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Santa Rosa, antes y después de Romina

El crimen es un cimbronazo para la comunidad que aún imaginaba que estos casos eran exclusivos de las grandes urbes.

08 de diciembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Carina Mongi / Corresponsalía
Santa Rosa, antes y después de Romina

"Nunca pensé estar haciendo esto, son cosas que las veía por televisión". Dijo, con voz entrecortada por el llanto, Roxana Arévalo, mientras se aferraba a una foto de su hermana Romina, al finalizar la primera marcha pidiendo justicia. Era el pasado domingo a la tardecita. Esa mañana, la chica había sido encontrada brutalmente asesinada en el patio de una casa y a poco más de una cuadra de la vivienda que compartía junto a su madre y hermanos. Estaba volviendo del boliche del pueblo. La muchacha fue asesinada a golpes, en un hecho sin precedentes en esta pequeña ciudad de unos 15 mil habitantes. Y el cimbronazo para la comunidad, que aún imaginaba que estos casos aberrantes eran exclusivos de las grandes urbes, fue fuerte, con sabor a inocencia perdida de la peor manera. El hecho provocó la empatía inmediata de gran parte de la población, que proyecta en Romina a cualquier hija, hermana, amiga o sobrina, a la que le arrebataron la vida cuando apenas comenzaba a transitarla. Santa Rosa de Calamuchita no será la misma. Tuvo dos marchas silenciosas en apenas dos días, que expresaron más que cualquier grito. Justicia, para que no haya que llorar a más Rominas.