"No somos una parte del cuerpo"
Caso. El uso intensivo y profesional de la voz requiere de cuidados, pero no hay que restringirlos a las cuerdas vocales.
Cuando cursaba el último año de la escuela secundaria, se abrió ante mí la posibilidad de estudiar locución. En un comienzo, creía que engolar la voz y forzar mis graves me permitirían destacarme y así lastimé mis cuerdas vocales, hasta que aprendí a cuidarlas. Hoy es una prioridad para mí, en mi rol como docente de la carrera de Locución, enseñar a mis alumnos a trabajar de forma profesional.
Antes de iniciar cada clase, realizamos ejercicios de warm up o calentamiento para lograr que las cuerdas vocales, que son músculos, encuentren la tensión ideal para trabajar seguras. Los ejercicios incluyen técnicas respiratorias y sonoras para activar las zonas que entran en fonación: inspirar por nariz, retener el aire por dos segundos y soltarlo haciendo una "s"; luego una "m" y por último una "o" finalizando siempre con destrabalenguas para agilizar la articulación.
Al terminar cada clase, hacemos un cool down o enfriamiento para lograr el efectivo descanso de los músculos luego de la actividad: respiraciones costodiafragmáticas para relajar, ejercicios de cuello y hombros y visualizaciones.
Ser locutor implica tener jornadas laborales extensas, trabajar en condiciones desfavorables (eventos al aire libre, horarios cambiados, etcétera); es nuestra responsabilidad estar preparados para sortear estas dificultades de manera profesional. No olvidemos además, tomar mucha agua, descansar, no gritar y visitar al fonoaudiólogo periódicamente. Un locutor hoy sabe que no es sólo una voz. Escucha a su cuerpo, se ocupa de su salud y transmite conscientemente, porque sabe que tiene que llegar voz, de manera clara y efectiva.
(*) Locutor nacional. Docente del Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (Iser).

