Temas del día:

La falsa jueza y su hijo, presos por estafa

Ambos ofrecían excarcelar a un joven a cambio de dinero. La mujer se hacía pasar como vocal del Tribunal Superior de Justicia. El otro sospechoso, apodado “el hombre de las mil caras” tiene un gran prontuario. Cayeron durante una emboscada en bar céntrico.

05 de diciembre de 2014 a las 12:01 a. m.
La falsa jueza y su hijo, presos por estafa
Una de las veces que Alberto Capelli fue detenido por policías (La Voz/Archivo)

Furiosa, la mujer llegó hasta el Tribunal Superior de Justicia (TSJ), en el primer piso de Tribunales I de Córdoba Capital, y exigió hablar con la vocal Marta Cáceres de Bolatti.

–¿Por qué motivo será? La doctora Bolatti no se encuentra –respondió su secretaria.

–¡Que no se esconda! Ya le pagué una buena cantidad de plata para que libere a mi hijo, tal como ella me indicó, pero mi hijo sigue preso. ¡Así que quiero verla ya...!– clamó la mujer.

La secretaria de la jueza del TSJ no podía creer lo que estaba escuchando. “Dígame, ¿y cómo es físicamente esa doctora Bolatti que habló con usted?”, inquirió, rápida de reflejos.

Bastó que la madre del detenido describiera a la supuesta magistrada, que le había solicitado el dinero, para que la secretaria se diera cuenta de que todo era un ardid que había llegado demasiados lejos. El episodio sucedió días atrás.

En minutos, apareció la Policía para entrevistar a la mujer, mientras desde el TSJ se alertó al fiscal General de la Provincia, Alejandro Moyano, sobre la maniobra. El jefe del Ministerio Público dio parte a su vez al fiscal Guillermo González, quien ordenó que personal policial de Delitos Económicos comenzara a investigar.

Así fue como se tramó una emboscada que dio sus frutos en la mañana de ayer: la falsa jueza, una mujer de 62 años, y su hijo, de 40, fueron detenidos por policías de civil en un bar ubicado frente a Tribunales I.

Se trata de Carmen de Capelli y su hijo Alberto Humberto Capelli, más conocido como “el hombre de los mil rostros”.

El hombre es un viejo conocedor de los pasillos de los tribunales y de la Jefatura de Policía. Es que cuenta con un extenso prontuario por diversas causas de estafas, ya sea con autos o por electrodomésticos, confirmaron fuentes judiciales a La Voz del Interior.

El apodo se debe a que cada vez que cayó preso o bien se había teñido el pelo, o usaba peluca o lucía bigotes, lentes...

Ahora, madre e hijo están presos en Bouwer como supuesto autores de estafa, por orden del fiscal Guillermo González. El funcionario sospecha que ambos ya habrían cometido otros casos similares.

La pesquisa recién arranca.

La celada

De acuerdo a la causa, madre e hijo habrían contactado a una mujer desesperada por lograr la libertad de su muchacho. “Le pidieron una fuerte suma de dinero. La mujer se hizo pasar como la jueza Bolatti y dijo que podía acelerar cosas... Presentó documentos para dar credibilidad”, contó una fuente de la causa. Así las cosas, se efectuó un pago y hasta se entregó un Re­nault Logan, pero el muchacho nunca fue liberado. Fue entonces que su madre decidió ir, por su cuenta, a ver a la “jueza Bolatti” a su propio despacho.

Tras enterarse de que había sido engañada por un par de timadores, fue convencida por policías y funcionarios judiciales de que lo mejor era tramar una celada para capturar a ambos “con las manos en la masa”. La madre del preso se contactó telefónicamente con la supuesta jueza y se pactó la entrega de un formulario 08 en un bar a metros de Tribunales I.

La cita se concretó ayer a la mañana. Cuando la falsa jueza y el hombre de traje (que se hacía pasar por abogado) se marchaban, fueron detenidos por policías de civil del Departamento Delitos Económicos.

Carmen y su hijo Alberto Humberto Capelli fueron esposados y subidos a un móvil estacionado a pocos metros.

Otra familia en las malas

Por otro lado, dos hermanos de 21 y 23 años fueron detenidos por Delitos Económicos acusados de haber estafado a un híper con sucursales en barrio Alto Verde y en ruta 20, mediante el retiro de toda clase de electrodomésticos, muebles y prendas por un valor de 100 mil pesos. Uno de ellos era empleado de ese súper en atención al público. Su hermano se hacía pasar como cliente y, mediante el uso de una tarjeta especial de compras, adquiría productos invocando números de DNI que su hermano supuestamente le proveía.