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El señor de los teléfonos

Llega el juicio contra el excomisario Ariel Ávila, un especialista en rastreo de celulares que llegó a ser jefe de Delitos Complejos. Tras una prominente carrera en Jefatura, hoy está acusado de obtener y de vender “sábanas” telefónicas de manera fraudulenta.

12 de febrero de 2017 a las 12:41 a. m.
El señor de los teléfonos
Otros tiempos. En 2005, Ávila fue un testigo clave en la causa contra el secuestrador Martín “el Porteño” Luzi. (Ramiro Pereyra / Archivo)

Y de pronto, el aparato se convirtió en la columna vertebral de cualquier investigación compleja en Córdoba.

El análisis de los celulares, a través de tecnología adquirida por la Provincia, se volvió el método clave de los detectives para aclarar un caso criminal grave y, a la vez, identificar y dar con sus autores.

El análisis de las llamadas, las realizadas y las recibidas, iba a permitir determinar por dónde se había movido una persona, si había estado en la escena del crimen, quiénes eran sus cómplices, adónde huyó...

Este mecanismo de investigación permitió resolver casos complejos, como secuestros extorsivos, desapariciones, homicidios, asaltos.

El análisis de los celulares en la Policía de Córdoba arrancó en la década de 2000, y con el paso de los años se complejizó.

En ese esquema, un oficial se fue perfeccionando hasta lograr un alto concepto en la Policía y en la Justicia: Ariel Ángel Ávila.

“El Ariel”, como lo conocen, creció en prestigio y capacidad hasta convertirse en jefe del cuerpo destinado al trabajo con los celulares: la División de Análisis de las Comunicaciones (Daic).

Ese sillón fue su trampolín para ser luego jefe de la División Delitos Complejos.

Hoy, el comisario mayor (retirado) Ávila atraviesa un momento delicado.

El martes comenzará a ser juzgado en la Justicia federal por haber supuestamente falseado órdenes judiciales para obtener registros de llamadas telefónicas (“sábanas”) de personas que no eran investigadas.

No se trata de escuchas telefónicas, sino de la obtención fraudulenta de esos registros para luego presuntamente venderlos a interesados. Escrito de otro modo: espionaje cometido entre 2007 y 2009.

Ávila, de 48 años, será juzgado por el Tribunal Oral Federal (TOF) 2 de Córdoba por supuesta falsedad ideológica, delito que prevé una pena de prisión de entre uno y seis años de cárcel.

El expolicía, quien está libre, afirma ser inocente.

El juicio es muy esperado, tras una larga investigación de años.

Ávila no estará solo. A su lado, en el banquillo de los acusados, se sentará el exsargento (su por entonces mano derecha) Rubén Adrián “Carpincho” López, acusado por el mismo delito.

“Es una acusación delicada. Primero, por la gravedad de supuestamente falsificar firmas o exhortos de forma ilegal; segundo, por los policías sospechosos; y tercero, porque no se sabe para qué se hacía esto, con qué fines”, afirmó el fiscal federal Carlos Gonella, a cargo de la acusación.

“No es adelantar opinión: es lo que surge de la acusación”, añadió.

Rápido ascenso

Surgido de una patrulla y de trabajar en la excomisaría del barrio Cerro de las Rosas, en el noroeste de la Capital provincial, Ávila saltó a trabajar a la División Antisecuestros, cuerpo que dependía en aquel 2003 del por entonces jefe de Policía Jorge Rodríguez.

Allí, Ávila conocería –entre otros comisarios– a Alejo Paredes, quien terminaría siendo su formador.

En aquellos años, los secuestros eran cosa seria. El por entonces gobernador José Manuel de la Sota decidió invertir en equipamiento para rastrear teléfonos.

De un día para el otro, Ávila se convirtió en un detective que, a fuerza de trabajo y resultados, logró crecer y destacarse.

Su trabajo, junto con “Carpincho”, se fortaleció a la hora de atrapar a importantes bandas, como así también colaborar en la resolución –siempre a través del cotejo y rastreo de llamadas telefónicas– de casos delicados.

La entonces Secretaría de Inteligencia del Estado, en paralelo, realizaba las escuchas telefónicas.

Muchos recuerdan de qué forma Avila llegó a tener una intensa labor en la primera parte de la investigación por el crimen de Nora Dalmasso, ocurrido en noviembre de 2006, en Río Cuarto.

El comisario terminó de crecer cuando Paredes se hizo jefe de Policía.

“El Ariel” se convirtió en el detective “estrella” en numerosos juicios, como testigo. Su testimonio y pruebas ante los jueces, a la hora de explicar mediante el análisis de las comunicaciones la culpabilidad de tal o cual delincuente, se tornó incontrastable.

Tanto prosperó que formó la Daic.

Las cosas iban a cambiar. El castillo se desmoronó en 2009.

Una carta anónima llegó a la fiscal federal Graciela López de Filoñuk.

En la misiva, se denunciaba de qué forma en la Daic de Ávila, a la par del trabajo oficial, se “truchaban” exhortos judiciales (del fuero provincial y federal) de forma sistemática para obtener (por parte de empresas de telecomunicaciones) “sábanas” telefónicas de terceros o empresas, las que luego eran vendidas.

Una compleja tarea de espionaje desplegada entre 2007 y 2009, según se denunciaba.

Esa carta habría sido redactada por un oficial de esa misma división.

La fiscal avanzó en la investigación, y con la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) allanó la Jefatura de Policía y los domicilios de los acusados.

Como toda causa compleja, la investigación tuvo marchas y contramarchas durante años, hasta que Ávila y López fueron procesados y mandados a juicio.

Mientras la causa avanzaba, Ávila continuó en funciones. Y hasta llegó a ser ascendido a comisario mayor.

Fue ratificado por sucesivas cúpulas policiales hasta que en 2015 fue pasado a retiro, cuando el escándalo de las “sábanas” fue enviado a juicio.

Contraataque

Ávila tiene 12 causas acumuladas en su contra. Su compañero López, unas 20.

Todas dan cuenta de idénticas supuestas maniobras: falsificaciones de firmas de funcionarios judiciales o de exhortos para obtener “sábanas” telefónicas de gente que no estaba bajo investigación.

Los acusados se declararán inocentes y tienen planeado, con sus abogados, el mismo contraataque: irán contra el policía que supuestamente los denunció. Se trata de Daniel Cardona, un excompañero.

Cardona llegó a estar imputado en la causa, pero fue sobreseído.

“Todo esto es un invento de Cardona, que estaba peleado con López por otros motivos y los denunció a los dos. No hay una sola prueba veraz. Es todo invento”, disparó el abogado Justiniano Martínez, quien defiende a Ávila.

Además de declararse inocente, Ávila va a testificar que, por su trabajo, muchas veces salía de su oficina y dejaba pedidos listos para fiscales.

“Él los firmaba y dejaba en blanco para ser usados por sus hombres. Quizá alguien los utilizó con fines delictivos”, afirmó el letrado.

Martín Cafure, abogado de López, enfatizó que la causa no tiene sustento.

“Si López se hubiera enriquecido con esas maniobras, ¿andaría ahora manejando un taxi?”, expresó el letrado.

Extraños números

El listado. El abanico de los oficios judiciales en investigación. En 2014, La Voz rastreó buena parte de los 130 números que, según la investigación, eran incorporados en los oficios judiciales de manera fraudulenta. Correspondían a empresas y personas que no saben que fueron víctimas de un espionaje ilegal, ya que no fueron citadas. Tras aquella publicación, una mujer se presentó como querellante particular. Entre los titulares de los teléfonos había personas domiciliadas en barrios de clase media-baja, una cantera de La Calera y un colegio privado, además de comercios y particulares de Río Cuarto, Villa Carlos Paz, General Deheza, Corral de Bustos, Villa María, Villa del Rosario, Villa de María del Río Seco, Capital Federal, Rafaela, Pergamino y Bolívar.