Supervivientes de un estigma
Un grupo de mujeres que tuvieron cáncer fueron homenajeadas en el hospital Oncológico. Contagian energía, pero a veces sienten que se les cierran puertas.
Risueñas, un poco nerviosas, todas muy arregladas, fueron llegando las mujeres convocadas por el hospital Oncológico de la Provincia para grabar un video que les rindió homenaje el pasado 16 de junio por sobrevivir al cáncer.
A la pregunta “¿qué significa ser sobreviviente de cáncer?” que hicieron varias de las expacientes, Milena Vigil, psicóloga del equipo, respondió que se trata “de haber superado los tratamientos y estar con vida”. Ni más ni menos.
Por mucho que parezca ese logro, mientras se preparaba para el video, una de las protagonistas contó que antes de que le diagnosticaran cáncer de mama trabajaba como empleada doméstica en cinco hogares y que, al terminar el tratamiento, no pudo regresar a su actividad laboral. “Ninguno de mis patrones quiso que volviera; no sé si porque me querían mucho o porque me tenían pena”, contó.
El camino para continuar en pie no es sencillo y los desafíos que se plantean rayan en la discriminación y falta de solidaridad. Seguramente por esto, varias de las participantes estaban sumamente agradecidas a sus superiores y compañeros de trabajo por la contención y la espera para que puedan continuar sus vidas.
“Es necesario que la sociedad conozca que muchas veces se discrimina a las personas que atravesaron cáncer y es necesario que el Estado reconozca y garantice sus derechos”, remarca Martín Alonso, director del hospital.
Pensémoslo de otro modo: una de cada cuatro personas tendrá algún tipo de cáncer en su vida y este año, una de cada 300 recibirá el diagnóstico. Al margen de lo estrictamente médico, ¿qué hará la sociedad con ellas cuando lo superen?
Ana Luz Arias (58) pudo reinsertarse luego de sufrir cáncer de recto. “Cuando el médico me dio el diagnóstico, me puse la mochila: no aspiré a curarme, sino a sanar mi cuerpo y mi mente”, cuenta.
“No sé de dónde saqué la fuerza, pero soy una agradecida de haber pasado por esto, fue un antes y un después, dejé de preocuparme por lo que no es importante”, reflexiona a dos años de supervivencia.
Sara Bonardo tiene 5 años y lleva uno y medio de tratamiento por leucemia linfática aguda. Su mamá, Florencia Argüello, estaba en el puerperio de Vicente cuando se enteró del diagnóstico. “Con mi marido nos miramos y dijimos: la película ‘La vida es bella’ y decidimos encararlo así con Sara, a todo lo transformamos en un juego, su habitación en la clínica era una sala de diversiones; en casa lo mismo, festejamos los cumpleaños de todas las muñecas”, relata.
“Hasta cuando se le cayó el pelo le conté la historia de Rapunzel que se libera de la bruja cuando le cortan el cabello y yo también me lo corté”, continúa.
“Siempre me preguntaron cómo lo hice y la respuesta no es más que ‘lo hice’, las cosas estaban dadas así y las enfrentamos. También está en uno el modo en que revierte el dolor”, agrega.
Ahora, la niña va a la escuela y sigue con sus actividades, aunque su mamá reconoce que “es más madura que los otros chicos”.
Gisela (49) es peluquera. Lleva dos tratamientos por linfoma no Hodgkin, ya que tuvo una recaída en 2015. Con la calma de quien atravesó obstáculos durísimos, asegura que no le teme a la muerte y que nunca se sintió enferma. “Me considero una superviviente y después de esta experiencia, tengo más ganas de vivir que antes”, dice enérgica.
Con mochila de larga data
“En 2000 me quedé sola con tres hijos y sin dinero para pagar el alquiler. Tuve cáncer de mama”, reflexiona Adela (62), escritora sin libro propio, pero con textos en colaboración con otros autores.
A 13 años de eso, apareció cáncer en el cuello del útero, que la llevó a un tratamiento duro. Después de eso “no soy la misma”, agrega. Agradece a sus hijos y al equipo de salud “esta segunda oportunidad de vida”.
Vocación de servicio
Claudia Vincen (47) tuvo cáncer de mama hace 7 años. El tratamiento fue contundente: quimio y radioterapia, histerectomía total (extirpación del útero, cuello uterino y otras estructuras del aparato reproductor femenino) y dos reconstrucciones mamarias. “La quimio me dejó con fibromialgia, me acostumbré a la vida que me toca, a amar mi cuerpo, escucharlo y darme tiempo”, relata.
Ella tiene luz con intenso brillo en los ojos que refuerzan lo que expresa verbalmente: “Le ponía garra y lo malo enseguida pasaba”.
“Recuerdo que mi hijo me pasaba la cero cuando me salía pelusa en la cabeza, era como un juego”, agrega.
Claudia es comerciante y empezó a hacer una capacitación para ser voluntaria en el Hospital de Niños, porque se dio cuenta de que tiene vocación de servicio. “Cuando salgo de las capacitaciones, me siento con energía y bienestar”, comenta.
El equipo de salud mental del hospital Oncológico de la Provincia, integrado por Malena Vigil, Carlos Bonetto y Flavia Sposetti, junto a la colaboradora Josefina Ellena, iba y venía atendiendo todos los detalles de la recepción a las protagonistas del video que buscó introducir en Córdoba una fecha muy especial: el día del superviviente de cáncer.
La comunicación con el paciente
Cristina, de 63 años, se considera “doble superviviente de cáncer de mama”. Es enfermera recientemente jubilada, trabajó en el Hospital de Niños, por lo tanto, sabía de qué se trataba cuando llegó el diagnóstico. Sin embargo, “cuando el médico me dijo ‘quimioterapia’, se me vino el mundo abajo”, recuerda.
“En la primera aplicación, mi marido le preguntó a la doctora cuáles eran las perspectivas y ella planteó un panorama en que el 80 por ciento era todo malo. Mi marido salió destrozado”, agrega. Luego, vio a su oncólogo, le contó la información que había recibido y el profesional dijo: “Acá nadie tiene la bola de cristal. Si creés en Dios, pedíle; si no, pedíle a la suerte”, palabras que tranquilizaron un poco a Cristina y le dieron aliento.
Hoy, Cristina afirma que se siente muy bien “en todo sentido”.

