Justicia. Masacró al dueño de la pensión para robarle y lo metió en un freezer en Córdoba: le dieron perpetua
Mario Antonio Albornoz fue asesinado a golpes de martillo en una vivienda de barrio Alberdi, de Córdoba Capital en 2024. El inquilino Fabián Ricardo Páez fue sentenciado a la máxima pena. En fallo dividido lo condenaron por homicidio "criminis causae": cuando se mata para buscar la impunidad. Las claves.
La Cámara 12ª del Crimen de Córdoba condenó a la pena de prisión perpetua a un hombre que asesinó a golpes de martillo al dueño de la pensión en donde residía en barrio Alberdi de la ciudad de Córdoba. Además de masacrarlo, escondió el cuerpo en un freezer que había en el mismo inmueble. Luego, le robó dinero, la notebook, tarjetas y escapó.
La víctima de esta historia fue Mario Antonio Albornoz, quien tenía 53 años.
El alevoso asesinato ocurrió el 3 de abril de 2024 en una casa de barrio Alberdi, Córdoba Capital. Su cuerpo sería encontrado tres días después.
En un fallo dividido, el jurado popular y los jueces encontraron a Fabián Ricardo Páez, un empleado de bar de 41 años, autor responsable del delito de homicidio criminis causae (cuando se mata para lograr la impunidad) y robo. Con esta figura penal, fue sentenciado a la pena de prisión perpetua.
El pedido coincidió con lo que había solicitado el fiscal de Cámara, Mariano Antuña.
La defensa del homicida había reclamado que el caso sea encuadrado como un homicidio simple: la pena oscila entre los 8 y los 25 años. La versión defensiva es que el crimen se produjo en el marco de “una pelea”.

Está claro que los jurados y los jueces no creyeron esta versión.
Si bien los fundamentos del fallo se conocerán en dos semanas, la presunción oficial es que Fabián Páez mató a Mario Albornoz tras robarle una fuerte suma de dinero de la cual no tenía conocimiento. Además, ocultó el cuerpo en un freezer con la aparente idea de deshacerse del cuerpo posteriormente. Sin embargo, el espantoso crimen fue descubierto antes y el plan criminal se vino abajo.
Eso es lo que descubrió el fiscal Guillermo González en su investigación. Eso fue lo que entendió y sostuvo el fiscal Antuña ya en el juicio.
Todo sucedió en una pensión ubicada en calle Santa Rosa al 3315, en barrio Alberdi de la Capital.

¿Cómo fue todo?
Corría abril de 2024 y hacía varios días que un joven no sabía nada de su hermano. No le atendía el celular ni respondía los WhatsApp. Para peor, había dejado de ir a trabajar como guardia de seguridad a una empresa de energía.
Preocupado, el muchacho fue hasta la pensión donde residía su hermano y de la cual, a su vez, era el dueño. Era una modesta pensión.
Los golpes en la puerta no dieron resultado. Llamarlo desde la vereda, tampoco. Nadie abría. La persiana estaba baja.
Como tenía llave, decidió entrar. Si bien no había desorden, faltaban objetos y otros estaban cambiados de lugar. Algo le llamó la atención: la puerta de la pieza estaba cerrada con llave y había un motor de un artefacto encendido. En el patio, los perros no paraban de ladrar.
El joven tuvo un mal presentimiento. El peor de todos. Reventó la puerta y se encontró con un freezer en marcha. “¿Qué hacía allí? ¿Por qué no estaba en la cocina?”, pensó.
Prendió la luz y tuvo el impulso de abrir la puerta del artefacto de refrigeración. Fue entonces que quedó petrificado: dos piernas asomaban.
El cuerpo de su hermano, congelado, yacía boca abajo.

Momentos después, la zona quedaría acordonada y poblada de policías y de funcionarios judiciales.
La investigación del fiscal González determinó que Mario Antonio Albornoz (53) fue asesinado con golpes de martillo. El arma homicida quedó tirada allí dentro. La habitación había sido limpiada.
No tardó el fiscal y su equipo en poner los ojos sobre un misterioso inquilino que, días antes, justo se había mudado de la pensión sin avisar. Tampoco demoraron mucho en saber que se llamaba Fabián Páez.
El mayor problema es que no había testigos. Tampoco filmaciones de cámaras de seguridad a simple vista. Una cámara de la casa había sido dada vuelta hacia arriba.
Como en toda investigación, los pesquisas se basaron en una serie de averiguaciones tecnológicas.
Así fue que lograron determinar que ese Páez había estado vendiendo, a través de Facebook, unas notebooks compatibles con las sustraídas de la casa de la víctima.
Sin perder tiempo, los detectives dieron con los compradores de esas computadoras y corroboraron que el vendedor era a quien buscaban.
Otra parte fundamental de ese rastreo permitió determinar que el celular de la víctima había estado por los mismos lugares que el teléfono del sospechoso. Los movimientos de ambos aparatos, de acuerdo con las antenas, demostraban que habían estado juntos por varios puntos de la ciudad.
Además, se descubrió que el sospechoso había intentado, con el celular de la víctima, hacer movimientos de dinero desde la cuenta bancaria.
En medio de las averiguaciones, los policías comenzaron a dar con testimonios de peso.
Al menos dos inquilinos llegaron a decir que Páez (el prófugo) les había mencionado que Albornoz guardaba dinero en la casa. Llegó a contarles que tenía $ 1 millón.
Según declararon, el acusado hablaba incluso de matarlo para quedarse con esa plata.
Un inquilino llegó a “crucificarlo” en Tribunales: “Fabián (Páez) me dijo directamente que quería matar a Mario. Que era un viejo c… y que tenía $ 1,5 millones escondidos. Me dijo: ‘Dale, hagámoslo, dividamos la plata’. Yo le dije que no, ¡cómo íbamos a hacer eso!”.
En paralelo, los padres del propio Páez les dijeron a los policías que habían hablado telefónicamente con él y que este les decía que tenía mucho dinero y que pensaba viajar.
La búsqueda de filmaciones depararía una sorpresa. Si bien, no se veía al asesino entrar ni salir de la casa, una cámara había captado, el día de los hechos, a una Traffic estacionada frente a la casa. Allí se subían electrodomésticos.
Se constataron filmaciones de otras cámaras y en una se logró captar a Fabián Páez en el asiento del acompañante de ese utilitario.
Con esos indicios, el fiscal González ordenó la detención de Páez.
Albornoz fue asesinado un día 3. Su cuerpo fue hallado el 6 de abril siguiente. Estos tres días le dieron tiempo, según el fiscal, para armar la mudanza y desaparecer con la plata y todo lo demás.
El crimen ocurrió en momentos que no estaban los otros inquilinos. El fiscal considera que el sospechoso actuó con premeditación.
Dos características suelen tener los buenos investigadores.
La primera es juntar las piezas del rompecabezas criminal y armarlo.
La segunda es la paciencia.
Y los pesquisas la tuvieron: Fabián Páez fue detenido en junio de ese año en otra pensión de Córdoba Capital. Había usado una tarjeta de la víctima. Los policías no le dieron tiempo a nada aquella madrugada.
Con todos los elementos reunidos, fue enviado a juicio.
Tras varias idas y vueltas, el homicida llegó a juicio finalmente.
El proceso oral se llevó a cabo en la Cámara 12ª del Crimen, en los Tribunales II de Córdoba.
Cercado por la prueba, el homicida aceptó el crimen, pero dijo que todo había ocurrido en el marco de “una pelea” con Albornoz.
No le creyeron. Sobre todo el fiscal Antuña que, tras un prolijo trabajo de armado de pruebas, testimonios y análisis integral de la prueba, terminó acusando al imputado con la figura penal más grave del Código Penal: homicidio criminis causae.

