Temas del día:

“A los tres meses logré ritmo”

Dina Castillo decidió retomar la actividad física regular a los 49 años. Siempre había ido al gimnasio, pero ahora correr es su pasión.

11 de diciembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Rosana Guerra*
“A los tres meses logré ritmo”
Atrás al sedentarismo. “A los 49 años me dije: ‘Tengo que hacer algo’”, cuenta Dina Castillo.

Hacía veinte años que no hacía ningún tipo de actividad física, mi vida era levantarme, ir en auto a la oficina y después regresar a casa en auto. Hasta los 30 hice gimnasia aeróbica en gimnasios, era divertido y fácil. Pero después me casé y vinieron mis hijos, tengo seis y la verdad es que no tenía mucho tiempo para dedicarme a mi misma. A los 30 tuve el primero y a los 39 el último, así que trabajar, cambiar pañales y amamantar, no fue tarea fácil para mí. Ni zapatillas tenía, solo usaba tacos para trabajar, alpargatas y ojotas para la playa. Soy contadora y trabajo diez horas diarias en una consultora. De los 39 a los 49, estuve muy absorbida por las tareas familiares y mi trabajo. Pero a los 49 años me dije: "tengo que hacer algo". Me animé y empecé con una entrenadora personal, porque ir a un gimnasio implicaba un viaje, llevar un bolso, cambiarme; se me hacía difícil arrancar. Así que preferí buscar una entrenadora personal y comencé con Soledad Cristiano. Cuando ella me propuso correr, le dije que no sabía, insistió y me introdujo en esta actividad. Ella me sacó del sedentarismo, pero recién a los tres meses logré ritmo para correr y no parar. Después cambié de entrenadora, ahora estoy con Lucrecia Martínez, ella me sugiere que haga también algo de gimnasia localizada, pero me aburre totalmente, a mí me encanta correr. Los primeros meses fueron duros, pero una vez que se hizo hábito, el cuerpo me pidió seguir haciéndolo. Al comienzo, uno piensa que no puede, pero esa limitación es mental. Uno piensa: "no voy a poder", "no voy a llegar". Pero mi entrenadora personal insistió, me dijo: "vos podés, tenés los chequeos médicos perfectos. Dale, ¡animate!". Al principio, corría una cuadra y paraba, pero después me fui animando un poco más. Vivo en un barrio cerrado, en Las Delicias, así que corro los martes y jueves unos cinco kilómetros y a veces llego a siete. Hay grupos hermosísimos para correr en el Parque de las Naciones: se juntan unas 200 personas y entrenan a distintos niveles. Estoy convencida de que correr es salud. Cuando corres, siempre tenés más energía para afrontar los problemas cotidianos, porque te ayuda a despejar la mente, a ordenar las ideas y a tomar decisiones. En mi trabajo tengo a cargo 24 contadores y todo el tiempo estoy tomando decisiones. Soy menudita, mido 1,52 metro, y peso 56 kilos. Cuando era sedentaria mi vida estaba llena de privaciones, en cambio ahora como todos los alimentos que quiero (un poquito) y mi cuerpo está más moldeado. Ya no tengo que preocuparme por el exceso de grasas. Voy a entrar a la edad de la menopausia y el desafío es como hacer para que no te cambie el cuerpo. Cuando entras en esta etapa, dicen que tenés menos resistencia a la presión, que te haces un mundo de todo, que andás de mal humor y hacer gimnasia te ayuda a mejorar tu estado anímico. Correr te ayuda a comenzar la menopausia de una manera más natural. Es un proceso gradual, que te lleva unos seis meses, hasta que llegas a 5 kilómetros en 3 0 o 35 minutos. Corres hasta donde podés; después, caminas un poquito y seguís adelante. Además, con la entrenadora viniendo a casa es un compromiso hacerlo. A las 7.30, desayuno con café con leche, jugo de una naranja y dos tostadas con queso crema o alguna mermelada de naranja. Luego me preparo: en invierno, uso gorro y guantes, y en verano corro livianita con musculosa. Uso micropolar, lycra, calzas, remeritas y zapatillas de running, es increíble como quemás zapatillas corriendo siempre. El año pasado, en octubre, participé por primera vez en la maratón que organiza el Sanatorio Allende. Fue emocionante, éramos 4.000 camisetas iguales, todos corriendo para el mismo lugar, con el mismo proyecto. Pero, además de la multitud, fue especial porque me acompañaron mis seis hijos: Milagros (20), Gonzalo (19), Magdalena (17), María (15), Sol (13) y Cata (11). Creo que mi familia también ayudó a que yo corriera, de hecho todos se contagiaron de mi hábito y van al gimnasio, andan en bici, les gusta la actividad física. Estoy convencida de que a los chicos no les importa tanto lo que decís, sino lo que hacés. Y a mi correr me cambió la vida. *Producción periodística