Móviles nimios y asesinos instantáneos
Se suceden con alarmante frecuencia los femicidios, fraticidios y hasta parricidios, en un complejo contexto donde los asesinos ya no vienen desde afuera.
"Ahora se matan por cualquier cosa". Con esa expresión sintetizaba una mujer cordobesa, vecina de una de las víctimas de homicidios de este mes, los móviles que llevan a matar. No es una exageración. Nimios motivos terminan en una tragedia: una discusión familiar, la recriminación por un caballo extraviado, el hecho de "haber mirado" a la novia, viejas rencillas de la escuela secundaria. Esas y otras tantas o más insignificantes han sido las causas de muchos asesinatos en Córdoba en las últimas semanas (Diciembre termina con 18 asesinatos en la provincia).
Esa característica, que se repite en muchos casos, se suma al ya preocupante crecimiento de los crímenes en ocasión de robo o por ajustes de cuenta y trazan un panorama más complejo en lo social. Los autores de homicidios ya no son casi exclusivamente delincuentes, narcos o sujetos con antecedentes. Las armas mortales no son sólo de fuego. Los cuchillos e, incluso, los más simples de cocina, como el denominado “de serrucho”, han sido las herramientas elegidas para matar en muchos casos.
En ese contexto, además de los hechos por violencia urbana, en el que se cuentan los crímenes que involucran a personas que se conocían desde antes, se suceden con alarmante frecuencia los femicidios, fraticidios y hasta parricidios, en un complejo contexto donde los asesinos ya no vienen desde afuera sino que pueden estar en la propia casa de las víctimas y hasta dormir en la misma cama.
Un repaso sobre los móviles de los últimos homicidios en Córdoba, cuyas características se repiten en otras provincias del país, debería llamar la atención no sólo de los encargados de la seguridad sino también de otras áreas e instituciones.
A ese preocupante aumento de la agresividad en los delincuentes que hacíamos notar hace algunos meses y que, decíamos, excedía lo que podían hacer las fuerzas de seguridad, se suma ahora otro factor imposible de detener sólo con policías o agentes de justicia.
Algo no funciona en nuestra sociedad. La agresividad irracional y sin límites, aquella que puede matar, no sólo se ha multiplicado en los que tienen un perfil delictivo, también se ha colado en los hogares, convive como una amenaza en algunas familias, se mantiene latente en algunas personas que han sido afectadas o agredidas por el entorno hasta el punto de convertirse en asesinos.
No estamos bien. El alarmante cuadro que muestran los más recientes hechos exige que dejemos de mentirnos. La sinceridad, en este caso, puede salvar muchas vidas.

