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Algo tan primitivo como la territorialidad

Algunos varones buscan reafirmar su masculinidad tratando de marcar con recelo su pertenencia a un lugar.

10 de diciembre de 2021 a las 12:01 a. m.
Algo tan primitivo como la territorialidad
Fiesta. La casa de barrio Chino donde se realizó la fiesta en la que Emanuel "Bebelo" Reynoso habría golpeado a un joven. (Gentileza Policía)

Acaso como una manifestación más del machismo, algunos varones se enfrentan con otros por cuestiones de supremacía. Una posición social, la pertenencia a un grupo y hasta algo tan primitivo como la territorialidad pasan a ser ingredientes de la reafirmación de una supremacía que los hace sentir seguros en su lugar asignado dentro del patriarcado.

Son cuestiones tan elementales y básicas como el deseo mismo de ser alguien por referenciarse en un lugar que les da seguridad. Equiparado con otras especies animales, el macho humano busca marcar su territorio y que nadie se lo dispute.

En la semana judicial que se cierra, se aprecian dos ejemplos de este fenómeno. Dos disputas entre jóvenes que terminan en incidentes violentos en una fiesta. Las motivaciones son comunes, como la localía en una reunión que se destina nada más que a los miembros de una de las manadas. Queda al margen si fueron invitados o no, ya que el quebrantamiento de un permiso de estar donde se es bien recibido se paga con la violencia salvaje y extrema.

La madrugada del pasado sábado se apreció a dos grupos de jóvenes enfrentados por razones de territorialidad. Unos llegaron por una supuesta invitación y otros vivieron como una afrenta la presencia de “forasteros”. La fiesta en barrio Chino (sudeste de la ciudad de Córdoba) terminó con exhibición de armas, con castigo despiadado y con lesiones que pueden llegar a extremos impensados.

El episodio se hizo conocido porque está acusado como protagonista el futbolista Emanuel “Bebelo” Reynoso, señalado como el más activo a la hora de blandir un arma y golpear a los “intrusos” de otro barrio.

Algo muy similar ocurrió hace un año en un country de Villa Warcalde (al noroeste de la ciudad), donde un grupo de jóvenes de clase social media-alta también se enfrentó con otros en una fiesta. Unos no fueron invitados, otros reprocharon la intromisión y la diferencia se pagó con golpes que provocaron severas heridas en un joven.

Este jueves se conoció que esa causa ya está radicada en la Cámara 12ª del Crimen para ser juzgada, con dos acusados por violación de domicilio y por provocar lesiones.

En uno y en otro caso, hay diferencias marcadas en cuanto a los protagonistas y a los barrios donde ocurrieron, pero las motivaciones parecen estar presentes por igual en ambos grupos sociales. Unos pertenecen a un barrio marginal, son de escasos recursos, juegan al fútbol y tienen una alta propensión a estar armados. Otros viven en barrios selectos, pertenecen a familias acomodadas, varios de ellos juegan al rugby, tienen físicos trabajados y suelen pasar a los golpes sin inhibiciones.

Se dirá que “Bebelo” Reynoso hoy tiene un pasar económico cómodo, pero parece no poder separarse de las costumbres de su terrruño cada vez que regresa adonde creció.

El factor común, sin distinción de grupos sociales, parece ser la localía o la territorialidad, que debe respetarse como sagrada. Cualquier violación de ese territorio por parte de foráneos es vivida como una ofensa que se paga caro.

Los instintos elementales del macho que en edad temprana busca reafirmarse no son exclusivos de un grupo social, sino que se defienden a rajatabla tanto en un barrio marginal como en el country.