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Un contexto que no justifica la barbarie

Impotencia y hartazgo de una inseguridad que, en parte, agobia y no se resuelve por ningún lado. Pero que no legitiman las peores de las reacciones.

13 de junio de 2015 a las 12:01 a. m.
Un contexto que no justifica la barbarie

La sensación de impunidad, de inseguridad, el miedo mismo, no son buenos aliados para la razón. Todo lo contrario.Llevan a la gente a situaciones salvajes que lejos pueden describirse como una adecuación a vivir en sociedad.Lo ocurrido en barrio Quebrada de las Rosas de la capital provincial no puede ser tomado como un fenómeno aislado.Ya en la oscura noche que los cordobeses parecen querer olvidar sin remediar nada, de aquel 3 de diciembre de 2013 que trocó a la madrugada del 4 en medio de una derrota social que emergió tras el acuartelamiento policial, hubo intentos de linchamientos similares, multiplicados en medio de una jornada en la que lo peor se reflejó varias veces más de lo habitual.Vecinos y comerciantes de Nueva Córdoba que decidieron, en medio de la desesperación del caos y el desgobierno, que cualquier motociclista era culpable de saqueo.Y, sin más contemplación, resolvieron arrojarlos al suelo y molerlos a golpes.Uno tras otro.Hasta hoy, la Justicia nunca persiguió a estas personas que eligieron saltear la ley y el sentido común. Y que fueron partícipes de una noche en la que todo parecía valer para ladrones y víctimas (luego, victimarios en algunos casos), sin normas jurídicas ni sentido de pertenencia social que los contuviera.Ahora, si se confirma la versión que la Justicia maneja, otra vez ganó la barbarie: entre 10 y 15 personas redujeron, golpearon, ataron y volvieron a pegarle a un supuesto delincuente, ya sin el arma de juguete encima, que estaba forcejeando con un adolescente de 16 años para robarle. Los comentarios que circulaban por los portales de noticias y las redes sociales ayer ya advertían el humor de una porción importante de esta Córdoba 2015: no toquen a los vecinos, que se defendieron hartos de ser siempre las víctimas. En el fondo, lo que se observa es un deterioro social que ya no distingue clases.Impotencia y hartazgo de una inseguridad que, en parte, agobia y no se resuelve por ningún lado.Un contexto que no sirve para intentar justificar reacciones que jamás llevan hacia algún lado positivo.