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Desaparecidos que hablan

Facundo Rivera no es el único desaparecido en democracia en Córdoba. Y no es el único ausente forzado que, a pesar de no estar, deja de hablar.

31 de octubre de 2013 a las 01:20 p. m.
Desaparecidos que hablan

Exactamente 620 días después de que la Tierra se lo tragó, el misterio del “Rubio del Pasaje” tuvo un giro esperado por muchos: la captura de dos hermanos, sospechosos de haber matado al muchacho, y de un empleado municipal que habría, con al menos otro colega, quemado el cuerpo en un cementerio para borrar todo vestigio. De confirmarse la teoría del fiscal, buscaban el crimen perfecto. Pero sabido es que eso no existe. O, por lo menos, no debiera de existir, a no ser que quienes estén encargados de descifrar el enigma obtengan pruebas firmes e irrefutables.

Facundo Rivera no es el único desaparecido en democracia en Córdoba. Y no es el único ausente forzado que, a pesar de no estar, deja de hablar. Los desaparecidos, muertos, “hablan” a través de sus últimos pasos, dejando al descubierto, a la larga, a los autores. De esta manera cobra vital importancia el serio y sesudo trabajo de fiscales e investigadores de verdad, perspicaces, perseverantes...

En los últimos tiempos, muchos de los encargados de las pesquisas lograron “oír”, “ver” y “develar” todo lo que habían dejado dicho los desa­parecidos en democracia en esta provincia, lo que les permitió ir armando complejos rompecabezas con la búsqueda de pruebas y testimonios para desentrañar misterios aunque los cuerpos no aparecieran.

Uno de los enigmas más relevantes de los últimos tiempos, y que terminó con condena por homicidio a pesar de la ausencia de un cadáver, fue el del “Gaucho” Vera, desaparecido en 2001 en Cerro Negro, al norte de Córdoba. Por su caso, luego de un arduo y sesudo trabajo de años, su hermano fue condenado.

No menos significativo es el caso del abogado Pedro Chirino, desa­parecido en Capital en 2007, en el que fueron condenados un empleado judicial y su chofer por el delito de secuestro coactivo. La esposa de Chirino impulsa una batalla legal para que la causa siga siendo investigada y se llegue a condenas por homicidio.

Andrea Svolos, una desaparecida que, a pesar de haber sido silenciada en 2006 en Laboulaye, logró dejar pruebas suficientes que derivaron en la detención de un productor rural y su yerno, sospechados de haberla ultimado y enterrado en una oscura trama de amor, sexo y traición. Claro que aquí no hay condenas, sólo por ahora, firmes sospechas.

Jimena Arias es otra chica de la que nada se sabe en Córdoba desde 2012, pero una encaminada investigación permitió avanzar con sustento sobre un grupo de hombres sospechados de haberla “borrado” del mapa, al tiempo que dos de ellos fueron enviados a juicio por, presuntamente, haberle robado pertenencias a la joven víctima.

Más atrás en el tiempo, están los casos de Mariela Besonart, en 2005, en Villa María, caso por el que su esposo fue enviado a juicio; y Nicolás Sabena, en Río Cuarto, de quien se sospecha que una familia 
–imputada– lo “desapareció” para que no denunciara supuestos negocios turbios.

Los desaparecidos hablan. Se expresan. Dejan pistas, huellas. Sólo hay que saber interpretarlas y, luego, trabajar en serio y con prolijidad.