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Las bacterias intestinales dan nuevas respuestas a los investigadores

El denominado “microbioma” ofrece información que contribuye a entender el comportamiento y la evolución de otros órganos del cuerpo humano.

08 de mayo de 2017 a las 12:03 a. m.
Las bacterias intestinales dan nuevas respuestas a los investigadores
Un tesoro. La conformación del microbioma intestinal es individual.

La conformación del colectivo de bacterias intestinales, también llamada “microbioma”, se ha presentado en los últimos años como una gran fuente de información sobre el comportamiento y evolución de otros órganos de nuestro cuerpo.

Ahora, investigadores han detectado indicios de que las personas que tienen fatiga crónica, un síndrome debilitante del que aun hay mucho que se desconoce, exhiben particularidades

que podría calificarse como un desequilibrio en el ambiente intestinal.

El estudio, dado a conocer en la edición digital del 26 de abril de la publicación especializada Microbiome, consistió en el análisis del microbioma de una pequeña muestra compuesta por 50 pacientes con fatiga crónica y 50 personas sanas de cuatro ciudades de Estados Unidos. La mayoría eran mujeres, de una edad promedio de 51 años, indicó HealthDay.

El autor líder del estudio, el doctor W. Ian Lipkin, describió que se analizaron genéticamente muestras fecales de todos los participantes para identificar los tipos y cantidades de bacterias que contenían. Ese estudio se complementó con el análisis de muestras de sangre.

Según Lipkin, las personas con síndrome de fatiga crónica “tienen bacterias distintas en los intestinos que la gente sana”.

Sin embargo, los resultados del trabajo son preliminares, porque no han permitido determinar si eso es causa o consecuencia de la enfermedad.

El equipo de investigación halló que, a diferencia del grupo de personas sanas, los pacientes con fatiga crónica tenían cantidades altas de varias especies de bacterias intestinales. Asimismo, observaron que la composición bacteriana parecía cambiar dependiendo de la gravedad del síndrome que exhibía cada individuo.

“Este estudio es un paso inicial pero importante para determinar la composición de un microbioma sano”, declaró Lipkin.

Estos hallazgos, sin embargo, podrían ayudar en los diagnósticos y apuntar a nuevos tratamientos que se dirijan a subtipos de la fatiga crónica, según sugirieron Lipkin y sus colaboradores.

“A medida que el trabajo continúe, anticipamos que los médicos podrán realizar recomendaciones específicas que influyan en nuestros microbiomas, y reducir algunos de los síntomas”, añadió Lipkin.

Bacterias

Aunque el ser humano tema a las bacterias, o las considere algo negativo para su salud, ellas conviven con nosotros en una relación mucho más armoniosa de la pensada. De hecho, tenemos diez veces más microbios que células en nuestro organismo. Contribuyen, por ejemplo, al proceso de digestión, al desarrollo del sistema inmunitario y a la producción de vitaminas, además de proteger a las personas de otros microorganismos que pueden causar serias enfermedades. Esto último lo hace al competir con los microorganismos patógenos por los nutrientes, logrando así mantenerlos bajo control. Además, se trata de una cuestión de espacio o “colonización”: ellas ocupan los lugares donde pudieran fijarse los patógenos.

Asimismo, promueven el movimiento intestinal al producir ácido láctico –que incide en esa motilidad– y, una vez muertas, representan un porcentaje importante del peso de las heces fecales (hasta el 30 por ciento).

El microbioma intestinal se adquiere desde el nacimiento al pasar a través del canal del parto o al exponerse a los microbios presentes en el entorno. Puede variar con la edad, dieta, ubicación geográfica, ingesta de medicamentos y otras influencias ambientales. Pero cuando se altera (lo que se llama “disbiosis intestinal”) aumenta el riesgo de infecciones. Los cambios en su estructura también podrían asociarse con otros desórdenes, incluyendo algunos neurodegenerativos, según se desprende de algunas investigaciones.

Se estima que estamos habitados por más de 40 mil especies diferentes de bacterias, que están divididas principalmente en dos géneros: las “firmicutes” y las “bacteroidetes”.

Cada persona tiene una conformación diferente de población bacteriana o un microbioma característico.