Temas del día:

Cómo se cayó la coartada de un femicida

Marcelo Ferraretto fue enviado a juicio porel crimen de Ana Rosa Barrera, en Los Cedros. Contradicciones y pruebas lo cercaron hasta que confesó. De ser condenado, le darían perpetua.

30 de agosto de 2017 a las 12:55 a. m.
Cómo se cayó la coartada de un femicida

Varias horas llevaba el hombre siendo interrogado por los investigadores. Quizá se vio cercado por sus contradicciones y las pruebas, quizá fue el peso de su conciencia. Quizá, el cansancio.

Lo concreto es que los ojos de Marcelo Favio Ferraretto (51) se llenaron de lágrimas y dijo por fin: “Yo a Ana la amo y ella me engañó, por eso la maté".

Era la noche del 2 de junio último. Atrás había quedado aquel lunes 29 de mayo en el que salió a hablar por televisión clamando para que su pareja, Ana Rosa Barrera (46), volviera a casa.

Tras la confesión, los investigadores no tardaron en encontrar los restos de la mujer enterrados a la vera de la ruta 5, en el ingreso a Córdoba. Ana Rosa, que tenía cuatro hijos, había sido muerta a mazazos y descuartizada.

En las últimas horas, el fiscal Alejandro Peralta Ottonello mandó a juicio a  Ferraretto por homicidio calificado por violencia de género y por el vínculo.

¿Cómo quedó cercado?

Carlos y Ana vivían juntos desde hacía 10 años en Villa Los Cedros, cerca de Alta Gracia. El hombre era tapicero, ella trabajaba en la Secretaría de la Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf).

Según el expediente, en los últimos tiempos los celos, la desconfianza y la obsesión se habían hecho carne en él. Ferraretto había comenzado a vigilarla, a revisarle todo, el Facebook, sus pertenencias, el celular, incluso se hacía pasar por ella. Cualquier actividad que ella hiciera, él lo hacía. Así, se le puso en la cabeza que ella lo había engañado y decidió ir demasiado lejos.

El crimen habría sucedido el 28 de mayo a la noche. La pareja había vuelto de Villa Allende, donde habían discutido luego de que él le revisara el celular.

El fiscal cree que esa misma noche, Ferraretto la mató a mazazos en la cabeza. Una vez muerta, la descuartizó y llevó sus restos en el Chevrolet Corsa de ella hasta un campo, donde la enterró. Luego, dejó el coche abandonado para despistar y llamó a su celular.

Ferraretto hizo la denuncia dos días después y dijo que su mujer se había ido a trabajar mientras él dormía y que no la vio. Incluso, como coartada, dijo que él “encontró su auto al ir a una farmacia”.

La sospecha del fiscal arrancó cuando entrevistaron a amigas de Ana. Todas hablaban de su carácter violento y controlador. Una compañera dijo que él le había manifestado que no había podido dormir esa madrugada de lunes.

¿Durmió o no durmió? ¿Cómo fue que Ana se fue a trabajar esa mañana y él no la vio?

Ese punto disparó la investigación en su contra.

Otro dato que lo complicó fue que una filmación de una cámara, donde apareció el Corsa de ella, lo mostraba yendo y viniendo, muy sospechoso. En ese auto había documentos de Ana.

Ferraretto nunca entró a la farmacia, como aseguró.

Un vecino de Villa Los Cedros declaró que aquella noche escuchó gritos y ruidos en la casa. Un hijo de Ferraretto, por su parte, terminó diciendo que su padre era violento y aportó otros datos.

El 2 de junio, con los policías encima, Ferrareto confesó. El cadáver fue encontrado ese viernes. El fiscal señaló que se llegó al cuerpo tras atar cabos: la zona era visitada a menudo por el acusado por su trabajo de tapicero.

En distintas partes de la casa de Ferraretto como en el Corsa se hallaron restos de sangre (lavada ya) compatibles con la de Ana. No se pudo hacer ADN. También se hallaron en el coche restos de sorgo de alepo (con un hongo especial) compatibles con los que había donde fue enterrada.

El fiscal destaca que Ferraretto, de quien dijo que hizo un acting para despistar a todos, era un hombre de campo y sabía usar bien cuchillos. Eso le habría permitido desarrollar la tarea criminal.

En las mazas y cuchillos hallados en la casa no se encontró sangre. Se cree que el acusado trabajó largo rato lavando y borrando pruebas para no ser detectado.

También se menciona que tenía las manos lastimadas.