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Quién nos cuida allá arriba

Lo sucedido en los Alpes no puede quedar como el caso del “loquito” Lubitz. ¿Cómo fue que dejaron que volara? ¿No es responsabilidad de la empresa aérea y del Estado? ¿Por qué las miradas apuntan sólo contra él?

30 de marzo de 2015 a las 12:01 a. m.
Quién nos cuida allá arriba

Estremece la imagen. Pasajeros gritando, un piloto tratando de entrar a la cabina blindada, hacha en mano, mientras ordena: "Abrí la maldita puerta", mientras el copiloto, con baja psiquiátrica, apunta el Airbus A320 contra la montaña. Lo sucedido el martes con el avión de Germanwings, estrellándose contra los Alpes franceses al comando del suicida Andreas Lubitz, no nos deja salir del espanto y la conmoción; sin contar que entre los 150 muertos había tres argentinos.Como si fuera poco, días antes, dos tragedias aéreas nos habían tocado de cerca: dos helicópteros chocaron en el aire en La Rioja y dejaron 10 muertos, mientras que un avión que despegó desde Uruguay hacia la Argentina cayó al agua y dejó también una decena de víctimas fatales.En estos últimos dos dramas, se desconoce si medió la culpa de un piloto o todo obedeció a fallas mecánicas. En el caso de Lubitz, todo parece estar más claro. Y aterra.La estadística, enarbolada por compañías aéreas, dice que es más seguro volar que viajar por ruta. Sin embargo, de qué sirve saber eso cuando un suicida se sube a un avión y despega. Sin contar que ya hubo varios antecedentes de ese tipo.El Airbus era de una compañía de primer nivel de Alemania, donde todo funciona como un reloj. Es difícil creer y entender que a Lufthansa se le haya "escapado" que un depresivo con padecimientos psiquiátricos se ponga a bordo de una aeronave. Lubitz no se robó una resma, no rompió una PC o defecó en el baño del jefe: se subió a un avión.La situación es más que asimétrica. Mientras en los controles previos, incrementados tras el 11-S, a los pasajeros no se los deja subir al avión ni con desodorantes ni una botella de agua, las empresas no informan cómo está la aeronave, quiénes la pilotean, cómo están de cuerpo y mente. Nos alcanza con ver en el monitor que el avión está listo y vamos. Todo es una cuestión de confianza del pasajero. Volar es una actividad cotidiana, no hablamos de una acción de riesgo como un safari, una corresponsalía en Irak o una caminata por el desierto.Como respuesta fuera de tiempo, algunas compañías salieron a decir que no dejarán que un piloto quede solo en la cabina.Lo sucedido no puede quedar como el caso del "loquito" Lubitz. ¿Cómo fue que un directivo dejó a ese hombre pilotear? ¿Por qué las miradas apuntan sólo contra él? ¿No es responsabilidad de las empresas que los pilotos estén aptos y las aeronaves (aviones o helicópteros) estén en perfecto estado? ¿No debiera haber un Estado que controle?Las tragedias aéreas en Argentina se merecen una columna aparte con tanto desprecio por la vida ajena. ¿Cómo se vuelve a recobrar la confianza del pasajero?Párrafo aparte para la Justicia. ¿Cuánto tiempo deberá pasar para que se conozca la verdad, se diriman responsabilidades y no todo quede en un par de billetes como indemnizaciones y aquí no ha pasado nada?