Pruebas complican al conductor del auto
El acusado iba a alta velocidad por la avenida y realizó una larga frenada, antes de chocar y huir. La víctima, quien iba ebria, tuvo un período de sobrevida tras ser embestido, arrastrado y pisado. Esa agonía podría ser determinante para afianzar la figura dolosa.
En la etapa cúlmine del juicio por la trágica muerte de Leandro Ravasi Tea (26), quien fue atropellado por un auto en 2010 cuando cruzaba una avenida del barrio Nueva Córdoba, en la capital provincial, las pruebas comenzaron a acumularse en contra del acusado. Se trata de Ignacio Caminada Rosseti (28), quien es juzgado por la Cámara 9ª del Crimen por el delito de homicidio con dolo eventual. Caminada Rosseti, quien escapó del lugar del siniestro aquella madrugada para entregarse 10 horas después con un abogado, circulaba a muy alta velocidad al comando de un Ford Fiesta blanco. Los peritajes técnicos ya demostraron en el juicio que circulaba al menos a 85 kilómetros por hora cuando atropelló al peatón, tras realizar una frenada de 49 metros.Aquella madrugada del 13 de junio de 2010, Caminada Rosseti circulaba por la avenida Poeta Lugones desde la plaza España hacia el Hombre Urbano. No iba solo: lo acompañaban un primo y la novia de este. Al cruzar calle Rondeau y en plena recta en descenso, el automovilista quiso frenar, pero no pudo evitar atropellar a Leandro Ravasi Tea. El joven acababa de salir de un boliche y se había lanzado a cruzar la avenida Poeta Lugones. Agonía De acuerdo con las pruebas recolectadas y con los testimonios recibidos en este proceso (ayer declararon siete peritos), se determinó que la secuencia fue dramática: el peatón fue atropellado, pegó en el capó, fue arrastrado alrededor de 40 metros, cayó luego al pavimento por el costado izquierdo del auto y terminó arrollado por las mismas ruedas del coche. El muchacho sufrió graves heridas en cráneo y tórax. Su muerte no sobrevino en forma instantánea. Por el contrario, tuvo una agonía por unos instantes, mientras yacía en el pavimento. Estos estremecedores y duros detalles, basados en los estudios forenses y el testimonio de al menos tres testigos, sirven al fiscal de Cámara, Carlos Ferrer, para entender que, en principio, no se trató de una simple muerte culposa. El dolo eventual implica una conducta temeraria. Su base radica en que aquella persona que, representándose la posiblidad de causar un mal (la muerte), sigue adelante con su acción temeraria. No es una mera imprudencia o negligencia, principios del homicidio culposo.Si Ravasi Tea hubiera muerto en el acto al golpear contra el parabrisas o el capó, según analizan en la fiscalía por estas horas, se caería el dolo. El hecho de que el peatón fue atropellado, arrastrado y pisado por el auto, y que tuvo una sobrevida añade elementos para tornar la balanza hacia la figura de dolo, bien lejos de lo culposo, según los ojos de la parte acusadora.No menos grave es que el automovilista, que circulaba a alta velocidad violando la máxima permitida, en ningún momento se detuvo a ayudar. Todo lo contrario. Escapó."Él se largó a llorar, tuvo un shock . Le decíamos que parara, que frenara, pero no, siguió adelante y nos fuimos", declaró ayer el primo de Caminada. Nunca se logró determinar si el conductor iba borracho. Se sabe que antes del siniestro, había estado en una fiesta y luego en otro encuentro con amigos. El peatón, ebrio El peritaje determinó que la víctima fatal tenía 1,75 miligramos de alcohol en sangre. "El automovilista iba más fuerte que lo permitido, pero el peatón cruzó la calle ebrio. Suena cruel, pero es la verdad. Eso demuestra que se trató de un hecho culposo", dice el abogado Carlos Hairabedian, codefensor de Caminada Rosseti. Para el letrado, quien trabaja con Justiniano Martínez, se trató de "un simple accidente" y hacia allí abonará el enfoque defensivo en los alegatos.

