Aquel miércoles, la barriada se vio sacudida desde temprano con tanta Policía. Una vecina había sido asesinada con feroces golpes en la cabeza en el garaje de su casa. Olga Esther Villarreal tenía 72 años y cobraba una mínima pensión. Su hijo se topó con el espanto mismo cuando retornó a la casa. La habían matado con un martillo.
El forense contaría 30 golpes. Otro colega suyo anotaría 52 lesiones.
Era el 5 de junio de 2024 en barrio Comercial, en la franja sur de la ciudad de Córdoba. La conmoción se extendió por toda la barriada. Nadie podía creer semejante salvajismo.
Una sobrina de la mujer, que vivía en un departamento al fondo de la misma propiedad, diría que no había oído ni visto nada cuando la entrevistaron los policías.
Una cámara de seguridad sería letal para ella: fue captada siete veces entrando y saliendo de la casa por los techos y llevándose bolsas de consorcio.

Veintidós meses después de aquel crimen, esa mujer comenzó a ser juzgada como la autora del asesinato de su tía.
Se llama María Alejandra Tabares. Tiene 59 años. La conocen como “Lala”. Según la causa, asesinó a su tía tras robarle 18 mil pesos de un cajón.
Cercada por la prueba, “Lala” ya admitió el crimen en la sala de audiencias de la Cámara 8ª del Crimen de Córdoba.
Eso sí, desde el banquillo de los acusados, intentó torcer la acusación: dijo que se había defendido de su tía, luego de que esta la acusara de ladrona, le “sacó” el martillo y le pegó.
Nadie le creyó.
Sobre todo, porque la jubilada apenas se movía con un andador.
Sobre todo, por la forma en que fue masacrada a golpes.
Sobre todo, porque la asesina no quedó con lesión alguna.
Sobre todo, por las filmaciones.

El fiscal, Hugo Almirón, un funcionario judicial de vasta carrera, nunca le creyó. Sobre todo tras analizar toda la prueba.
Por eso pidió que María Alejandra Tabares sea condenada a prisión perpetua. La acusó por homicidio agravado criminis causae (cuando se mata para buscar la impunidad), robo calificado y violación de domicilio.
El abogado Carlos Nayi, quien representa como querellante a los hijos de la víctima, reclamó idéntica condena.
La defensa de la confesa homicida tiró sus cartas ante el jurado popular: solicitó que “Lala” sea condenada a 15 años de cárcel por homicidio en ocasión de robo.
La sentencia podría dictarse este jueves.
No es común que una mujer sea condenada a prisión perpetua en Córdoba. Menos aún por un crimen tras un robo.

De la traición al robo y al crimen
Todo sucedió el 5 de junio de 2024 en un domicilio de calle Villa María al 5900 de barrio Comercial, franja sur de la Capital cordobesa.
Olga Esther Villarreal tenía 72 años. Vivía con su hijo.
Eran las 8.50 de aquel miércoles cuando el hombre salió de su casa para hacer unos trámites.
Eso fue aprovechado, según la investigación, por María Alejandra Tabares. La mujer residía en un cuarto en la parte trasera de la propiedad.

De acuerdo a la pesquisa, Tabares entró a la casa y fue a un mueble de su tía. Aprovechando que la jubilada estaba sola y dormía, abrió un cajón y se apoderó de 18 mil pesos. Al parecer, no era la primera vez que lo hacía.
Las cosas esta vez iban a ser distintas. Y para peor.
Doña Olga descubrió a su sobrina y comenzó a gritarle.
La sospecha es que la mujer, como pudo, comenzó a empujar a su sobrina para que se fuera de la casa y no regresara nunca más.
De pronto, ambas quedaron en el garaje de la propiedad.
Fue entonces que apareció un martillo de 600 gramos en escena.

Feroces golpes con un martillo
El fiscal Almirón entiende que Tabares ya había tomado el martillo (lo calificó como una “maza”) en la cocina y comenzó a pegarle a la jubilada una y otra vez para lograr la impunidad. “Fueron feroces golpes a la cabeza. Feroces. Tuvo una crueldad inusitada. Hubo saña y encarnizamiento”, expresó.
Doña Olga siguió siendo golpeada ya en el suelo.
Acto seguido, la asesina logró escapar.
El crimen sería descubierto momentos después cuando el hijo de la víctima retornó al hogar y entró por el garaje.
“Se escucharon muchos ruidos secos, como golpes secos”, le diría luego una vecina a los primeros policías que llegaron.
A las pocas horas, la sobrina de la víctima sería detenida.
Sobre todo, luego de que los detectives lograron dar con filmaciones que la captaban, al momento del crimen, subiendo al techo de la vivienda con bolsas de consorcio unas siete veces. Se cree que fue para ocultar pruebas como ropas con sangre.

La palabra de la homicida: Nunca quise causarle sufrimiento
El juicio contra Alejandra Tabares arrancó jornadas atrás en la Cámara 8ª. Llegó al banquillo con la gravosa acusación de homicidio criminis causae.
Cuando fue indagada, ensayó una versión salvoconducto para esquivar la figura del brutal homicidio. Ya lo había hecho en una carta durante la instrucción.
Dijo que estaba atravesando una situación económica delicada desde hacía varios meses tras haber perdido el trabajo en una empresa de limpieza. “Decidí entrar a la casa de Olga para llevarme algo de mercadería y dinero”, declaró.
“Yo sabía que cuando L. se iba al colegio, ella se quedaba durmiendo y la puerta sin llave. Por eso entré en ese momento para que nadie se diera cuenta. Cuando estaba revisando qué llevarme, Olga despertó y me descubrió”, sostuvo.

“Se enojó muchísimo conmigo, como nunca antes lo había hecho y tomó un martillo y quiso pegarme con él”, remarcó.
“Me fui para el garaje, con la intención de salir de la vivienda, pero ella me tironeó la ropa intentando sujetarme para que no me fuera y no paraba de gritar llamando a los vecinos a la vez que seguía intentando pegarme con el martillo”, sostuvo “Lala” y añadió: “Nos trabamos en lucha y le saqué el martillo. Reconozco que le pegué con el mismo en la cabeza y cayó al piso. Nunca quise causarle dolor ni sufrimiento con los golpes. Asustada por todo lo que había pasado, decidí salir por la parte de atrás de la casa”.
“Estoy muy arrepentida de lo que pasó”, dijo para luego remarcar: “Me quiso atacar con el martillo, ahí se desencadenó todo. Nunca pensé que se iba a resistir de esa forma”.

Pedido de condena
Tras analizar la mecánica del homicidio tras el robo, como así también las pruebas, testimonios y las imágenes de cómo quedó la víctima, el fiscal descartó de plano la coartada de la acusada.
En su alegato, Almirón remarcó que no existió tal forcejeo, resaltó que fue un ataque pleno de la acusada hacía su tía con un martillo de grandes dimensiones, resaltó que la jubilada terminó con 30 golpes sobre todo en la cabeza y la acusada con ninguno. Remarcó que doña Olga, quien tenía serios problemas de movilidad, además tenía otras patologías previas.

Remarcó el acusador que la víctima no tuvo ni heridas defensivas.
Con todo, el acusador no dudó en pedir que la homicida sea condenada a prisión perpetua.
Tras un cuarto intermedio, su defensa reclamó que el caso sea encuadrado como un homicidio en ocasión de robo. Quince años de cárcel fue el pedido del defensor.
El jurado popular deberá decidir y definir este jueves tras la última palabra.

