lo cuentan los vecinos, lo sostienen los mismos integrantes de ambos grupos familiares: los Aramburu y los Bustos.El último capítulo de esta batalla dejó dos víctimas. Por un lado, Uriel, un pequeño de 3 años, quien agoniza en la terapia intensiva del Hospital de Niños con más del 60 por ciento del cuerpo quemado. Las lesiones internas son las más delicadas. Por otro lado, Gustavo Bustos (39) yace en la cama del Hospital de Urgencias con un balazo en la sien que lo dejó al borde de la muerte. Cuentan que anoche cenó sopa. "Son dos familias temidas en el barrio. Creemos que detrás de todo está la venta de droga", dijo a la prensa el comisario Gabriel Álvarez, el lunes último. Parece no equivocarse. Los propios vecinos y varios familiares de ambos grupos reconocen que la venta de narcóticos (porros de marihuana y ravioles de cocaína), presuntamente por parte de algunos miembros de esas familias, habrían terminado por echar todo a perder. Lo más increíble es que ambos grupos tienen familiares en pareja y con hijos entre sí, en la misma barriada.Los términos "disputas y control de la zona", "infringir el miedo", "venta de drogas", "robos" y "ataques a tiros" se escuchan de forma permanente cuando se indaga sobre quiénes son algunos de los integrantes de los Bustos y los Aramburu. Otros, en tanto, destacan que varios de los miembros de ambas familias son laburantes y que sus nombres quedan manchados de forma injusta por quienes se volcaron por la vida de forma mucho más fácil.En ese barrio, de calles asfaltadas, pero con cloacas reventadas desde hace meses, donde el colectivo no pasa nunca, donde las calles son todas iguales y están pintadas de colores vivos, conviven trabajadores con sus hijos, sabiendo que deben mirar para otro lado cuando pasan los ladrones o los narcos que operan, a pesar de los policías.El viernes, el padre de Uriel, iba en moto cuando se topó con un miembro de la familia rival. Bastó un cruce de palabras e insultos, para que apareciera un arma, y Gustavo Bustos terminara con un tiro en la sien. A los segundos, una horda de jóvenes con bombas molotov y armas fueron a vengarse, al grito de "vamos a quemar todo".Tras doblar la esquina, atacaron la casa del padre de Uriel, pero el hombre ya no estaba, El pequeño resultó quemado. Quisieron apagarlo con el agua de una Pelopincho, pero no hubo caso. Las quemaduras fueron terribles en el pequeño.Un primo del chico, "Flequillo", de 17 años, está preso por la bomba molotov. El padre del niño no fue atrapado aún por el disparo a Bustos.

