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De rodillas, pidió piedad y recibió 14 años

La solicitud fue formulada por uno de los seis miembros de una peligrosa banda especializada en asaltos. Varios de ellos ya habían sido condenados por el secuestro al padre del corredor Marcos Ligatto. Hubo condenas de cinco a 15 años de prisión.

11 de mayo de 2016 a las 12:01 a. m.
De rodillas, pidió piedad y recibió 14 años
Mirada al piso. Los acusados terminaron recibiendo importantes condenas de la Cámara 8ª del Crimen (Raimundo Viñuelas).

"Créanme, yo soy inocente. Ustedes analicen la prueba, tómense todo el tiempo y van a ver que no tengo nada que ver". De rodillas, el reo José Sebastián Ledesma (50) usó su derecho a la "última palabra" para apelar a un recurso jamás visto por los jueces que más tarde lo terminaron condenando a 14 años de prisión. Este fue el prólogo de una sentencia condenatoria a los seis miembros de una peligrosa banda de especialistas en asaltos que usaba sofisticados métodos para cometer diversos golpes en los últimos años en la provincia de Córdoba.Uno de ellos fue el atraco cometido a la sucursal barrio Las Palmas del supermercado Mariano Max, donde actuaron en coordinación, escucharon la frecuencia policial, anularon el monitoreo de la alarma con un dispositivo, redujeron al personal y abrieron una caja fuerte para llevarse 248 mil pesos.El común denominador de los hechos era, además de la organización y especialización de funciones entre los miembros, la violencia con la que trataban a sus víctimas. Este fue el caso del copamiento de una propiedad rural en la que una mujer debió soportar que amenazaran a su hijo con síndrome de Down. Le dijeron que si no les entregaba más dinero se lo llevarían y le cortarían uno de los dedos.El tercer asalto juzgado fue a una casa de Alta Gracia, donde ingresaron a las 7.30. Dos iban disfrazados: uno como "policía" y el otro como "oficial de justicia". Allí, golpearon a la dueña de casa y lo mismo hicieron con un hijo que se resistió. De ese lugar se llevaron 10 mil pesos y un arma de fuego. Duras penas El tribunal de la Cámara 8ª del Crimen –constituido por Eugenio Pérez Moreno (presidente), Manuel Ugarte y Susana Frascaroli– los condenó en el mediodía de ayer a penas de entre cinco y 15 años de prisión. La figura penal más importante que se aplicó a los cuatro miembros del "elenco estable" fue la "asociación ilícita". Los otros delitos fueron violación de domicilio y robo calificado.El jefe de esa banda, Silvio Alberto Rodríguez (43 años, alias "Gordo Silvio") fue condenado a 15 años de prisión, lo que se unificó en 17 años de prisión por una condena anterior. Las otras penas se distribuyeron así: José Sebastián Ledesma (50) recibió 14 años; Pablo Sebastián Luján Arévalo (40, "Gordo Pablo), 12 años y medio de prisión; Gustavo Alfredo Sánchez (44, "Enano Gustavo"), 11 años y medio; Gustavo Alberto Arrieta (39, "Cucurucho"), cinco años y cuatro meses; y Gustavo Miguel Álvarez (47, "Negro Gustavo"), cinco años y cuatro meses. Más cárcel Todos son reincidentes y tienen condenas previas. Algunos miembros de esta banda ya habían sido juzgados y condenados por el secuestro de Pablo Ligatto, el padre del corredor de rally Marcos Ligatto. Además de este juicio y de las condenas que recibieron ayer, la gran mayoría espera otra unificación porque aún no tienen sentencia firme por un asalto juzgado en Bell Ville y por el que recibieron cinco años y medio de prisión. Por eso, de confirmarse ese veredicto, algunos podrían sumar 20 años de cárcel, o más.En la sentencia, el tribunal ordenó que se investiguen la presunta participación e identidad de dos partícipes del asalto a Mariano Max: "Chola Nieto" y "Pipudo", como así también a un supuesto empleado de ese mercado y a un tal "Federico Maretto", quien se habría hecho pasar por oficial de justicia en el asalto de Alta Gracia.Luego de escuchar el veredicto y mientras se retiraban los miembros del tribunal, se escuchó otra voz desde el banquillo de los acusados. Era el jefe de la banda, Silvio Rodríguez, quien manifestó su disconformidad con la pena: "¡Che! ¡Yo no maté a nadie!". Para muchos, la espontaneidad del reo sonó a una auténtica confesión.