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Un montón de huesos

La disputa entre Córdoba y Santa Fe por los supuestos restos de Juan Bautista Bustos pone en evidencia los mecanismos por los cuales una nimiedad se transforma en cuestión de Estado.

16 de febrero de 2013 a las 12:01 a. m.
Un montón de huesos

Días atrás, el hallazgo de los restos de Ricardo III, largos cinco siglos después de su muerte en la batalla de Bosworth, conmovió a historiadores y literatos británicos. Es que el rey contrahecho, vilipendiado por la pluma de William Shakespeare, representa el momento justo en que el péndulo del poder se desplaza desde los Plantagenet a los Tudor, tras los 30 años de la Guerra de las Dos Rosas. Y origina, en el presente, una polémica entre dos ciudades inglesas que se disputan la custodia de dichos restos. Con cierta destacable humildad provinciana, cordobeses y santafesinos parecen dispuestos a emular la disputa, aun cuando no se cuente por estas latitudes con los servicios del Cisne de Avon, quien, en su afán de congraciarse con los Tudor, convirtió en el malo de la película a un Ricardo que se limitó a imitar las costumbres de su tiempo, lo que incluía al asesinato como una de las bellas artes.Puestos a pujar por un esqueleto, cordobeses y santafesinos reclaman el de Juan Bautista Bustos, primer gobernador constitucional de Córdoba, derrotado por José María Paz en La Tablada y muerto y sepultado en Santa Fe en 1830.La antes señalada humildad de nuestra provinciana discrepancia se evidencia en lo que un geómetra distraído quizá calificaría de paralelismo divergente: si los británicos discuten la tenencia del esqueleto autenticado de Ricardo III, cordobeses y santafesinos pugnan por unos huesos que nadie sabe de quién fueron. Tal la magnitud de nuestra rencilla.Es que la grandeza no es cosa simple y a veces se nota por ausencia cuando, a falta de cuestiones importantes, los contendientes se enredan en el fascinante universo de la nimiedad, haciéndole justicia al entrañable Alberto Olmedo cuando sentenciaba que "éramos tan pobres". El insigne cordobés que fue Bustos murió sin conocer el significado de la palabra " marketing ", ignorancia que en estos tiempos le hubiera impedido comprender las razones del apresurado traslado de su alegada osamenta desde la iglesia de Santo Domingo, de Santa Fe, en una operación que comprometió al Equipo Argentino de Antropología Forense. Y, mucho menos, que desde ese entonces los huesos se encuentren en una cripta de la Catedral de la ciudad de Córdoba, a la espera de que se calme el oleaje. Algo dudoso, si se considera que la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos ya se pronunció sobre el asunto con un rigor nada habitual.En una iglesia de Venecia, un nicho vacío lleva el nombre de Dante Alighieri. Se sabe que la disputa por la tenencia de sus restos es secular, como lo será, quizá, la originada por el hallazgo del esqueleto de Ricardo III. Nuestra módica reyerta por los huesos que no son de Juan Bautista Bustos no tendrá esa suerte y, como otras minucias, será prontamente relegada. Sólo nos resta esperar, entonces, la piedad de un justo olvido.