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“Franchu” logró acusar a quien le robó

El joven padece parálisis cerebral, no habla ni puede escribir. En diciembre sufrió un asalto en su casa cuando estaba con una niñera que lo cuida, quien relató que fueron dos ladrones.

17 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
“Franchu” logró acusar a quien le robó

Un inesperado giro tuvo la investigación por el asalto a un joven que padece parálisis cerebral, y que se moviliza en silla de ruedas, en su casa de Jesús María. El episodio, ocurrido a fines de 2011, había causado conmoción porque la mujer que lo cuidaba relató que ella estaba cuando ocurrió todo y que el robo había sido muy violento.

Pocos días después, se descubrió que todo había sido una farsa. El asalto no existió, aunque el robo del dinero sí.

Cercada por las pruebas en su contra, la niñera que cuidaba a Francisco Stagnaro (21), “Franchu”, terminó admitiendo ante los policías que ella había tramado la historia y que incluso había robado el dinero de la casa. La chica, Natalia Reyna (19), fue imputada por robo.

Para esclarecer el caso fue importante el rol de los investigadores policiales. Pero lo clave, lo decisivo, fue que “Franchu” –quien está imposibilitado de hablar y escribir– se hizo entender con sus padres, Patricia y Eduardo, sobre lo que realmente le había sucedido.

El chico habla con los ojos, con su mirada. Así logró decir que quien lo cuidaba era la persona que había robado.

“Fue una desleal en todo sentido. Confiamos en ella y nos hizo esto. Nos robó a nuestras espaldas y se valió de mi hijo”, expresó indignado anoche a La Voz del Interior Eduardo Stagnaro, el padre de “Franchu”.

Los policías creen, sin embargo, que la historia no se acaba allí. Sospechan que alguien más, quizá un hombre cercano a ella, participó del episodio.

Un extraño robo. Todo sucedió el lunes 26 de diciembre de 2011, al filo del mediodía, en una vivienda de calle Salta 517, en Jesús María.

Eduardo y su esposa habían salido a tomar algo, confiados que “Franchu” estaba a buen resguardo en manos de “Naty”.

A los 15 minutos, la chica llamó al matrimonio desesperada, alertando que dos ladrones habían entrado a la casa y, mediante amenazas de muerte, se habían robado un dinero que había en la pieza.

La chica dijo que los ladrones llegaron a amenazar con fusilar al muchacho. El monto de lo robado ascendía a 4.500 dólares y 8.00 pesos. Desde un primer momento, el testimonio de la chica no convencía a nadie en la Policía. "En muchísimos casos, los entregadores son las empleadas", escuchó el padre del chico de boca de un uniformado.

Y habló con los ojos. Y los padres de "Franchu" también se quedaron con dudas. Tampoco le creían a la chica.

Para peor, en días sucesivos, cada vez que la niñera iba a la casa, “Franchu” se alteraba.

Para no revictimizar a su hijo, quien había quedado muy mal tras el robo, sus padres decidieron esperar un par de días para hablar con él. Y así fue que jornadas después, Eduardo y Patricia decidieron charlar.

“‘Le preguntamos si “Naty” había cometido el robo”, cuenta Eduardo. Y “Franchu” respondió como sabe: con sus ojos.

El jovencito comenzó a mirar para arriba. Eso significaba “sí”. Y los “sí” se fueron sucediendo uno tras otro.

Eduardo y su mujer decidieron llevar todo al límite para conocer la verdad. Llamaron a Natalia y la pusieron frente a frente con Francisco.

El muchacho volvió a responder afirmativamente ante las mismas preguntas. La chica dijo: “¡‘Franchu’ no mientas!”. Y Franchu explotó en llanto y comenzó a desesperarse.

Eso les bastó a los padres para echar a la chica de la casa.

Al día siguiente, la madre de la joven se presentó en la casa de “Franchu”, entregó el dinero robado y pidió disculpas. “Esa pobre madre estaba muy mal. Dijo que no sabía por qué su hija había hecho eso”, cuenta Eduardo, aún conmovido.

“Me gustaría saber quiénes son esos animales que andan sueltos”, supo decir la madre de Francisco, poco después del conmocionante robo.

Desconocía que el enemigo estaba en su propia casa.

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