Una serie de violentos robos contra locales comerciales ubicados en barrio Cerro de las Rosas, zona norte de la ciudad de Córdoba, tuvo a maltraer a los vecinos del sector: los integrantes de una banda, conocida en Tribunales como “los Rompevidrieras”, entraban a locales comerciales cerrados y se alzaban con valiosos artículos.
Por estos hechos, el fiscal de la causa, Juan Pablo Klinger, ordenó la detención de tres sospechosos y logró identificar a un cuarto.
El último es un adolescente de 15 años que, por su edad, es inimputable ante la ley penal.
La banda actuaba sobre seguro: en cada hecho, dentro de las instalaciones comerciales las luces estaban apagadas.

Adentro no había moradores. Lo único que los separaba del botín era un vidrio de exteriores.
Una piedra, un casco o cualquier objeto contundente servía para abrir paso.
Luego procedía la tropelía. Según la investigación, se trataba de un accionar rápido y destructivo. Entraban, embolsaban electrodomésticos, productos informáticos, o lo que hubiera “más a mano”. Finalmente escapaban.
Los acusados mayores son Luciano Alexander Romero, Michael Axel Ludueña y Brian Alexander Murúa. El fiscal los acusó por robo calificado en poblado y en banda.
Entre los pesquisas de la División Brigadas Civiles de la Policía hay una preocupación: “Podría haber más integrantes en esta banda. La pesquisa continúa”, dijo una fuente del caso.
Seguidilla de robos en barrio Cerro de las Rosas
Entre el 19 y el 26 de marzo, los comerciantes de barrio Cerro de las Rosas comenzaron a advertir un patrón inquietante: locales violentados durante la madrugada.
Esos locales amanecían con sus vidrieras destrozadas y la mercadería sustraída. Según algunos registros fílmicos, que orientaron los primeros pasos investigativos, todo sucedía en cuestión de minutos.
Los episodios se concentraron en un área comercial específica, lo que incrementó la preocupación en la zona.
De acuerdo a la investigación, al menos tres robos fueron atribuidos directamente a esta banda.

Dos de ellos ocurrieron en un mismo comercio dedicado a la venta de productos de tecnología y computación, ubicado sobre calle José Roque Funes, en dos fechas distintas: el 19 y el 24 de marzo.
El restante tuvo lugar el 23 de marzo en una barbería situada en la intersección de Fernando Fader y la misma arteria.
Los ataques implicaron pérdidas económicas importantes, según remarcaron los propios damnificados.
Además, los comerciantes afectados también denunciaron daños estructurales significativos, especialmente en vidrieras y accesos, lo que obligó a varios a suspender temporalmente sus actividades para reparar los destrozos.
A medida que los hechos se repetían, comenzó a delinearse la hipótesis de tras los robos aislados actuaba una organización.
La reiteración en los horarios, la zona elegida y la forma de actuar indicaban, para la fiscalía, que no se trataba de hechos desarticulados, sino de una secuencia planificada.
Rapidez, violencia y escape coordinado
La mecánica de los robos fue uno de los elementos clave que permitió a los investigadores vincular los distintos episodios. En todos los casos, los delincuentes actuaron durante la madrugada, cuando los comercios estaban cerrados y la circulación de personas era mínima.
Los integrantes de la banda se desplazaban —según lo investigado— en motocicletas de gran cilindrada, algunas de ellas de hasta 650 cc, lo que les permitía movilizarse con rapidez y escapar con facilidad tras cometer los delitos.
Este detalle no fue menor: la potencia de los vehículos resultó determinante para concretar fugas veloces y evitar ser interceptados, creen los investigadores.
Una vez en el lugar, los ladrones irrumpían de forma violenta.
Utilizaban elementos contundentes para romper vidrieras o puertas de acceso, generando una entrada rápida al interior de los locales. Actuaban con el rostro cubierto, ya sea con cascos de motocicleta o prendas que dificultaban su identificación.
Dentro de los comercios, seleccionaban rápidamente objetos de valor: dispositivos electrónicos, herramientas tecnológicas, indumentaria o cualquier elemento de fácil traslado y reventa.
El tiempo de permanencia en el lugar era mínimo.
El actuar rápido, explican los pesquisas, redujo el riesgo de ser sorprendidos por las fuerzas policiales.
El escape también seguía un patrón: tras concretar el robo, huían en dirección al barrio Villa Urquiza.
Posteriormente, este dato se convertiría en un aspecto clave para la investigación. Para Klinger, la coordinación entre los integrantes y la repetición del esquema evidenciaban un nivel de organización superior al de robos improvisados.
Allanamientos, detenciones y nuevas líneas abiertas
Frente a la reiteración de los hechos, el fiscal inició un trabajo intensivo para identificar a los responsables.
A través del análisis de distintas pruebas —entre ellas registros, testimonios y elementos recolectados en la escena— se logró avanzar en la individualización de los sospechosos.

El pasado 31 de marzo se ordenaron allanamientos que se concretaron al día siguiente en los barrios Villa Urquiza y Las Palmas.
Como resultado, fueron detenidos Romero y Ludueña. También quedó firme la imputación de Murúa, quien ya se encontraba detenido desde el 27 de marzo por un hecho de robo a un conductor de una aplicación de transporte.
Murúa no era ajeno al sistema judicial: según los antecedentes, había sido condenado recientemente por delitos contra la propiedad en un juicio abreviado, en una causa también impulsada por la misma fiscalía.
El cuarto integrante de la banda fue identificado como un adolescente de 15 años. A él se le atribuyó participación activa en los hechos investigados, quedando a disposición del Juzgado Penal Juvenil de Cuarta Nominación.
Durante los procedimientos se secuestraron elementos considerados clave para la causa, como prendas de vestir y cascos que coincidirían con los utilizados durante los robos, además de otros objetos de interés probatorio.
Si bien hasta el momento se les imputan tres hechos concretos, los investigadores no descartan que la banda esté vinculada a otros delitos similares ocurridos en la misma zona.
La causa continúa en desarrollo, con nuevas medidas en curso y la posibilidad de ampliar las imputaciones.

