Enterrada: preventiva al supuesto autor del asesinato
La víctima fue degollada. La fiscal acusa por el crimen a un viejo novio de la mujer. En prisión, se quebró ante un preso y confesó dónde estaba el cuerpo.
A su manera, violenta, el hombre la amaba. Había sido su primer amor de juventud y en los últimos años se reencontraron para vivir un tórrido romance. Se veían cada tanto. Pero algo malo comenzó a crecer en él: empezó a sentir odio por ella, celos porque estaba casada y le molestaba que supuestamente, le pidiera dinero. Así fue que una tarde, la sorprendió de atrás, mientras estaba sentada, la degolló con un cuchillo, esperó que se desangrara en la bañera, la cargó en la caja de su camioneta y la enterró en la entrada de la casa de su madre, en Colanchanga, a pocos kilómetros del dique La Quebrada, en cercanías de la ciudad de Río Ceballos.
Esa es sucintamente la hipótesis que trazó la fiscal de instrucción Liliana Copello, quien recientemente dictó la prisión preventiva contra el constructor Ítalo Juan Herrera (49), el principal acusado de haber sido el asesino de Mónica del Valle Molina (48), una empleada doméstica, casada, madre de tres hijos, quien vivía en barrio Empalme de la ciudad de Córdoba.
El acusado Herrera permanece preso en la Cárcel de Bouwer e imputado por homicidio agravado por alevosía.
Mónica desapareció el 4 de agosto de 2011. Casi dos años después, el 16 de julio pasado, su cadáver fue hallado enterrado por policías, bomberos y miembros del Equipo de Antropología Forense.
Por el caso, también fue detenido Gustavo Adolfo Castillo, un compañero Herrera, pero cuya situación en el caso no está tan clara. La investigación contra él prosigue.
Desaparición y muerte
Según la investigación, Mónica fue asesinada la misma jornada que desapareció: el 4 de agosto de 2011.
La mujer acababa de ir a visitar a su padre y, de vuelta a su casa, se encontró (previo acuerdo vía mensajes de texto) con Ítalo Herrera cerca del Orfeo Superdomo, en barrio Alto Verde de la Capital provincial.
De acuerdo a la pesquisa, ella subió a la camioneta Ford F-100 gris de él y partieron a la casa que tenía en Colanchanga. Allí, de acuerdo al sumario, fue degollada con un cuchillo.
Durante años, la investigación estuvo a la deriva, sin avances concretos.
Se llegó a pensar que la mujer había sido víctima de una red de trata de personas. Nada más lejos de la realidad.
El análisis de las comunicaciones sumado a ciertos testimonios (de la familia de Mónica) fueron cerrando el círculo sobre Ítalo, un viejo novio de juventud de ella. Ítalo, de hecho, tiene un hermano que está casado con una hermana de Mónica y que viven en España.
Lo entregó una mujer
Según trascendió, despechada, la esposa de Ítalo le dijo a la familia de Mónica que él la había asesinado y enterrado.
Siempre según la causa, Herrera le habría pedido ayuda a su compañero de trabajo Gustavo Castillo, para que limpiara la sangre que había quedado en la casa de Colanchanga y en la camioneta, con ácido muriático. Incluso, le habría hecho quemar la silla donde Mónica estaba sentada cuando fue asesinada.
Al parecer, según testimonios con los que cuenta la fiscal Copello, Ítalo Herrera le habría ofrecido dinero a Gallardo para que supuestamente se hiciera cargo del brutal homicidio.
Cargo de conciencia
También figura en el expediente el testimonio de un preso, compañero de celda de Ítalo, quien habría referido que aquel confesó haber matado a la mujer porque no daba más.
Según el reo, el hombre dijo con lujo de detalles cómo fue asesinada y enterrada en un pozo a la entrada de una estancia, para luego ser tapada con tierra y piedras. La diferencia es que el preso dijo que la mujer no fue degollada, sino ahorcada con una tanza de hierro de las usadas para la construcción.
El preso dijo que Herrera le contó todo en una crisis de nervios, presa del peso de la conciencia y porque no podía dormir y necesitaba hablar.
El recluso declaró en la fiscalía que lo abrazó y le dijo que se “entregara a Dios” y que le dijera a todos “dónde es que está el cuerpo”.
A los pocos días, se hizo la excavación con bomberos y el Equipo de antropología y se halló finalmente el cadáver.
El cuerpo estaba enterrado en la vivienda de la madre de Ítalo, en Colanchanga, en un pozo de menos de un metro, cerca de un árbol añoso. Estaba vestido, aunque sin zapatillas. El cadáver había sido tapado con tierra y rocas.
Pistas falsas
Búsqueda frenética. Tal era la desesperación de la familia de Mónica Molina que llegó a viajar por su cuenta a Santiago del Estero, luego de que recibieran un llamado telefónico de un camionero que afirmaba haber llevado a esa mujer a una whiskería. De hecho, durante largo tiempo algunos policías e investigadores judiciales pensaron que la mujer había caído víctima de una red de trata de personas.
La víctima
Femicidio. Mónica del Valle Molina (foto) estaba casada y era madre de tres chicos. Vivía en barrio Empalme y se ganaba la vida como empleada doméstica. Desapareció el 4 de agosto de 2011 en Capital.
El exnovio orientó a los policías. El 16 de julio pasado, fue encontrado su cadáver. Ahora se sabe que fue el presunto matador, su exnovio Ítalo Herrera, quien guió a los investigadores policiales y judiciales hacia donde estaba enterrada la mujer. Se cree que fue asesinada la misma noche que desapareció.

