El interior, donde el espanto crece
El brutal crimen del sacerdote ratifica cómo el horror y la violencia se expanden en pueblos chicos y grandes del interior.
El 2015 entra, en cuestión de horas, en su último trimestre y el registro criminal marca que más de un centenar de asesinatos ya se cometieron en la provincia de Córdoba. La mayoría sucedió en el interior y las víctimas, por lo general, fueron adultos. El último caso que pasó a engrosar esa fatídica nómina es el del sacerdote Luis Jesús Cortés (73), cuyo cadáver fue encontrado en su vivienda de Alta Gracia, a un puñado de cuadras de la Estancia Jesuítica y de la comisaría local.El hombre tenía las manos atadas en la espalda, en medio del caos en que los asesinos dejaron su hogar mientras buscaban cosas para robar, según la principal hipótesis de los pesquisas. Antes de escapar, los homicidas –como parte de una terrible práctica cada vez más frecuente– prendieron fuego a la casa para despistar y borrar pruebas.Lo que viene sucediendo muestra y ratifica aquello de que el salvajismo de muchos criminales hace tiempo que dejó de ser patrimonio exclusivo de la Capital cordobesa, sino que se viene repitiendo y extendiendo en otras importantes ciudades.Este año, por caso, en Río Cuarto dos jubilados fueron apuñalados en terribles asaltos domiciliarios; en Villa María, donde meses atrás un hombre mató a otro tras una pelea de tránsito y una mujer fue descuartizada por su pareja salida de un neuro, hace horas falleció un supuesto ladrón tras recibir un escopetazo durante un asalto; en Río Tercero, un asado terminó con un comensal asesinado tras una pelea absurda; en Marcos Juárez, avanza la causa contra el hombre que asesinó a puñaladas a su exnovia en un estudio contable.Qué decir de Villa Carlos Paz, donde en un puñado de meses nos espantamos con el hallazgo de tres cadáveres en una misma montaña. El último era el de Ingrid Vidoso, asesinada hace una semana presuntamente a manos de su último novio, hoy detenido.Pero la situación pinta mucho más feo. Como una mancha oscura, una violencia inusitada se viene extendiendo sin freno tanto en grandes como en pequeños pueblos en cualquiera de los puntos cardinales de Córdoba.Veamos: en Devoto permanecen conmovidos tras la aún confusa muerte a balazos de una pareja; Arroyito sigue paralizada tras el triple crimen de miembros de una familia a manos de un joven con facultades mentales más que alteradas; en Cuesta Blanca, aún recuerdan con estremecimiento los escalofriantes detalles del doble crimen de ancianos a manos de un joven adicto a las drogas y que asegura que el diablo lo mandó a matar. Qué decir de Tuclame, donde una mujer fue asesinada y enterrada en su casa por su confeso esposo; o Pilar, donde una pelea por un alquiler terminó con la inquilina en el cementerio. La bestialidad con niños tampoco es exclusiva de Capital. En Isla Verde, nadie comprende cómo fue que una mujer mató a su recién nacido y lo tiró a un basural; en El Manzano, cómo fue posible que un joven ultimara a golpes a su hijito; y en Huinca Renancó, cómo una madre fue capaz de asfixiar a su bebé de días. Hablamos de brutales asesinatos registrados durante asaltos a manos de ladrones criados por lo general en el mismo pago o en zonas próximas; o de femicidios cometidos por sujetos que acarrean sobre sus espaldas denuncias por violencia de género que nadie atendió a tiempo; o de peleas trágicas en el marco de una violencia urbana que dejó de ser propiedad exclusiva de las grandes urbes, y en las que se ven envueltos jóvenes cada vez más perdidos por las drogas y el alcohol. Hace tiempo que el horror, el espanto, la crueldad, la violencia sin precedentes, la locura criminal dejaron de saber de mapas.

