Madres de jóvenes muertos que no encuentran la paz
Primero, sus hijos fueron asesinados. Ahora, las amenazan y agreden para que no acusen a los homicidas.
Los relatos parecen extraídos de una trama de terror y suspenso. Pero lo que cuentan dos madres que perdieron a sus hijos hace cinco y seis años en cruentos crímenes es del más puro realismo. Lejos de encontrar paz tras sus tragedias familiares, Maricel Díaz (41) y Malvina Ramos (49) denuncian que siguen sufriendo amenazas y hasta golpizas de parte del entorno de quienes mataron a sus hijos. Es un cuento de nunca acabar en el que la violencia urbana está atada al proceso fabril de las "cocinas" de droga en los barrios del sudeste de la ciudad de Córdoba. .......……………………….....……… La noche del 16 de marzo de 2008, Damián Ramón Díaz (23) salió de su casa de barrio Ituzaingó a comprar algo para cenar. Al día siguiente debía viajar a otra provincia por razones laborales y no quiso que su madre, Malvina Ramos, se pusiera a cocinar. En su moto, Damián fue hasta un almacén y se encontró con un primo. Después de un rato de charla, su pariente le pidió que acercara a un amigo hasta la plaza del barrio. Al llegar, dos adolescentes los acorralaron. Con la rama de un árbol le pegaron un golpe seco a Damián que cayó de la moto en el medio de la calle. Mientras el acompañante escapaba, los dos adolescentes golpearon ferozmente a Díaz y, como toque final, le dieron un tiro mortal en el pecho.La Justicia condenó a los menores a prisión perpetua y determinó que Damián fue víctima de un engaño, ya que la moto fue ofrecida como parte de pago de una deuda de drogas.Malvina Ramos relata que dos años después, cuando los menores cumplieron la mayoría de edad, la jueza en lo Penal Juvenil de 7ª Nominación, Nora Giraudo, les concedió la libertad. Más golpes La mujer asegura que su pesadilla no terminó con el peor dolor de su vida, ya que sigue siendo amenazada por el entorno de los asesinos y los entregadores de su hijo. "El padre del que entregó a mi hijo me molió a palos el 28 de mayo de 2013", cuenta y asegura que en otra oportunidad le puso un revólver en la cabeza y le pegó. "En mi casa apareció una bala con la letra M, de Malvina, y carteles que decían 'Ni la yuta los va a salvar'", afirma. Desde el año pasado, tiene una consigna policial frente a su casa.Junto a su marido, Jorge Díaz, Malvina peregrina por los tribunales para que las causas similares a la de su hijo tengan el final esperado, la condena a los autores. Junto a la asociación civil Los Padres del Dolor, la mujer libra una batalla cotidiana contra quienes continúan asediándola. Ahora, espera que la Justicia acelere la causa contra el hombre que la golpeó hasta dejarla inconsciente."Damián era mi único hijo varón", dice la mujer, que tiene otras dos hijas. "Era la luz de mis ojos y, a pesar de casi no tener tiempo para pensar, lo lloro todos los días".A Jorge, el papá del joven asesinado, le rompieron el parabrisas del auto en dos oportunidades y también cuenta que es común que le arrojen ladrillazos a la casa. "Vivimos enclaustrados y la vida así es un calvario", dice y suplica: "Si tuvieran un poco de consideración, nos dejarían tranquilos. Ya nos mataron un hijo, qué más quieren". ............……………………………… Luis Leonel Ávila tenía 20 años. "El Gringo", como le decían, vivía en la casa de su abuela en barrio Estación Ferreyra. El 11 de abril de 2009 tuvo una discusión con el vecino de una casa contigua que, según consta en la causa judicial, le había robado un celular. Los testigos manifestaron que varios miembros de la familia comenzaron a pegarle a Ávila y lo llevaron hacia un patio interno de la casa. Allí recibió al menos 12 puñaladas y, para rematarlo, le tiraron un bloque de cemento en la cabeza.En un juicio con jurados populares, la Cámara 2ª del Crimen condenó a Gabriel Saire a 10 años de prisión y a Bruno Sebastián Gómez, a 9 años.Maricel Díaz, la madre de Luis, afirma que su pesadilla no terminó con el brutal asesinato de su hijo y que la Justicia pasó por alto al menos a cinco personas que participaron en el crimen."Cuando estábamos velando a mi hijo, me llamaban desde su celular para molestarme", afirma la mujer que vive en otro sector de la ciudad. Amenazas A las burlas casi cotidianas se le sumaron amenazas de las que fueron víctimas varios miembros de la familia. "A mi mamá le pusieron un revólver en la cabeza, la volvieron loca. Sufrió un accidente cerebro vascular (ACV) y hoy padece alzheimer y la tuve que llevar a vivir conmigo", acota y continúa relatando: "Una vez golpearon las manos y mi mamá salió a ver quién era y le preguntaron si no estaba su nieto". Maricel afirma que fue amenazada en varias oportunidades por la familia de quienes mataron a Luis y que durante un tiempo tuvo consigna policial frente a su casa. "Te tenés que callar, vas a terminar como 'el Gringo'", le dijeron una vez. Las denuncias en la comisaría de barrio Empalme se han repetido, pero la mujer dice que allí las víctimas son tratadas como delincuentes.En la zona donde ocurrió el homicidio, pululan las "cocinas" de droga y la vida de los jóvenes vale poco. Para Maricel, la muerte de su hijo se dio en el contexto de ese ambiente y hoy pide que la Justicia investigue si hubo más participantes en el asesinato, cosa que ella da por cierto.
El trasfondo de la droga
Silvio Capellino, vocero de la asociación civil Los Padres del Dolor, asegura que detrás del aumento de la cifra de homicidios en la provincia, aparece un trasfondo ligado al tráfico de drogas ilícitas. “Casi todos los crímenes están relacionados con la droga, que es la que manda en estos barrios”, dice. Y agrega que las “cocinas” son los “negocios” que más crecen en varias zonas de la ciudad y se mudan de vez en cuando para despistar a la Policía.

