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El narco nuestro

Hoy los gobiernos locales no pueden mostrar una radiografía del narcotráfico.

14 de enero de 2016 a las 12:05 a. m.
El narco nuestro

Entre fines de 2015 y los primeros días de este año, Argentina chocó otra vez con su realidad más dolorosa. Efedrina, triple crimen, negocios de medicamentos, carteles mejicanos, cárceles sin candados, delincuentes con uniformes, conjuras e internas entre las fuerzas de seguridad, funcionarios desorientados y una oscura y larga mano aún sin nombre.En suma, el narcotráfico.El país que no se quería ver. Sin apelar a extremos: ni mejicanización ni una problemática ínfima o sencilla.Argentina tiene un desafío severo y urgente con los mercaderes de la droga. Ni el Gobierno nacional ni el cordobés pueden hoy mostrar una radiografía concreta sobre el problema que enfrentan. No consiguen abarcar por completo un fenómeno complejo. Ni sus funcionarios ni los operadores judiciales. El camino por recorrer arranca desde menos cero. Lo reconoció la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, tras el papelón de la múltiple captura del sábado que luego trocó a una.Ante la prensa, aseguró que "delincuentes con ramificaciones en las estructuras del Estado" plantaron "información falsa".Días después, el presidente Mauricio Macri dijo que las fuerzas de seguridad habían sido penetradas por las mafias.Pero todavía no surgen nombres propios y concretos detrás de semejante entramado.Hoy, hablar de narcos sin rostros es igual a impunidad. El mismo problema reconoce el ministro de Gobierno de Córdoba, Juan Carlos Massei, que por orden del gobernador Juan Schiaretti puso el combate contra el narco y la violencia urbana como la prioridad máxima de su gestión.Pero ¿cuál es realmente el lugar que el narcotráfico ocupa en el país y en la provincia? ¿Grandes carteles con vínculos transnacionales o sólo pobres y desesperados intentos de émulos locales de Pablo Escobar? Otra vez, la trampa del discurso de los extremos. A esta altura está probado que existen tentáculos de los poderosos carteles mejicanos en diferentes puntos del mapa, sobre todo en Buenos Aires y Rosario.Lo mismo sucede con los colombianos, que ya han protagonizado ajustes de cuentas públicos, en las narices de la sociedad porteña.La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de las Naciones Unidas viene alertando en sus informes anuales que el país tiene una alta incidencia en el narcotráfico internacional.Se advierte en esas mismas páginas un elevado consumo de sustancias ilegales fronteras adentro.En Córdoba, en el verano de 2009 se desbarató una organización serbio-española con vínculos locales que envió una tonelada de cocaína a España.La banda sorteó todo tipo de controles locales (de seguridad y Aduana) y la droga recién se descubrió cuando llegó en dos contenedores precintados a territorio europeo.La Policía española siempre siguió de cerca la operación, pero por desconfianza jamás les avisó a sus pares cordobeses. Siete años después, la problemática del narco en los barrios locales se consolidó. Ubicar un "quiosco" es una tarea demasiado sencilla para cualquier vecino de la ciudad. Lo que revela que proveedores sobran, y pululan los mercaderes locales que ya tienen toda una logística propia.Al mismo tiempo, aumentó la violencia urbana en los barrios capitalinos. Drogas y armas sembradas en cordones empobrecidos. Porque es allí donde esta cadena muestra su rostro más violento. Pero lejos está de reducirse la problemática narco a estos sectores. Detrás de semejante entramado, asoma la madre de todos los flagelos: la corrupción."Es imposible ganarle al narcotráfico", aseveró el titular de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), Diego Iglesias."Las bandas corrompen a los funcionarios policiales, judiciales y políticos", subrayó.Al fin una autocrítica seria. Un gran paso para comenzar a dar un debate que, de lo contrario, se reduce a cháchara. El crimen organizado sólo avanza cuando los poderes lo dejan.