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“Todos los días pienso en Mariana”

C.M.B., el joven que atropelló y mató a la profesora de Educación Física, habla por primera vez. Niega haber corrido una picada, dice que fue un accidente y pide perdón a la familia de la chica. Jura que no es un criminal, que no quiso “asesinar” a nadie y teme andar en autos.

28 de abril de 2014 a las 12:02 a. m.
“Todos los días pienso en Mariana”
Consternación. C.M.B. afirma que la muerte de Mariana fue un accidente y que nunca quiso matar a nadie. “Si hubiera querido asesinar a alguien, no salía de mi casa”, dijo (Martín Báez/La Voz).

Al muchacho de cara redonda, pelo castaño corto y profusas cejas, los ojos se le llenan de lágrimas. Baja su cabeza y se tapa el rostro con las manos. Debajo de su camisa, transpirada, se pueden ver dos rosarios colgando, uno de madera, otro de metal. Lleva varios minutos hablando sobre el infierno, según sus propias palabras, en el que se siente sumergido desde que hace dos años y medio mató con su auto a Mariana Inés Ellena (22), una joven profesora de Educación Física que tenía toda una vida por delante.

"Es muy doloroso lo que pasó y me pasó. Me siento inmerso en un infierno. Todos los días pienso en Mariana, rezo por ella, pienso en su familia y le pido perdón. Todos los días me digo 'por qué le tocó a ella' y 'por qué me tocó a mí. Yo no me subí a un auto para matar a una persona. Fue un accidente. Juro que no la vi...", dice C. M. B a La Voz del Interior.

En los primeros minutos del 2 de septiembre de 2011, al volante de un Fiat 147 blanco que supuestamente corría una picada con otro auto, C.M.B. arrolló a Mariana y la dejó abandonada en el cruce de Chacabuco y Corrientes, en el Centro de la ciudad de Córdoba.

El muchacho tenía 16 años y no contaba con habilitación para manejar vehículos. Al comando del auto, cruzó en rojo el semáforo y escapó para guardar el auto y entregarse a la Justicia, con su padre y un abogado, siete horas después. No tenía vestigios de alcohol en sangre. Tampoco de drogas.

Hasta hace unos días, el muchacho era sometido a un juicio por homicidio culposo agravado en un Juzgado Correccional cordobés. Sin embargo, a tenor de las pruebas y testimonios recolectados, el juez Armando Angeli suspendió el proceso y giró la causa a una Cámara del Crimen (penal), ya que entiende que el caso habría sido un homicidio por dolo eventual.

C.M.B. está en libertad. Aunque evita salir mucho a la calle, por temor a la gente. Afirma que no quiere pasar por la esquina donde ocurrió todo. Jura que siente pánico de subirse a un auto, ni siquiera como acompañante. Dice que siempre va atrás. Sostiene que hasta le da miedo ver la llave de un vehículo. Está bajo tratamiento psicológico. Afirma que el juez se vio presionado por los medios.

“No vengo a pedir por mi libertad. Pido por la tranquilidad de mi familia y por los Ellena, y por la paz de Mariana. Yo no tuve la intención de matar a nadie. Ni una persona demoníaca subiría a un automóvil para asesinar a alguien a propósito”, añade el muchacho. Insiste, y lo hará varias veces, que se trató de “un accidente” y que no iba corriendo. De hecho, dirá una y otra vez que jamás corrió una picada callejera.

C. M. B aceptó la entrevista, luego de varios contactos de este diario con su abogado Ricardo Moreno. La intención fue una nota para oír qué tenía para decir quién conducía aquel auto que se cobró una vida.

Dos vidas

La vida de C.M.B., más allá de toda consideración que cada uno pueda hacerse, tiene dos momentos. La brecha en ambas existencias posee un nombre: Mariana Inés Ellena.

Antes de aquella trágica medianoche, C. M. B cuenta que era una persona feliz, con alegría, con sueños, con una vida propia. Había dejado el secundario a mitad de camino para trabajar en una empresa de publicidad. “Era una persona normal. No era de salir mucho, ni a bailar. Me juntaba con mis amigos, pero no era de tomar. Era muy familiero. Acababa de ponerme de novio”, cuenta.

El 1° de septiembre de aquel 2011, C.M.B. cumplió 16 años. A la mañana, los festejó con su madre. A la noche, con su padre, hermanos y novia. Se juntaron a comer unos lomitos en el Parque Sarmiento.

Pasada la medianoche, se subió al Fiat 147 para llevar a la chica a su casa. “Yo sé manejar desde los 15 años, pero no conducía el auto a menudo. Al 147 lo compramos con mis dos hermanos hacía unos 15 días. Es mentira que lo preparamos para correr. El auto ya estaba así. Estaba achatado, a pocos centímetros del pavimento y tenía caño de escape libre”, señala.

Según la causa, aquella madrugada el Fiat 147 iba corriendo por bulevar San Juan con un Fiat Spazio azul. Doblaron por Chacabuco.

A esa misma hora, Mariana volvía hacia su casa de otro cumpleaños y se largó a cruzar la avenida. El Spazio azul frenó ante el semáforo, pero el 147 siguió. “Es cierto, crucé en rojo, pero el semáforo estaba por cambiar a verde. Juro que no la vi. Se apareció de golpe. Fue un estruendo terrible… Me lastimé la cara con el parabrisas. No sabía que había atropellado a alguien. Todo era un sueño, una pesadilla”, dice C. M. B y sus ojos se humedecen otra vez.

Tirada en la calle

Mariana quedó tirada en la calle. El auto azul desapareció. El 147 blanco aceleró y frenó a los pocos metros. “Me bajé con mi novia y nos acercamos a ver. Cuando vi tirada a la chica, quedé paralizado. Quería llamar a la Policía, pero mucha gente comenzó a insultarme y algunos a tirarme piedras. Decidimos marcharnos por temor, por pánico. Estaba shockeado. Pero no fue un abandono de persona”, relata C.M.B.

Con su novia, fueron a guardar el auto a una playa, donde la chica estacionaba su moto. Pasadas las 7 del día siguiente, C. M. B se entregó a la Justicia. “Yo no escondí el auto. Sería muy pavo haberlo hecho en la playa adonde iba mi novia, ¿no?”, se pregunta.

“Mi hijo no es ningún violador, ni choro ni asesino. La chica estaba como NN en el Hospital de Urgencias. Nos podríamos no haber presentado, total no estaba identificada. Pero nos presentamos como corresponde”, interrumpe su padre, J.B.B. Su hijo simplemente calla.

“Yo no había tomado nada de alcohol. Tampoco estaba corriendo picadas. No sé por qué el juez falló eso del dolo eventual. Aunque para eso están mis abogados. Pero es mentira que corría una picada. Si me hubiera ‘representado’ lo que podía pasar, de matar, me hubiera quedado en mi casa”.

Las imágenes de aquella madrugada, cuenta C.M.B., se le vienen a la mente una y otra vez. “Yo no quise atropellarla, yo no quise matarla…”.

El joven, quien hoy vive en Mendiolaza y es padre de una beba con su novia, siente que se le apagó la alegría de vivir. “Es muy doloroso esto. Me pongo en la piel de esa familia que no tiene a su hija y sufro. Me encantaría hablar con esos padres y pedirles perdón en la cara. No soy un delincuente. Soy un ser humano más”, finaliza.

Joven víctima

Profesora de Educación Física. Mariana Inés Ellena (foto) tenía 22 años y era la mayor de tres hermanos. Oriunda de San Francisco, había viajado a la ciudad de Córdoba para estudiar en el Instituto Privado de Educación Física (Ipef), carrera de la que se recibió en aquel 2011.

Atropellada. La joven fue atropellada el 2 de septiembre de 2011 y resultó con gravísimas heridas en todo el cuerpo. Estuvo en coma y conectada a un respirador artificial durante cinco días hasta que murió. Sus amigos y compañeros de estudio estuvieron presentes en el juicio.