Temas del día:

Secuestro desnuda el mundo de la droga

En el juicio a dos acusados de narcosecuestro, salieron a la luz detalles reveladores de cómo se maneja el hampa y los códigos que rigen entre delincuentes. La víctima“protegió” a los acusados porque conviven en la cárcel. Fueron condenados por el Tribunal Oral N° 2.

23 de agosto de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Secuestro desnuda el mundo de la droga
Condenado. Uno de los acusados por secuestro extorsivo trata de cubrir su rostro durante el juicio (Raimundo Viñuelas/LaVoz)

"Ya está todo bien, chabón, te vas a tu casa". El reloj marcaba las 20.20 del sábado 26 de enero de 2013. Aldo Romero respiró aliviado. Se relamió el labio partido por una trompada y saboreó otra vez el gusto de la sangre que no dejaba de brotar. Faltaban sólo 10 minutos para que se cumplieran las dos horas de su secuestro.Había sido interceptado a plena luz del día en la intersección de Congreso y Tilcara, en barrio Villa El Libertador, al sur de la ciudad de Córdoba.Todos miraban para otro lado. "No te movás o sos boleta", dijo uno de los secuestradores, que lo amenazaba con un revólver y un cuchillo.Romero, apuntado como un supuesto importante vendedor de cocaína, según se ventiló en el juicio, conocía al menos a dos de los cuatro secuestradores.No se sabe si eran "clientes" de él o de la "competencia", pero lo que sí se comprobó es que eran de la "pesada" y estaban dispuestos a cualquier cosa para cobrar un rescate.Del expediente judicial surge que pidieron 40 mil pesos y se conformaron con 17 mil. Estos secuestros extorsivos exprés tienen el mismo final y una misma historia mentirosa, porque el dinero es secundario.Los rescates se cobran en especie, sea cocaína o precursores químicos, que son usados en las innumerables "cocinas" que funcionan a lo largo y ancho de la ciudad de Córdoba."Estoy seguro, convencido, de que además de los 17 mil pesos pidieron y obtuvieron droga a cambio de la liberación. Con los narcosecuestros denunciados ocurre siempre lo mismo: las víctimas lo ocultan para no delatarse como traficantes. En realidad son contados los hechos que llegan a denunciarse, pero estos casos son frecuentes y no se denuncian", sintetizó el sargento Sergio Orodá, del Departamento Antisecuestros de la Policía provincial, ante el Tribunal Oral Federal N° 2, presidido por Carlos Julio Lascano e integrado además por Julián Falcucci y José Fabián Asís.Los dichos de Orodá, quien al cabo de un año de analizar llamadas entradas y salientes de celulares y teléfonos fijos mandó a la cárcel a Andrés Gerardo Ledesma (38) y a Antonio Maximiliano Ávila (el viernes "festejó" su cumpleaños 31 en la cárcel de Bouwer), no necesitaron demasiada comprobación.El propio secuestrado, Romero, avaló su hipótesis al declarar frente a los jueces.Preso y a disposición de la Justicia provincial por un robo, la víctima convive con Ledesma y con Ávila en la cárcel.Sabe que el silencio es garantía de vida, pero prometió que cuando salga se encargaría personalmente de saldar cuentas con los secuestradores, a los que se negó a reconocer en la sala de audiencias."Voy a contar lo que me pasó pero no voy a decir quiénes, no tengo ningún interés en que se condene a los autores; si tengo algo que reclamar, lo voy a hacer cuando salga de la cárcel", prometió. "No voy a decir quiénes son porque yo estoy en la misma que ellos", agregó.Romero, hincha "perro" de Belgrano, al igual que los dos hombres juzgados por su secuestro, declaró en el juicio que después de ser liberado recibió una golpiza en la cancha por parte de un grupo al que no quiso identificar."Después de ese incidente, el hombre se cerró más en dar información, se alejó de su mujer y estaba deprimido. Me contó que el episodio en la cancha lo había deprimido más porque Belgrano era la pasión que le daba fuerzas para seguir viviendo y ya ni a la cancha podía ir", reveló el sargento Orodá.En ese contexto, donde la regla es el código de silencio, con víctima y victimarios conviviendo en Bouwer, no era fácil alegar para el fiscal Maximiliano Hairabedian.Pidió 10 años de prisión para los dos imputados de secuestro extorsivo agravado y robo calificado (despojaron de su celular a Romero).A pesar de lo alto de la pena, 10 años es el mínimo de la condena prevista por la ley y el fiscal se justificó al considerar que fue un secuestro extorsivo "fugaz" y que hubo "improvisación y poca organización".Hairabedian hizo hincapié en la escasa educación de los secuestradores y que se movían en un ámbito social y entorno familiar "poco propicio".En más de una hora de alegato, el fiscal valoró la investigación de Orodá y se valió de las intervenciones telefónicas, escuchas y sobre todo ubicaciones de llamadas a través de antenas, para derrumbar las coartadas de Ledesma y de Ávila. Coartadas cortadas Ambos sabían que los celulares y las antenas los condenaban. Ledesma admitió que habló por teléfono y que estuvo con Romero cerca del Arco de Córdoba (donde se pagó el rescate), pero fue para comprarle droga porque es adicto. Dijo que pagó por 100 gramos de cocaína y al llegar a su casa la pesó y eran sólo 70 gramos, por eso volvió, lo buscó y le pegó trompadas.Para justificar el robo del celular, sostuvo que Romero salió corriendo cuando le pegaba y se le cayó el teléfono.El celular de la víctima apareció en manos de Ávila, quien dijo que no conocía a Ledesma.Hairabedian "crucificó" las coartadas y remató señalando que Ledesma fue detenido dos veces por la Policía en localidades del interior y en ambas estuvo acompañado por Ávila.A su turno, los abogados Marcos Juárez y Sebastián Macari Gaido pidieron la absolución de Ledesma descreyendo de la versión del secuestrado Romero, a quien descalificaron porque era un delincuente de Villa El Libertador.Pablo Morelli, defensor de Ávila, también solicitó la absolución de su cliente por el beneficio de la duda.A lo largo del juicio quedó al desnudo, una vez más, que en Córdoba existe un submundo con códigos propios donde la droga tiene su reino.