Temas del día:

Sin red: el horror detrás del horror

La investigación de un doble crimen cometido por tres chicos de 13 y 14 años, en marzo pasado, derivó en otra compleja causa en la que se descubrió que niñas de muy corta edad eran sometidas por adultos.

11 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
Sin red: el horror detrás del horror
Detenida. La mujer acusada de “corrupción de menores”, por dejar que abusaran de su hija de 11 años, ahora vivía con otros dos niños de 2 y 4 años en un contexto de absoluta marginalidad. El interior de su vivienda de barrio Sucho Huayco desnudab

Sucho Huayco puede ser descripto desde diferentes miradas. El nombre de un arroyo para nada turístico que le da nominación al barrio que lo rodea por sus dos márgenes, en una lomada que se alza al margen izquierdo de la ruta nacional 38 (en dirección a Cosquín), en la localidad de Bialet Massé. Sucho Huayco es, también, una zona de calles de tierra, viviendas pobres y escasas luminarias que varios han transitado alguna vez para ir al cementerio local, emplazado a unos tres mil metros de la carretera. De lo contrario, sólo sus habitantes o algunos consumidores de droga barata conocen este territorio relegado de las bondades que se le ofrecen en Punilla a los veraneantes. Sucho Huayco, además, es el lugar donde se criaron tres chicos de 13 y 14 años que en marzo de 2014 torturaron y luego asesinaron a dos jubilados de 78 y 76 años que vivían en el otro extremo del pueblo. El barrio en el que apareció muerta, colgada de la rama de un árbol frente al cementerio, una adolescente de 15 años, la misma noche en que su hermanito y otros dos pibes cometían el doble crimen. Y la zona donde por lo menos otras tres chicas de entre 11 y 12 años fueron violadas por un hombre que antes de abusarlas les pagaba a sus padres. Un drama que en las últimas horas tuvo una importante derivación judicial y policial, y que ya tiene a cuatro adultos presos, y a un quinto también imputado. Pero cuya raíz se vincula a fenómenos mucho más sociales que penales.Una historia de marginalidad en todo sentido, en la que las voces que hace algún tiempo intentaron alzarse para denunciar lo previsible jamás encontraron eco en los organismos oficiales.Asistentes sociales de la Municipalidad de Bialet Massé que respondieron que no contaban con la infraestructura necesaria para interceder a favor de los niños en riesgo. Empleados de la Secretaría de la Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia que tampoco reaccionaron pese a que habían observado en primera persona lo que ocurría en cada uno de estos hogares.Padres y madres sumergidos en la desesperanza, sin trabajo y también explotados sexualmente, que no vieron como anormal dejar que sus hijas recién entradas en la adolescencia fueran tomadas como objeto de deseo de otros inescrupulosos, que para ello les pagaban con casi nada.Abusos que se extendieron durante meses y que llevaron a una de las víctimas, confundida entre la vergüenza y el desconocimiento del amor real, a tomar la decisión de quitarse la vida, ahorcándose en un árbol frente al cementerio, con el buzo de quien sería su victimario. Correr el velo En Sucho Huayco se criaron los tres chicos, uno de 13 años y dos de 14, hoy alojados en Complejo Esperanza, de Bouwer, acusados de haber asesinado a golpes a Isidro Peludero (78) y a Mafalda Castro (76), entre el sábado 22 de marzo a la noche y el domingo 23, en un caso que, por la edad de los victimarios, no registra antecedentes en la historia criminal de Córdoba. Según la causa, los menores ingresaron por una claraboya con el objetivo de robar, sorprendieron a sus víctimas durmiendo y los sometieron a una dura golpiza con objetos filosos para evitar que los reconocieran. Pero detrás del doble crimen, el fiscal de Cosquín, Martín Bertone, comenzó a desentrañar una trama de marginalidad y abusos en Sucho Huayco.F.L., de 14 años, era el líder el precoz grupo que aquella noche atacó a los jubilados. En su precarísima casa donde convivía el matrimonio y siete menores de entre 16 y 4 años, F.L. no tenía lugar. Tras dejar el colegio sin empezar el secundario, estaba todo el día en la calle, a la deriva, a la vista de todos en un pueblo de seis mil habitantes."Su hermana de 15 sí estudiaba, aunque faltaba seguido porque no tenía dinero para el ómnibus. El domingo 23 de marzo a la mañana, la encontraron colgada de un árbol, frente al cementerio (ubicado a pocos metros de la vivienda). En Sucho Huayco, su familia y su mejor amiga aseguraron que mantenía una extraña relación sentimental con un pariente de 38 años. En otras palabras, que era abusada, aunque fuera con consentimiento", se escribió en las páginas de este diario cuando se comenzaba a descubrir, en abril pasado, el contexto en el que se habían criado los niños acusados de crimen de los jubilados.Era, para el fiscal Bertone, la punta del ovillo de una madeja demasiado dolorosa. Relatos En silencio, la causa fue reuniendo testimonios de otra gente del barrio. Todos eran coincidentes en describir una realidad de humildad, marginalidad, ignorancia y promiscuidad. La psicóloga de la Cámara Gesell de los Tribunales de Cosquín (método utilizado para tomar declaración a los menores víctimas de delitos) debió escuchar seis relatos que la estremecieron, pese a estar curtida en oír esta clase de historias.Niñas de Sucho Huayco recién entradas en la adolescencia, de 11, 12, 13 y 14 años, contaron ante ella cómo eran abusadas sin que sus padres hicieran nada para evitarlo. Todo lo contrario. A cambio de asados, cervezas o algo de dinero, consentían que al menos un hombre del mismo barrio abusara de sus hijas.Sentadas frente a la psicóloga, las chicas hablaron de "relaciones", de "hombres", de "muerte" y también dejaron traslucir, en sus silencios, que su lenguaje cotidiano hacía rato que ya no era, por la fuerza de los abusos, el de niñas que se estaban asomando a la vida. A fines de noviembre, Bertone ordenó detener por el delito de "corrupción de menores" al hombre sospechado de haber abusado de al menos tres de las menores. También vivía en Sucho Huayco y todas aseguraron que era amigo de sus padres. Se trata del mismo que le hizo creer que eran "novios" a la adolescente de 15 años que se quitó la vida frente al cementerio. Marginalidad En las últimas horas, en una decisión judicial con escasos precedentes en Córdoba, el fiscal resolvió imputar también a los padres de las tres chicas cuyos abusos ya fueron constatados (cuatro personas en total) y ordenó que un matrimonio y otra mujer quedaran presos, también por "corrupción de menores". La cuarta imputada es una mujer que responde por "encubrimiento" y continúa en libertad. El miércoles pasado, una comitiva policial liderada por el comisario Sergio Herrera fue a detener a los sospechosos en sus domicilios de Sucho Huayco.En una de los domicilios, donde iban a ser capturados un hombre y su mujer, no había nadie. La precariedad era el denominador común de la vivienda, donde sus cinco habitantes conviven en un solo ambiente.Un día después, ambos quedarían detenidos. Los hijos menores que aún vivían con ellos debieron ser relocalizados en diferentes lugares.Desde esa vivienda, los efectivos y el fiscal se trasladaron cementerio municipal, donde realizaron una inspección ocular de una tumba. De acuerdo con los dichos de las víctimas, allí el hombre solía abusar de ellas.También se verificó el enorme árbol donde la chica de 15 años se ahorcó. Por la altura, varios dudaron. Para tener una idea mejor, el fiscal ordenó a un uniformado que intentara trepar y comprobó que era simple lograrlo por sus propios medios.Luego, se dirigieron al domicilio de una mujer de 43 años, adicta a las drogas y el alcohol, quien desde muy chica fue empujada al comercio sexual. Su casa era sinónimo de marginalidad: paredes descascaradas, un techo agujereado por el que el agua se filtraba sin cesar, cables colgando adentro y afuera todo mojados, una sola cama de colchón destruido y ropa amontonada en el suelo sucio y húmedo. Ella estaba con sus dos últimos hijos, de 2 y 4 años, que sólo tenían puesto un pañal.Según la causa, su hija de 11 años, que ya no vive allí por orden judicial, había sido abusada por el mismo sospechoso al que le endilgan los otros casos, en la única pieza útil de la vivienda.Mientras esto sucedía (más de una vez), la madre y otros hombres estaban reunidos alrededor de una mesa, con bebidas y drogas, sin hacer caso a las súplicas de la chica."No sé... yo en esa época tomaba mucho y no me acuerdo", respondió cuando la notificaron del delito por el que iba presa. En silencio, buscó ropa del piso, vistió a los pequeños y se despidió de ellos, que tomados de las manos con una empleada de la Senaf subieron a un patrullero y se fueron rumbo a lo desconocido. En Bialet Massé, un pueblo donde todos se conocen, ¿acaso nadie se percató antes de la manera precaria en la que varios chicos y más grandes sobreviven cada día en Sucho Huayco, y de los peligros que los acechan? Al cabo de una mañana gris y amarga, las respuestas tardaban en llegar.