La deuda interna de la Justicia
Los contratiempos judiciales por lo general van acompañados de distintas suspicacias.
La Justicia argentina continúa siendo reflejo de una gran deuda interna. Un poder del Estado que todavía se encuentra lejos de garantizar su ideal de imparcialidad y celeridad a todos los ciudadanos. "Una Justicia que llega tarde no es justicia", se ha repetido como saber popular en los últimos meses. Es que los contratiempos judiciales por lo general van acompañados de las suspicacias.Aquellos que tienen los medios económicos para sostener abogados dispuestos a agotar todos los artilugios, capaces de abonarse a cada chicana legal y aprovecharse, así, de los juzgados colapsados son por lo general los más beneficiados con esta mora.Por el contrario, el sistema judicial parece mucho más expeditivo cuando los imputados carecen de recursos.Por estos días, los ejemplos abundan tanto a nivel nacional como en Córdoba. A esta altura, parece una tomada de pelo al dolor que la mayor tragedia no natural del país, el incendio del boliche Cromañón, de Capital Federal, continúe en el actual letargo penal.A casi 11 años del desastre, sólo dos personas están presas, porque sus abogados decidieron estrategias judiciales más laxas, sin intentar cuestionar cada fallo en su contra. En cambio, la mayor parte de los imputados, ya con dos sentencias en contra, todavía están libres porque el fallo no quedó firme en la Corte Suprema de la Nación.Otro paradigma lo constituye el escándalo judicial que rodea al exsecretario de Transporte de la Nación Ricardo Jaime, quien hace 48 horas fue sobreseído por prescripción (se vencieron los plazos procesales porque los expedientes durmieron demasiado) en dos causas en las que estaba acusado de utilizar autos del Estado para beneficio personal. Jaime, que permanece libre pese a tener dos condenas por causas menores y otros largos procesos penales por enriquecimiento ilícito y por la tragedia del tren de Once, ya se benefició con otras prescripciones.En Córdoba, la Justicia federal va camino a los dos años del escándalo de la financiera CBI sin lograr llevar a nadie a juicio.En tanto, seis policías procesados por el narcoescándalo aguardan hace más de 24 meses que alguien los juzgue.En el fuero provincial, hace pocas semanas que el exintendente de la ciudad de Córdoba, Germán Kammerath, fue condenado a tres años y medio de prisión condicional (lo que significa que se fue a su casa) acusado de haber contratado ¡hace 14 años! a la empresa de un familiar para realizar el seguimiento de la flota de vehículos municipales.El juicio tuvo dilaciones insólitas y la causa no prescribió sólo por el empuje personal de la fiscal de Cámara y los jueces.Hoy, también en Tribunales II, terminará el juicio contra un médico acusado de haber inyectado insulina a un peón para matarlo, hace más de 11 años. Todo indica que el proceso no logrará superar "la duda" y el hombre, que hoy tiene 79 años, será absuelto.Los ejemplos son múltiples. Como la muerte de David Moreno, el adolescente de 13 años que falleció de un balazo policial durante los saqueos en Villa 9 de Julio, en medio del descalabro del gobierno de Fernando de la Rúa, el 19 de diciembre de 2001. Demasiado polvo se acumula en expedientes que no logran cuajar en una respuesta que siempre alguien espera.

