La dimensión política de la violencia
La droga, la violencia, la inseguridad anidan junto a toda una bomba social mucho más profunda.
Las horas inmediatas a la muerte, más si esta se produce de manera trágica, suelen ser benevolentes para las personalidades públicas. Mientras la política de Córdoba intentaba reaccionar al choque vial que se cobró la vida del exgobernador José Manuel de la Sota, el repaso sobre su extensa gestión política en la provincia se detuvo, en la mayoría de los casos, en intentar subrayar los aspectos positivos.
En la misma edición impresa de La Voz del domingo 16 de este mes, en la que informábamos sobre su muerte producida horas antes y el impacto que esto había generado en todo el país, páginas más adentro se contaba la dura historia de Mayra, una joven que hace un año fue atravesada en su cabeza por un balazo en medio de un tiroteo del que era ajena. Sucedió en un sector comprendido entre los empobrecidos barrios Cooperativa Argüello y Monja Sierra, al noroeste de la ciudad de Córdoba.
El artículo no sólo describía su asombrosa recuperación, sino también el cruel contexto en el que ella, los suyos y cientos de familias cordobesas sobreviven a diario.
“Ves chicos muy chicos, de 12 o 14 años, todo el día con el hocico azul por las pastillas, perdidos”, nos contó hace un año una mujer, dueña de un quiosco, cuando fuimos a conocer las circunstancias en que Mayra había sido herida.
Hoy, un niño de sólo 7 años, sobrino de la joven baleada, no duda en diferenciar el sonido de un balazo de aquel del escape libre de una moto.
No es una excepción. Pequeños de barrios enteros ya saben las diferentes denominaciones de los distintos tipos de droga que se venden en su zona y aprendieron a convivir, por la fuerza, con el miedo de terminar heridos por alguna bala suelta. Toda una dinámica de la violencia que parece estar naturalizada.
“Los chicos acá no saben jugar”, trazó hace ya un tiempo una madre, en otro barrio librado a su propia intemperie. Allí donde la calle, el vecindario, se había convertido en un peligro.
La droga, la violencia, la inseguridad anidan junto a toda una bomba social mucho más profunda, en la que la deserción escolar temprana asoma como la hipoteca más importante que este país parece enfrascado en agigantar cada vez más.
Jóvenes sin horizontes, que mañana no podrán ser ni empleados ni consumidores. Biografías que parten desde muy atrás en la carrera de la meritocracia.
Rescatar a Mayra del olvido y desnaturalizar lo que nada tiene de destino es una forma de arrancarle al anonimato las historias que nos definen como sociedad.
El periodismo policial muchas veces corre el riesgo de recortar de manera notable la realidad y generar sólo miedo. Pero, al mismo tiempo, es una forma de generar información de realidad pura, más allá de los debates de escritorio y de las estadísticas sin rostro.
De la Sota formaba parte de toda una generación política, local y nacional, de distintos colores e ideologías declamadas, que desde hace más de dos décadas no logra contrarrestar la miseria en todas sus formas arraigada en los barrios profundos de las grandes urbes.
Un país que siempre discute los mismos problemas es una sociedad que no avanza.
La involución social en los sectores postergados que no deja de aumentar, las villas de emergencias que se transformaron en barrios de resignación permanente y la violencia que brota en medio de la desigualdad como una manera de existencia forman parte, también, del legado de aquellos que tienen la oportunidad de cambiar los rumbos.

