De cacería, y jugados al todo o nada
El robo de autos es el principal flagelo en córdoba. La ola es frenética, violenta y marcha sin freno.
Una pistola que apunta directo a la cabeza del hombre, de la mujer o de la pequeña que va atada en la sillita sujeta al asiento trasero. Un revólver apoyado sobre el pecho del dueño de casa cuando entra a su hogar de noche. Un cuchillo que aprieta la garganta de quien sale del boliche o de cenar en un restaurante. Métodos poco ortodoxos como una emboscada en una calle cualquiera con un auto que adrede choca al de la víctima elegida; o en un semáforo, con individuos que se bajan de la moto y se acercan armados a la ventanilla con la simple directiva: "Bajate".Métodos sin tanta ingeniería como un clavo "miguelito" bien puesto en la acera o una pedrada que vuela en medio de la noche.O bien métodos más rebuscados, como un dispositivo que abre portones de madrugada o uno que inhibe alarmas en la playa de estacionamiento de un súper o de un híper.Todo vale. Cualquier método vale hoy en día para robar uno de los 13 coches, sea auto o camioneta 4x4, que en promedio se "levantan" en Córdoba capital.La ola de sustracción de vehículos es una de las problemáticas delictivas más serias que eclosionó en Córdoba. La seguidilla es frenética, violenta y marcha sin freno, ante una Policía y una Justicia que, a la luz de algunos resultados, no están sabiendo hacer las cosas bien.La muerte de un asaltante que cayó de un disparo (no está claro si en el pecho o en la espalda) a manos de un policía de civil que, el pasado lunes, resistió el robo de su flamante 4x4, en barrio Parque Liceo 1ª Sección, volvió a poner en escena este flagelo. El efectivo se enfrentó con una banda que, a fuego y sangre, se movía en un auto que, a su vez, acababa de robarle a otra familia.Horas antes, en barrio Altamira, un vecino intentó escapar de una emboscada de ladrones que pretendían sustraerle su rodado y terminó con un balazo que lo dejó paralítico. Cincuenta años, esposa, cuatro hijos y no podrá volver a caminar.Los casos se suceden en Córdoba. Algunos con final dramático, otros, por fortuna, sin víctimas inocentes que lamentar. La realidad es bien lejana a la de Buenos Aires, donde se contabilizan muertos casi todos los días; pero eso ya no sirve de consuelo. Son realidades demográficas y sociales distintas.El robo de autos, como un camino, se divide en dos tramos.Por un lado, y principalmente, están los vehículos sustraídos por delincuentes que se mueven por su cuenta y buscan hacerse de medios de movilidad para cometer otros golpes domiciliarios. Saben que no tienen mucho tiempo que perder: la patente del auto sustraído corre por las frecuencias radiales de las patrullas policiales.Estos grupos cometen raídes delictivos y luego dejan abandonados los coches, en el mejor de los casos. En los peores, los queman. Otras veces, el plan se trastroca cuando chocan en plena fuga y deben abandonar todo.Algunos de estos delincuentes aprendieron a pedir rescate. Roban el coche y exigen, como en un secuestro, plata a cambio. Jamás estas "transas" terminan bien.El otro camino de los coches robados es hartamente sabido: es el sistema delictivo a mayor escala. Está compuesto por bandas que se mueven como empresas.Hay un jefe que manda, subjefes que obedecen; empleados que "levantan" vehículos a pedido, otros que los "enfrían" en aguantaderos, otros que se encargan de desarmarlos, otros de venderlos, otros de abandonar y quemar lo que no sirve... Funcionan como células. Si una parte del grupo cae, se contrata a otra.En algunos casos, los rodados son revendidos con números adulterados (sin importar lo que haga o deje de hacer Grababus), documentación trucha y quizá una necesaria complicidad policial.Recientemente, en Córdoba, cayeron dos complejas bandas robaautos que explotaban desarmaderos y se dedicaban a la reventa de coches enteros o desguazados. Una era liderada por un tal "Bebé"; la otra, por alguien apodado "el Alemán".Ambos grupos funcionaban de forma aceitada y fueron desarticulados por prolijas investigaciones que dan la presunción de que hay intenciones de empezar a trabajar en serio. Engranajes de ambas organizaciones están acusados por asociaciones ilícitas, una severa figura penal.De todos modos, numerosas bandas (complejas y de las otras) siguen de cacería y haciendo de las suyas ante un esquema preventivo (policial) y represivo (policial y judicial) que no termina de hacer pie. Mientras tanto, las víctimas se siguen contando. Y muchas, con sangre.

