Condenados a sobrevivir en una tumba
La cruel situación con los menores lleva años y años de un tenaz fracaso.
Verano de 2001. Tórrida mañana de un domingo de febrero. Los dos jóvenes acaban el porro a las apuradas y cargan el 32 apenas ven bajar a la enfermera del colectivo. Sonia Degrugillier, madre de tres chicos, regresa a su hogar. El manotazo de la cartera es rápido y la mujer intenta huir. Un balazo le da por la espalda y pone fin a su vida, frente a El Tropezón, ciudad de Córdoba. Los dos delincuentes son capturados, pero toda Córdoba se paraliza porque el confeso homicida es "Brian", un chico de sólo 14 años."En un correccional, mi hijo se compondrá o se va a desperdiciar de una vez por todas", dijo su padre, aquella vez. Como un mal presagio, el hombre no se iba a equivocar: el muchacho inició un derrotero por distintos institutos por episodios delictivos. Hoy ya adulto, purga condena por un violento hecho criminal.Por aquellos años, el exjuez de Menores Alberto Crucella ya decía que la política de minoridad era un fracaso, que la delincuencia juvenil iba en aumento y que había que trabajar en serio...Y el futuro llegó hace rato. Invierno de 2016. Helada noche de julio. Dos jóvenes en moto alcanzan a un hombre. El que va atrás gatilla la pistola y el hombre cae fusilado frente a una vivienda de Frontera, localidad santafesina separada calle de por medio de San Francisco.Los asesinos huyen a esta ciudad cordobesa, de donde son oriundos. El asesinato ocurrió del lado santafesino, pero tranquilamente podría haber sucedido de este lado del mapa.El autor del crimen se entrega horas más tarde. "Alan" tiene 14 años y cosecha varias caídas por violentos robos en San Francisco. Por orden judicial, fue remitido al Complejo Esperanza, de Córdoba.Hace pocos días, un adolescente fue capturado por un ajuste de cuentas en Villa Urquiza, que acabó con un muerto y dos heridos. El autor de esa balacera –"Chocolate"– ya había sido declarado culpable por un crimen, pero, por complejos entramados del laberinto judicial, permanecía libre. Y volvió a matar.La detención de "Chocolate" se produjo casi en simultáneo con la última "caída" de "Bruno", un pibe de 12 años, atrapado por cuarta vez en una semana, por salir a robar con una patota.Lo sucedido con "Tomás" no es muy distinto. Tiene 13 y una colección de robos en el último año. Semanas atrás terminó en un hospital tras cometer un arrebato y ser atrapado por unos vecinos en Nueva Córdoba.Desde la Policía informan que 1.476 menores ya fueron detenidos en seis meses en la Capital.Los años pasan, los nombres cambian, pero el fracaso sigue a la vista: chicos y jóvenes protagonistas de dramas. Gran parte de ellos ya estuvieron presos o internados, perfeccionándose, lamentablemente, en la criminalidad. Es una rueda perversa: caen, salen, vuelven a caer, para volver a salir y volver a caer.El sistema lleva años y años de fracaso. Sistemático, permanente, tenaz fracaso.Ayer era el Consejo del Menor. Hoy es la Secretaría de la Niñez, Adolescencia y Familia. Ayer era el Crom. Hoy el Complejo Esperanza. Va de nuevo: los años pasan, los nombres cambian, pero el fracaso sigue a la vista. Para peor, algunos con una irritante ignorancia alimentan el discurso de la mano dura como solución.El combo es letal. La violencia aumenta en las calles y la droga se extiende y fagocita vidas. Mientras, los planes laborales, educativos y sociales se concretan a los ponchazos.Con este panorama, y sin que las cosas se hagan en serio, los "Brian", los "Alan", los "Chocolate" seguirán repitiéndose hasta que una bala, venga de donde venga, se les cruce en el camino.

