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Un incendio fatal y una familia que sigue con miedo

El comisario José Luis Botta, jefe de la comisaria Río Tercero, respondió: “Una mancha más, es un delito muy serio. Que la Justicia y Dios determinen si son culpables”.

29 de diciembre de 2016 a las 12:31 a. m.
Mariela Martínez*
Un incendio fatal y una familia que sigue con miedo
Marchas. Familiares de las víctimas reclamaron varias veces.

A dos años del incendio en una casa de Río Tercero que se cobró la vida de una mujer y su hijo, la Justicia avanza en la hipótesis del doble crimen con la fuerte sospecha sobre dos policías, que en las últimas horas fueron detenidos y hoy serán indagados.El sargento Cristian Gabriel Ahumada (30), con siete años de servicio en la fuerza policial, y el cabo primero José Ezequiel Vidaurre (33), con ocho años de antigüedad, ambos de la Departamental Tercero Arriba, están imputados de homicidio calificado. La fiscal Andrea Heredia sospecha que arrojaron una bomba tipo molotov en una casa prefabricada el 3 de noviembre de 2014, a las 5.30 de la madrugada. Vidaurre es el único policía experto en explosivos en esta Unidad Departamental.La bomba casera habría estado dirigida a dos jóvenes que vivían allí, que alquilaban junto a su mamá y una hermana de 12 años, según la hipótesis judicial.El voraz incendio se cobró la vida de uno de esos jóvenes, Alejandro Villalón (20), que habría conocido a los policías. Por el fuego, también falleció su madre, Mirta Noemí Selva (53). Entre las pruebas, ayer trascendió que algunos vecinos habrían declarado que aquella noche vieron a los ahora sospechosos vestidos con ropa de color negro y que tras haber arrojado algo a la casa habrían corrido, para luego subir a un vehículo, que sería parecido a un móvil policial, y abandonar ese sector de la ciudad de Río ­Tercero.Un día antes, en la casa alguien arrojó un papel que decía: "Ahora sí van a correr".

Temor

Natalia Villalón, querellante de la causa, hija de Mirta y hermana de Alejandro, dijo ayer a

La Voz

que cuando se enteró de las detenciones no paraba de llorar, “por la alegría de que el caso no quede impune, pero también por la tristeza de una familia que ya no está”.

Admitió que seguía “teniendo miedo, igual que el primer día” tras la tragedia, cuando ya planteaban la posibilidad de una sospecha policial.

Confesó que le tiene temor a “esa parte” de la fuerza que actúa “como mafia”.

La joven negó que sus hermanos hayan tenido antecedentes penales y aseguró que sólo “tenían malas juntas, por las que algunas veces fueron detenidos por merodeo y los golpeaban”.

“Se ensañaron con dos chicos jovencitos y no les importó la madre ni si había una criatura adentro. Nos arruinaron la vida”, señaló Natalia.

La joven apuntó que sus hermanos Nahuel (28) y Lucía (de entonces 12 años), quedaron con diferentes secuelas por las quemaduras padecidas aquella noche.

La niña aún tiene pendientes distintas cirugías.

Malestar policial

Alfredo Brouwer de Koning, defensor oficial que en esta causa actúa como querellante, anticipó que tras la indagatoria ofrecerán más pruebas vinculadas a filmaciones de cámaras de seguridad en la zona, que se sumarán a las aportadas con los testigos propuestos.

En tanto, el defensor del policía Vidaurre, Carlos Pajtman, confirmó que pidió la urgente indagatoria a su cliente, ya que dijo que no saben aún “de qué se lo acusa” y señaló que “es inocente”.

En la fuerza policial, el malestar ayer era evidente.

El comisario José Luis Botta, jefe de la comisaría local, respondió: “Una mancha más, es un delito muy serio. Que la Justicia y Dios determinen si son culpables”.

*Corresponsalía