¿Quién controla a la Policía?
¿Quién y para qué robó esas armas? ¿Por qué se dejaron tantas huellas para descubrir esta sustracción?
Sesenta y siete es el piso. Nadie sabe todavía con certeza cuántas son las pistolas que ciertos policías robaron de la Jefatura cordobesa. Un arqueo que aún no terminó ya comprobó que faltan otras cinco. Algunos se atreven a inferir un número mayor. El escándalo por la desaparición/extravío/hurto (robo, al fin y al cabo) de las pistolas Bersa Thunder nueve milímetros reglamentarias desnudó la precariedad de la política de seguridad en la provincia de Córdoba, que desde hace años tiene a la Policía en un múltiple rol: brazo ejecutor pero también en planificación y autocontrol.El caso no deja de asombrar. Las pistolas fueron robadas entre septiembre de 2014 –cuando llegaron a Jefatura– y mayo último –momento en que se descubrió en un allanamiento la primera de estas armas en manos de personas que jamás las debían tener encima.La brecha temporal que ahora se intenta investigar es demasiado amplia como para que nunca se descubra la realidad.La investigación judicial tiene imputados a cuatro policías. Se sospecha que uno solo de ellos fue el autor del robo. Los otros tres están acusados, en suma, de haber encubierto este delito. Más que como cómplices, se cree que intentaron tapar todo una vez que se descubrió el robo puertas adentro de la Central de Policía, allá por fines de mayo de este año.Esta es la teoría de los investigadores, aunque resulte difícil de valorar. ¿Un solo policía es capaz de robar al menos 67 pistolas, a lo largo del tiempo, sin que nadie se percate de eso? ¿Por qué sus superiores van a querer tapar semejante maniobra si son ajenos al delito?¿Acaso la proximidad que existía entre el descubrimiento interno de este robo y las elecciones provinciales incidió para que todo fuera ocultado? De ser así, la sospecha jamás podría circunscribirse sólo a los hoy imputados, porque se trataría de algo mucho más orgánico.Claro, todo en el terreno de las suposiciones, porque, se insiste, todavía el descubrimiento de la verdad está muy verde. Tampoco se entiende la magnitud de la desidia judicial, la misma que debió controlar a la Policía y no lo hizo. A fines de mayo, una fiscalía fue anoticiada del secuestro de un arma policial en un allanamiento. Se hizo el procedimiento de rigor y se solicitaron informes a la fuerza y al Registro Nacional de Armas y Explosivos (Renar).La primera respondió que estaba asignada a su depósito. El segundo, que efectivamente era una pistola policial y que no había sido entregada a ningún oficial en particular. Y, aclaró, no existía ante este organismo denuncia alguna por robo o extravío.Ante semejantes respuestas, ¿nadie a nivel judicial o del Renar tuvo el olfato suficiente para comenzar a investigar puertas adentro de Jefatura?Otras tres armas robadas aparecieron entre junio y octubre. Tampoco las fiscalías intervinientes buscaron husmear demasiado.La investigación judicial formal recién se destapó hace 10 días, luego de una nota periodística del diario Clarín , de Buenos Aires, que el jefe de Policía, Julio Suárez, primero intentó refutar.Sin embargo, el abogado Alejandro Zeverín hizo una presentación ante la Justicia federal para que investigara la publicación y si se había omitido informar al Renar. Fue suficiente para que la especulación cayera en una canaleta de única dirección: la Justicia federal iba a solicitar informes internos y el escándalo ya no se iba a poder tapar. Esa misma noche, Suárez se presentó ante los Tribunales provinciales y dijo que acababa de descubrir el insólito robo en el subsuelo de Jefatura. Hace sólo una semana. A partir de entonces, el terremoto continúa generando réplicas. La interna policial por el control de Jefatura, que a esta altura significa controlar la política de seguridad en Córdoba, aparece como más virulenta que nunca.Operaciones y sospechas cruzadas, anónimos que intentan mezclar datos reales con falsedades, presiones en todos los niveles y una verdad que no termina de cuajar.¿Quién y para qué robó esas armas? ¿Por qué se dejaron tantas huellas para descubrir esta sustracción, aunque durante meses se intentó tapar todo?

