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Quince años hablando de lo mismo

Ese domingo, tal como sucedió ayer, la vieja villa El Tropezón fue copada y cercada por decenas de policías, bomberos y funcionarios judiciales. Los homicidas no tardaron en caer. Cuando la vida vale una moto

03 de febrero de 2017 a las 12:01 a. m.
Quince años hablando de lo mismo

Aquella calurosa madrugada faltaban unos minutos para que amaneciera y la mujer regresaba a casa tras una extenuante jornada laboral. La vuelta a su hogar –ubicado a pocas cuadras de El Tropezón, en la ciudad de Córdoba, donde la esperaba su familia– implicaba el refugio que ansiaba y necesitaba. La vida, sin embargo, le deparaba lo peor.

Ocultos en la oscuridad, entre unos árboles y un cartel, unos jóvenes aguardaban al acecho que apareciera cualquier víctima. Cualquiera. Daba lo mismo.

El destino hizo que la víctima de turno fuera finalmente ella.

Los jóvenes la abordaron y uno de ellos, menor de edad, la mató de una manera brutal en plena calle, para luego manotearle algunas pertenencias y, con sus cómplices, salir corriendo.

Esta sinopsis bien cabría para la dramática historia sufrida por Gabriela Melisa Michael (31), la policía que en la madrugada de ayer murió tras recibir un palazo en la cabeza, en un asalto.

Sin embargo, la historia contada tuvo por víctima a Sonia Silvina Degrugellier (36), una enfermera del ex-Hospital Español que hace 15 años fue asesinada también de forma salvaje por una banda de delincuentes, a metros de El Tropezón.

Sonia, quien vivía con esposo e hijos en el barrio Militar, acababa de bajarse de un colectivo cuando fue asaltada en avenida Colón.

Al querer escapar, Brian B., uno de los ladrones de 14 años, le descerrajó un balazo en la nuca.

Aquel asesinato, ocurrido el 18 de febrero de 2001 a las 6.45, causó gran conmoción en la población cordobesa, por el crimen en sí y por la edad del homicida.

Ese domingo, tal como sucedió ayer, la vieja villa El Tropezón fue copada y cercada por decenas de policías, bomberos y funcionarios judiciales. Los homicidas no tardaron en caer.

El mayor tenía 20 años y una larga dependencia de las drogas, al igual que Brian, quien por su edad fue declarado inimputable. Sin embargo, el adolescente terminó institucionalizado en un complejo para jóvenes menores en conflicto con la ley penal.

Brian era miembro de una numerosa familia, tenía cinco hermanos. Su padre trabajaba como gomero y entre llantos confesó que no podía contenerlo.

“Si él la mató, que vaya preso y pague”, dijo aquella vez el hombre. “Pero los correccionales no sirven. Va a salir peor”, agregó.

Mientras su cómplice fue condenado a 11 años de cárcel por el crimen de la enfermera, Brian retornó al poco tiempo a su casa y volvería a caer por robo. Su paso por correccionales fue recurrente.

2017 encuentra a la familia de Sonia bien lejos de Córdoba.

Brian, quien tuvo varias caídas más por robos, hoy está en libertad y cada tanto se lo ve limpiando vidrios en Alto Alberdi.

Pasaron 15 años y, aunque suene irreal, seguimos discutiendo sobre los mismos problemas y padecimientos: la inseguridad, la marginalidad, la exclusión social, chicos y jóvenes sin alternativas ni educación y caídos en las drogas y la delincuencia, la falta de un tratamiento real y útil en los institutos, un Estado que mira para otro lado, y la discusión eterna de si bajar la edad de imputabilidad sirve o no sirve para algo. Quince años discutiendo sobre las mismas miserias de siempre.