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El flagelo de los jóvenes que son víctimas de la violencia

Un ejemplo de que estamos en problemas es lo que sucede en barrio Marqués Anexo, un sector urbano que la Policía admite no poder controlar y en el que aparecen indicios de una peligrosa “ley de la selva”.

20 de enero de 2014 a las 01:45 p. m.
El flagelo de los jóvenes que son víctimas de la violencia

De acuerdo con las cifras oficiales que lleva el Ministerio de Salud de la Nación, en la Argentina cada día asesinan a dos jóvenes de entre 15 y 19 años. La semana pasada la ciudad de Córdoba contribuyó de pleno a esa estadística: se anotó en sólo 17 horas dos homicidios de adolescentes. Los casos fueron el de Roger Ellán, un chico de 15 años que murió tras ser baleado en barrio San Jorge y, el de Mario Martín Molina, de 17 años, quien falleció horas después de haber recibido un disparo cerca de villa El Nailon.En 2011, último año del que se tienen datos para todo el país, murieron en forma violenta 545 adolescentes en esa franja de edad.A juzgar por lo que viene sucediendo en los últimos meses, esa cifra puede haber crecido en forma significativa. Al manifestar nuestra preocupación ante las autoridades competentes, la respuesta que recibimos suele ser siempre la misma: estamos muy lejos de lo que pasa en otros países.En efecto, la tasa de asesinatos en la franja etaria de 15 a 19 años se encontraba en 2011 en los 7,4 cada cien mil habitantes para nuestro país, cifra muy baja comparada con las de países violentos. Por caso, en Honduras ese porcentaje fluctúa entre 73 a 81 por cada cien mil habitantes, ya sea que los datos sean oficiales o provengan de organizaciones no gubernamentales. En ese país centroamericano, considerado el más violento de la región, cerca de 3.800 niños y jóvenes menores de 23 años han sido asesinados durante los últimos 47 meses, según datos que dio a conocer la semana pasada la organización no gubernamental Casa Alianza.Para darnos una idea de la gravedad de la situación, la organización denunció la impunidad con la que se cometen los crímenes y aseguró que "existe la percepción en la ciudadanía de que la policía sólo hace el trabajo de levantar el cuerpo y entregarlo a sus familiares, si es que estos lo reclaman, mientras que la muerte del niño o la niña solamente representa un expediente más en los archivos judiciales". En la Argentina Pero aunque estemos muy lejos de ese infierno, la Argentina no se encuentra en una posición cómoda en el contexto de la región. Según un estudio denominado "Violencia juvenil en América latina", que fue elaborado en forma conjunta por el Colegio de México y el Centro Internacional de Investigación sobre el Desarrollo, nuestro país aparece en quinto lugar en el clasificador de jóvenes de entre 15 y 24 años asesinados en los últimos 12 años. Tras advertir que "los jóvenes latinoamericanos es el sector más afectado por los niveles de violencia en la región", el informe critica también el modo en que los estados dejan en manos del poder policial el control de la delincuencia y abandonan sus tareas relacionadas con la contención social en los grupos con mayores problemas.Además, el documento advierte sobre la forma en que son tratados los adolescentes por parte de los policías: "Los jóvenes son víctimas de este fenómeno de violencia, quienes no ven distinción entre la generada por la policía y la generada por los grupos del crimen organizado".El análisis recomienda "cambiar la conciencia punitiva de los cuerpos policiacos y de seguridad" e "implementar un sistema distinto de educación para lograr minar las prácticas de violencia en contra de la ciudadanía".Pese a la distancia que nos separa de las situaciones que se viven en países como México y Honduras, esos consejos no nos quedan grandes. Entre nosotros Un ejemplo de que estamos en problemas es lo que sucede en barrio Marqués Anexo, un sector urbano de la ciudad de Córdoba que la Policía admite no poder controlar y en el que aparecen prácticas que son indicios de una peligrosa "ley de la selva". Una señal de ello es la nueva costumbre de efectuar disparos en los velatorios de las víctimas de la violencia urbana. El estruendo de un arma de fuego en la despedida de un ser querido que fue asesinado expresa dolor, pero también es una amenaza, un recordatorio de que hay una guerra cuyas condiciones se han agravado con la ofensa de esa muerte. Sobre el alcance de esos sentimientos hay que trabajar. Repasemos. Hasta 2011, según datos oficiales, morían asesinados dos chicos argentinos por día. La situación parece estar agravándose, a tal punto que sólo la ciudad de Córdoba contribuyó con esa cantidad de víctimas en un solo día de la semana pasada.Las estadísticas no son capaces de reflejar todo el dolor que hay detrás de esas muertes, pero al menos permiten establecer una dimensión de la problemática, para actuar en consecuencia.Como lo sugiere el estudio "Violencia juvenil en América latina", el Estado debe dejar su situación pasiva frente a este flagelo, abandonar la postura cómoda de trasladar el control absoluto y dejarlo en manos de las fuerzas policiales porque, visto está, eso no disminuye la incidencia de homicidios en esa franja de edad.Cuando hablamos de chicos como víctimas, no se trata de un inconveniente que puede agravarse a largo plazo, es algo que empeora rápidamente por la corta edad que tienen los que quedan expuestos a la fragilidad de un sistema que no puede contenerlos, no los protege y los deja a merced de los aparatos delictivos, que los reclutan y los eliminan con la misma facilidad.