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Cómplices de los secuestros virtuales

Los secuestros virtuales son cosa de todos los días en nuestra provincia y afectan a ciudadanos de todos los niveles socioeconómicos. 

02 de septiembre de 2013 a las 02:00 p. m.
Cómplices de los secuestros virtuales

Los secuestros virtuales son cosa de todos los días en nuestra provincia y afectan a ciudadanos de todos los niveles socioeconómicos. Debe ser difícil encontrar a alguien que no sepa de un familiar, un amigo o un conocido que haya sufrido un secuestro virtual o al menos un intento. La buena noticia es que estos segundos son cada vez más que los primeros, en especial gracias a la difusión de las estrategias que utilizan los delincuentes que los llevan a cabo, ya que el conocimiento popular de lo que hacen y cómo lo hacen ha logrado que muchas víctimas se den cuenta y logren frustrar a los que llaman con malas intenciones.

Quienes llevan adelante estos delitos son por lo general organizaciones pequeñas lideradas por un convicto que, desde prisión, hace la llamada. Los otros integrantes de la “banda” son familiares o allegados (hermanos, hijos, cuñados), quienes se encargan de recoger el botín de la extorsión, que puede ser en efectivo, en tarjetas telefónicas o en electrodomésticos, todo lo cual es depositado por las víctimas en lugares públicos cercanos, como plazas, plazoletas o playones.

El “negocio” sabe dar buenos dividendos. Hace poco se calculó que una de estas organizaciones se podía alzar con alrededor de 100 mil pesos por semana.

¿Por qué llaman desde una cárcel? Si lo hicieran desde un domicilio particular sería muy fácil identificar al autor de la llamada. En la unidad penitenciaria se esconden los celulares y, con ello, los autores de este tipo de delitos se mimetizan entre la población carcelaria.

¿Cómo es que tienen teléfonos celulares los reclusos? Por lo que trascendió ayer en Cruz del Eje, un guardiacárcel está acusado de intentar ingresar tres teléfonos móviles y seis chips , además de una importante cantidad de droga. Es apenas una de las formas pero, con ello, el uniformado sospechado, de ser hallado culpable, se convierte en cómplice de uno de los delitos más comunes y que más preocupan en la actualidad.