Temas del día:

Amor, traición y muerte, en el banquillo

Una mujer será juzgada, junto con su supuesto amante, por asesinar a su esposo. El presunto objetivo: cobrar el seguro de vida.

03 de abril de 2014 a las 11:34 a. m.
Amor, traición y muerte, en el banquillo

Con 30 años de diferencia, ella decidió casarse con él. Su intención era valerse de su dinero, apoderarse de sus bienes y acceder a su seguro de vida. Precisamente, con ese objetivo, apenas dos meses después del casamiento tramó junto con su amante el brutal crimen de su esposo. El hombre, un expolicía, fue asesinado de un balazo en la nuca mientras dormía, fue subido a un auto y tirado en un monte.

Esta es la reconstrucción, la hipótesis central de la acusación contra una mujer quien, junto con un hombre, comenzará a ser juzgada desde hoy por la Cámara 2ª del Crimen de Córdoba, con jurados populares.

La protagonista central de esta historia es Mirta Susana Acuña (34), quien será juzgada por homicidio calificado por el vínculo por el asesinato de su esposo, el exsuboficial mayor Juan Manuel Villalba (62), ocurrido en 2009 en la ciudad de Río Segundo. Junto a ella, en el banquillo de los acusados, estará Walter Gustavo Torres, un remisero de 42 años, quien según la acusación era su amante.

De ser condenados, podría caberles la perpetua. Ambos se declararon inocentes.

Esta historia de amor, traición y muerte sucedió en 2009 en la ciudad de Río Segundo.

El caso se agrega a una serie de episodios criminales similares ocurridos en los últimos años en la provincia Córdoba, en los que parejas que supieron jurarse amor y respeto, tanto en la salud como en la adversidad, en la pobreza y en la riqueza, terminaron envueltos en dramas de sangre y muerte.

Ejecutado en la cama

En la noche del 15 de mayo de 2009, el expolicía Juan Manuel Villalba se acostó a dormir en su cama matrimonial. Estaba exhausto, luego de la extensa jornada de trabajo que había tenido como guardia de seguridad. Nunca más despertaría.

Alguien se acercó por atrás, le apuntó desde medio metro con un revólver calibre 32 y le disparó. El proyectil se incrustó en la nuca. Villalba agonizó un par de minutos y murió.

Los asesinos se tomaron el tiempo de vestirlo, le pusieron una funda de sábana en la cabeza para intentar que no manchara, lo arrastraron hasta el baúl de un Ford Ka y lo trasladaron hasta un monte cercano a ruta C-45, próximo a Lozada.

Al día siguiente, un hombre llamó a la Policía: “Si quieren ubicar al h… de p… de Villalba, en las afueras de Lozada”.

Quiso la casualidad que, antes de que llegara el primer patrullero, unos carreros que buscaban cosas para reciclar hallaron el cadáver tirado cerca de una acequia, tapado con ramas y con basura.

Para el fiscal Emilio Drazile, el investigador original del caso, los asesinos del expolicía fueron su segunda mujer, Mirta Acuña, y su presunto amante, Walter Torres. Si se tramó semejante plan criminal, ¿qué sentido tenía avisar sobre dónde estaba el cadáver? Para el fiscal, si el muerto no era encontrado, la viuda jamás podría haber accedido al seguro de vida de unos 30 mil dólares, tal como quedó registrado en una prueba clave de la causa.

Acuña quedó contra las cuerdas por varias pruebas: el hallazgo de sangre de la víctima en el Ford Ka y en la casa, sus contradicciones al denunciar sobre la desaparición de su marido y la versión de un arma que faltaba de la vivienda. Además, ella habría admitido su romance con el remisero y el hecho de haber cobrado el seguro. Paralelamente, según la acusación, el expolicía se habría enterado del romance y habría querido poner fin al matrimonio.

A Torres lo complican su relación con la mujer, los mensajes por celular y un complejo análisis de llamadas efectuadas antes y después del crimen.

Respecto a la relación sentimental entre ambos, figura el testimonio de un policía de la Caminera que los habría sorprendido manteniendo relaciones en un auto en cercanías de Río Segundo.

A su vez, los cuatro hijos de Villalba, fruto de un primer matrimonio de la víctima, serán querellantes en el juicio con el asesoramiento del abogado Carlos Nayi.