Un año después
Detrás de toda la pelea de intereses cruzados, surge la duda sobre qué quedó tras el narcoescándalo y si algo cambió para bien de los cordobeses.
A un año del estallido mediático de la causa conocida de manera popular como el "narcoescándalo", que terminó con la cúpula de Drogas Peligrosas tras las rejas, con graves imputaciones, hoy son más las dudas que las certezas. El fiscal federal Enrique Senestrari, padre de esta causa, tiene tres expedientes paralelos en sus manos: el narcoescándalo, que parece encaminarse a juicio, con la figura del exjefe de Lucha Contra el Narcotráfico Rafael Sosa como cabeza de las responsabilidades investigadas; la controvertida muerte del policía Juan Alós, y una tercera causa contra el fiscal provincial Emilio Drazile, por supuestamente haber investigado mal el caso del agente fallecido.Detrás aparece un nombre del que pocos quieren acordarse hoy y que resulta clave para entender de qué se ha tratado todo esto: Juan Francisco Viarnes.El supuesto agente encubierto ilegal (¿Encubierto de quién? ¿De los policías o de la Justicia?) está prófugo desde hace tres meses, luego de que desapareciera, inexplicablemente, cuando estaba imputado junto con los efectivos de Drogas Peligrosas.Senestrari había ordenado que permaneciera libre y con custodia, "por su seguridad".Sin embargo, desde la torre de Tribunales federales se dio la orden a la Policía Federal para que se levantara esa guardia, tras lo cual Viarnes se transformó en un fantasma del que nadie quiere hablar.Recién 60 días después de pasar a la clandestinidad, la Justicia avisó que no sabía de él.Una huida demasiado sospechosa.Ahora, Senestrari parece enfrascado en una pelea con Drazile en la que tampoco quedan claros los verdaderos motivos.Ayer, el fiscal federal buscó aclarar que imputaba a su par provincial por haber cometido serias irregularidades en la investigación de la muerte de Alós (algunas de ellas, errores gruesos que están comprobados, como por ejemplo haber apagado el motor sin esperar la llegada de Policía Judicial, todo en el marco de una causa que lejos quedó de haber sido exhaustiva).Al mismo tiempo, Senestrari se preocupó por subrayar que Drazile no tenía "nada que ver" con la muerte de Alós.¿Por qué esta precisión? En el fondo, la pelea en la que el fiscal federal ya sufrió un duro revés en la Cámara de Apelaciones está enfrascada en si Drazile puede o no participar, a partir de peritos de parte, en la demorada y publicitada nueva autopsia al cadáver de Alós.Al poner énfasis en que el fiscal provincial no tiene ninguna relación con esta muerte, Senestrari busca torcer el fallo adverso y apartar a Drazile (y a sus peritos) de este análisis forense.Detrás de toda esta pelea de intereses cruzados, surge la duda sobre qué quedó tras el narcoescándalo y si algo cambió para bien de los cordobeses.Hoy, en cualquier barrio de la capital provincial, la cocaína, la marihuana y las pastillas continúan siendo ofrecidas casi sin inconvenientes, mientras que en la Justicia federal cordobesa hace tiempo que no se conoce una investigación concreta contra alguna banda de narcotraficantes de envergadura que se encargue de proveer de estupefacientes a estos rudimentarios "quioscos".

