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El mayor de los delitos en la Argentina

Mientras muchos políticos que pretenden ser candidatos en 2015 han iniciado su danza mediática para ver quién seduce mejor al electorado, a la gente, por ahora, le importan otras cosas que le resultan mucho más urgentes.

12 de mayo de 2014 a las 12:02 a. m.
El mayor de los delitos en la Argentina

Mientras muchos políticos que pretenden ser candidatos en 2015 han iniciado su danza mediática para ver quién seduce mejor al electorado, a la gente, por ahora, le importan otras cosas que le resultan mucho más urgentes.

Los argentinos están más preocupados en mantener a flote su agujereada economía doméstica, en cumplir con sus compromisos y obligaciones en ciudades cada vez más congestionadas y agresivas y, en especial, en resguardar su integridad, la de los suyos y sus pertenencias, llámese a esto último protegerse de la inseguridad, el tema que encabeza el listado de preocupaciones principales en casi todas las encuestas.

Por estos días, la inseguridad en distintos puntos de la Argentina es el gran monstruo que persigue a todos y que alcanza tanto a ricos como a pobres, a desprotegidos y poderosos, a desconocidos y famosos. Se mete en las villas y en los barrios cerrados, rompepuertas, escalaedificios.

Ni siquiera perdona a funcionarios, lo que incluye muchas veces a los que están a cargo de velar por la seguridad pública.

En ese contexto, hasta los que argumentaban que se trataba de una sensación la han padecido en carne propia y ahora admiten que es un problema prioritario. Y no repiten, como hasta hace poco, que era un invento de los medios que magnificaban casos aislados.

Ya no hace falta prender la televisión, escuchar la radio o leer el diario para conocer la gravedad de la situación en esa materia.

Ante la emergencia, son bienvenidas las soluciones de corto plazo, pero queda a la vista que todas ellas, como el incremento de efectivos policiales, los operativos de saturación, el endurecimiento de leyes y todas las herramientas inmediatas con las que se ha combatido hasta ahora este flagelo son apenas paliativos.

Ninguna de ellas ha podido evitar el crecimiento del delito, que parece progresar a la par del negocio de la seguridad, en un paradójico esquema que, sin embargo, sigue la lógica de la oferta y la demanda.

La más efectiva solución debería pasar por atacar primero, y antes que a cualquier otro, al principal delito que afecta hoy a los argentinos: la corrupción.

En ese caldo putrefacto, condimentado por coimas, vueltos y porcentajes, es donde más se alimentan las otras transgresiones.

No sólo porque consume recursos que deberían ser destinados a las soluciones de largo plazo, como la educación, la vivienda, la salud, la recreación y los servicios básicos, sino porque, en especial, hiere de muerte al modelo que relaciona la honestidad con el progreso individual.

Así las cosas, aunque atrapemos, juzguemos y castiguemos a miles y miles de delincuentes, mientras los corruptos sigan gozando de impunidad, como hasta ahora, el flagelo de la inseguridad seguirá creciendo en nuestro país.