Jugar con el lobo y entrar a su madriguera
Desconfiados de la justicia o de la policía, muchos vecinos negocian rescates por objetos o mascotas robadas.
Y de pronto el mensaje privado apareció en la cuenta de Facebook de Adrián. El matón era claro, directo y conciso: tenía la Rouser azul de 200 centímetros cúbicos y exigía unos cuantos billetes a cambio para devolverla entera. Desesperado por recuperar la costosa moto robada hacía apenas unas horas, Adrián no tardó en caer en la transa.Tras un rápido intercambio de mensajes, primero por Facebook y luego vía WhatsApp, la víctima aceptó ir a pagar 15 mil pesos de rescate en el puente Zípoli, entre los barrios Villa Urquiza y Escobar, de la ciudad de Córdoba.Caía una tarde de la semana pasada cuando, en medio de la "negociación", aparecieron policías en motos que no dieron tiempo a nada.Bien alertados de lo que estaba por pasar, los uniformados recuperaron la moto robada y el dinero, al tiempo que atraparon a los dos jóvenes extorsionadores. La situación terminó bien, con la víctima en perfecto estado.Sin embargo, no siempre estos episodios, cada vez más usuales, concluyen con buen final. Son muchos los casos en los que las víctimas que acuden a hacer esas transas, para recuperar pertenencias robadas, terminan otra vez asaltadas con un arma en la cabeza, en el mejor de los casos. O bien con un golpe o un balazo certero, en el peor.Ya sea para recuperar el coche robado, la moto sustraída, el celular o la netbook o la tablet con información valiosa arrebatada del vehículo, o ya sea para recobrar aquel perro perdido o manoteado del jardín de casa; numerosos vecinos y vecinas de Córdoba terminan negociando por su cuenta con delincuentes. Ya sea con quienes les robaron, ya sea con algún pícaro intermediario, aparecido de la nada, que se aprovecha para sacar tajada.Otras veces, ni siquiera llega el ofrecimiento por parte del delincuente. Es el mismo vecino quien, tras hacer diversas averiguaciones (a veces, también pagas), termina entrometiéndose en densos ambientes en los cuales nadie en su sano juicio se entrometería.A la hora de escuchar las razones de quienes aceptan ir a jugar con el mismísimo lobo en la puerta de su mismísima madriguera, la justificación más repetida es que en la Justicia (sea en la unidad judicial o en la fiscalía) no hallaron respuestas o una atención expeditiva.Otras veces, la explicación se transforma en diversos palos contra la Policía. En otras oportunidades, la desconfianza a secas contra todo el sistema es el disparador.Suena reiterado, remanido y cansador, pero no deja de ser cierto: no hay nada peor, nada más riesgoso, nada más temerario que transar por cuenta propia con alguien que está en el delito y que hace de la criminalidad su modo de vida. Y de muerte.Dicho de otra forma: el vecino no sabe a qué se atiene; el malandra, sí.El delincuente está de vuelta, conoce todo. Sabe de los miedos del vecino común, de sus inseguridades, se encuentra en su ambiente, en su territorio, domina cómo, dónde y de qué forma apretar, exigir, infundir miedo; aprendió a sacar tajada otra vez tras un robo y sabe cómo hacerse humo si la cosa se pone fulera.Fue dicho: está jugado al todo por el todo. ¿Qué víctima está dispuesta a eso? ¿La respuesta está acaso en ir a una transa con la pistola en el auto?Va de nuevo: el delincuente está jugado.Y si, por esas cosas del destino, la víctima se "sale con la suya" y hiere o mata a alguien, la ley está allí nomás para castigar el homicidio. No se trata de ninguna legítima defensa, en absoluto.¿Hace falta recordar que no hace mucho un vecino fue a recuperar a la villa Renault su auto robado y fue ejecutado de un tiro? ¿O aquel vecino que por negociar y reclamar su moto sustraída, en Villa Boedo, terminó muerto con un disparo en la nuca? ¿O esos dos hombres ultimados en una transa a causa de una moto sustraída en villa 9 de Julio?Como dijo cierta vez un fiscal, ir a transar por un objeto robado es lo más parecido a jugar a la ruleta rusa, con varias balas en el cargador.Y si, a todo esto, algunos siguen pensando que negociar con el lobo es la mejor alternativa, queda preguntarse: ¿qué les hace pensar que el delincuente, que ya robó y extorsionó una vez, no volverá a la carga otra vez?

