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Un tumor que se ramifica

Como un cáncer, la violencia urbana se expande. Ya no es noticia que sea la principal causa de muerte en Córdoba. Mientras, poco se hace para acabar con las armas en manos de cualquiera.

18 de enero de 2016 a las 12:05 a. m.
Un tumor que se ramifica

No es nuevo que el 50 por ciento del total de asesinatos cometidos el año pasado en la ciudad de Córdoba se haya encuadrado en peleas domiciliarias, disputas callejeras o venganzas. No es novedoso que la violencia urbana sea la principal causa de muerte violenta en las calles cordobesas.Mucho menos es un descubrimiento que seis de cada 10 crímenes hayan sido cometidos a balazos. Tampoco debiera llamar la atención que, en gran proporción, las víctimas fueron jóvenes.Varios de estos puntos fueron divulgados ayer en un informe de este diario que daba cuenta de que en 2015 se cometió un crimen cada cuatro días en la Capital.El registro refleja, en lo central, una realidad que bien podría remontarse a tres, cinco y hasta 10 años atrás. Es que más allá de la variación de la cifra de víctimas, año tras año se ratifica un fenómeno que todos ven, muchos sufren de cerca y a pocos pareciera importarle: la violencia urbana.Se trata de un tumor que se hizo carne en nuestra sociedad y que cada año crece y se aferra en Córdoba, el cuarto distrito con más víctimas de homicidios en el país, detrás de conglomerados complejos como la ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense y Rosario.Esta realidad se conoce gracias a los registros de ONG y de los medios de prensa, ya que ni la Justicia, ni los ministerios de Seguridad ni las policías blanquean estas cifras. ¿No las tienen? ¿O en la mente de algunos sigue el extraño razonamiento de que nada mejor que esconder todo bajo la alfombra y tapar el sol con una mano?La violencia urbana es un fenómeno complejo, de distintas aristas, que escapa de ser una responsabilidad exclusiva de la Justicia y de la Policía. Sin embargo, a la luz de los resultados, los encargados de perseguir el delito en Córdoba tampoco trabajan en serio en una pata central de este drama: la altísima existencia de armas en poder de delincuentes y ciudadanos comunes.No hay incautaciones de relevancia ni se ataca a quienes están detrás de este negocio que destruye familias.A lo sumo se halla algún "fierro" en un control o en persecuciones callejeras, o bien se secuestran revólveres rotos y oxidados en manos de algún armero jubilado.Las armas y sus balas de muerte están allí nomás. Son de todos, son de nadie. Mientras tanto, se sigue mirando para otro lado. Y eso tampoco ya es noticia.