Condenadas por matar a otra chica, por un joven
La víctima recibió 15 puñaladas durante una pelea en un boliche de Río Cuarto, en 2015. Las dos mujeres dijeron que estaban drogadas cuando asesinaron a la joven por celos.
“Son chicas que se las bancan, que van al frente”, dice un amigo que conoce a las asesinas y a la víctima. Las tres nacieron en asentamientos donde la droga, la pobreza, los robos y la violencia se volvieron moneda corriente.
Hoy, Jorgelina Gauna (23), madre de un bebé, está muerta.
Fue asesinada de 13 puñaladas el 15 de septiembre de 2015 en un boliche de Río Cuarto.
Dalma Ferreyra (22) y Mayra Daniela Barrios (19) reconocieron ayer, en el marco de un juicio, haberla asesinado. Ferreyra fue condenada a 10 años y medio de prisión; su amiga recibió 10 años.
Quienes conocen a las coautoras aseguran que estaban tan drogadas y alcoholizadas la noche del crimen que recién tomaron conciencia de lo que hicieron cuando, al despertarse, vieron sus ropas con sangre. Se entregaron.
Según la investigación, Jorgelina mantenía con Dalma una vieja disputa porque su pareja (Rodrigo) le había reconocido haberle sido infiel. Varias veces se habían cruzado y estuvieron al borde del enfrentamiento. “Había una bronca de antes y estábamos re-empastilladas”, dijeron las imputadas.
Ataque
Eran las 2.30 de aquel domingo. Daniela y Dalma ingresaron a un humilde boliche-bar ubicado en calle Jaime Gil al 70.
No bien entraron, algo le gritaron a Jorgelina, su rival, y esta reaccionó. En segundos, según testigos, se tomaron de los pelos.
La pelea fue brutal. En medio de la oscuridad del pub, nadie advirtió que tuvieran un arma blanca. En ese ámbito, hasta los niños del barrio recomiendan: “Tenés que saber pelear y llevar siempre un cuchillo o una ‘punta’”.
En el boliche se hizo una ronda que alentaba la pelea.
De pronto, vieron caer sangre en las zapatillas de Jorgelina.
El dueño del local arrancó una puerta, colocó a la joven encima y la sacó. Tenía 13 puñaladas.
En un auto particular, fue llevada al hospital riocuartense, donde murió pocas horas después.
Las imputadas por el crimen tenían otras causas abiertas en la Justicia (robo, apedrear un patrullero, negarse al secuestro de una gorra…). Se les acumularon.
Ambas dejaron de estudiar y tuvieron hijos muy jóvenes. Daniela tiene uno; Dalma, dos.
Conocidos de las agresoras y de la víctima (quien vivía en San José de Calasanz, el barrio contiguo), señalan que la promiscuidad, el abuso y la transa de drogas por cosas robadas es corriente.
Algunos cuentan que Dalma, quien prendió fuego a su casa cuando era chica, lleva un revólver tatuado en la cadera.
La “junta”, las sustancias y las decepciones hicieron el resto. Sus vidas fueron un triste y vertiginoso camino que hoy las lleva a estar detenidas en prisión, como autoras de un brutal asesinato.
*Corresponsalía

