Una familia fue condenada por traficar y vender drogas
El cabecilla de la organización es Sergio Alejandro García, quien dirigía a la banda desde la penitenciaría de Cruz del Eje, donde cumple condena por el homicidio de Ián Durán.
Sergio Alejandro “Ale” García (45), un hombre condenado a 24 años de prisión por el asesinato del adolescente Ián Durán en Villa Carlos Paz (crimen que ocurrió en 2002) fue condenado ayer a otros ocho años de cárcel acusado de haber liderado una organización familiar que vendía y distribuía cocaína en Villa Carlos Paz.
El hombre, según la causa, dirigía al resto del clan desde su pabellón de la penitenciaría de Cruz del Eje donde cumplía la anterior condena.
En tanto, el Tribunal Federal Oral 1, integrado por Julián Falcucci, Jaime Díaz Gavier y Vicente Muscará, resolvió imponer cuatro años de cárcel al hermanastro de García, Carlos Alberto “Kuki” Maldonado (51), mientras que el padre del “Ale”, Tomás Eusebio “Anguila” García (77), recibió un año de cárcel en suspenso.
Además, a la pareja de “Kuki”, Rosana Violeta Ponce (47), se le impuso una pena de tres año de ejecución condicional, al tiempo que a Lidia Rojas (66) y Graciela Gómez (45), madre y mujer del principal acusado, respectivamente, le aplicaron un año de prisión, también en suspenso.
Por su parte, una séptima persona que también había llegado a juicio acusada de formar parte de esta organización, Mauricio Oscar “Mosquito” Silioni, fue absuelta tal como había solicitado el fiscal Maximiliano Hairabedian, quien entendió que no tenía ninguna relación con la banda.
Las penas que ayer aplicó el Tribunal Oral 1 coincidieron con lo que había solicitado 24 horas antes, durante los alegatos, el fiscal federal.
Punilla
Según la investigación realizada por la Policía Federal, los narcotraficantes utilizaban dos domicilios de Villa Carlos Paz, uno que llamaban “la oficina” y que se usaba para vender droga y el otro se lo mencionaba como “la casa grande”, lugar donde se almacenaba la mayor cantidad de cocaína.
Todo era dirigido desde la cárcel por el “Ale” García, mientras que el resto de la familia desarrollaba diferentes roles delictivos, desde atender los teléfonos hasta almacenar la cocaína.
Las intervenciones telefónicas fueron clave para desbaratar a la banda, de acuerdo a lo que subrayó durante los alegatos el fiscal Hairabedian.

