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La tragedia de los comunes

La tragedia sucede cuando los otros pastores piensan lo mismo y actúan de igual forma.

26 de noviembre de 2013 a las 01:50 p. m.
La tragedia de los comunes

Si en una tierra “común” para un grupo de pastores la comida alcanza justo para todas las ovejas que ya tienen, agregar una oveja más supone menos alimento para cada una de las que ya estaban. Sin embargo, uno de los pastores puede pensar que si él aumenta su rebaño, el resto no se dará cuenta y el daño será insignificante, ya que afecta a todo el conjunto y no sólo a sus animales.

La tragedia sucede cuando los otros pastores piensan lo mismo y actúan de igual forma. Las pequeñas pérdidas se suman y terminan por provocar un desastre de magnitud en la tierra que comparten.

El ecologista americano Garrett Hardin escribió en 1968 La tragedia de los comunes , un artículo sobre aquellos problemas que no tenían soluciones técnicas, sino que, para revertirlos, era necesario un cambio de comportamientos y de costumbres.

Transpolado a las decisiones políticas, la legitimación que recibió la barra brava de Talleres en la Unicameral cordobesa potenció esta “tragedia de los comunes”.

¿Qué se logra premiando una barra brava? ¿Qué cambie su comportamiento o acaso se la legitima en sus modos violentos de ser y hacer?

¿Los legisladores que aplaudieron y se fotografiaron con los barrabravas de La Fiel se detuvieron a pensar en el dolor social que causan estos grupos?

Tal vez, sólo se fijaron en un interés personal: más votos, contar con una fuerza de choque, otra “caja”, o, simplemente, un acto de demagogia irreflexivo y absurdo.

Capaz que imaginaron que se trataba sólo de un acto en beneficio de sus intereses personales y jamás se detuvieron a pensar en el metasignificado de semejante homenaje: avalar a los violentos.

Con decisiones de este calibre, la tragedia de los comunes se multiplica.

La sociedad queda obligada a convivir con los barras y sus códigos de agresión y muerte, que atacan en patota y con armas. Con un comportamiento de barbarie que hace tiempo se trasladó hacia fuera de los perímetros de un estadio y que se multiplica en todos los ámbitos.

Así, mientras continúen siendo legitimados, los seguiremos padeciendo.