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Florencia Bustos: Aprendí a revalorizar lo importante

Le diagnosticaron linfoma de Hodgkin y está en tratamiento de quimioterapia. Es directora de una academia de “pole dance” y asegura que aprendió a revalorizar los vínculos y a equilibrar trabajo y vida personal.

17 de abril de 2017 a las 12:03 a. m.
Florencia Bustos (*)
Florencia Bustos: Aprendí a revalorizar  lo importante
Un estilo. Cuando se le comenzó a caer el pelo, decidió raparse y asumir esa opción como su elección estética. (Foto: Raimundo Viñuelas)

Hace poco más de un año, comencé a sentir pequeños malestares.

Primero tuve febrícula, es decir, una fiebre prolongada y moderada, de entre 37 y 38 grados. En una primera instancia, tenía una frecuencia de una vez al mes, luego apareció cada 15 días. Después de la fiebre de 38 grados, apareció una tos seca que me venía cuando hablaba o cuando me ponía frente a un ventilador.

En aquel momento tenía un ritmo de vida muy agitado. Soy directora de una academia de pole dance y, además de dar clases, entrenaba y participaba en competencias. Empecé a darme cuenta también de que tenía mucha fatiga, terminaba de dar una clase y me acostaba un rato, me sentía muy agotada.

Trabajaba todo el día. Los fines de semana dormía mucho para reponerme del trajín de la semana. A pesar de que amo lo que hago, sentía un desgano para entrenar, no tenía energía disponible para hacerlo.

Primeros estudios

Una alumna, Paola, que es bioquímica, me dijo que no podía estar con esa tos todo el tiempo. Me hice análisis de sangre y salió que tenía los glóbulos blancos muy altos. Otra de mis alumnas, Laura Altamirano, que es médica clínica, me recomendó hacer una placa. Después me hicieron una tomografía en el hospital Córdoba y luego me derivaron con un hematólogo, el doctor Emanuel Aguilera.

Rápidamente me hicieron una biopsia en un ganglio que tenía inflamado pero que no me dolía y otra en la médula, para ver si no estaba afectada. Además, me pidieron hacer una tomografía de tórax y de diafragma. Se confirmó el diagnóstico: linfoma de Hodgkin grado 3 con síntomas.

Este tipo de cáncer afecta el sistema linfático y, en mi caso, me afectó varios ganglios en la zona del diafragma, el hígado, el bazo, el mediastino y el cuello.

El doctor Aguilera me dijo que el tratamiento consistía en hacer una sesión de quimioterapia cada 15 días durante seis meses.

Cuando me enteré del diagnóstico, sentí mucha tristeza, lloré todo el día. Lo primero que se te pasa por la cabeza es preguntarte: “¿Por qué a mí?”. Te enojás con el mundo y con vos misma.

Pensé en la caída de mi cabello y en las agujas. Averigüé con qué productos me lo podía lavar, cumplí al pie de la letra con las recomendaciones, pero lo mismo se me cayó. Me dieron corticoides para desinflamar los ganglios, el tumor más grande estaba entre la aorta y la vena yugular y, como obstruía las vías respiratorias, tenía mucha tos. Si seguía creciendo y no lo trataba en algún momento me iba a asfixiar.

Mi primera sesión de quimio fue el 7 de diciembre del año pasado. Cuando salí pensé que raparme era lo mejor. Me alivió muchísimo, porque me angustiaba mucho ver como se me caían los mechones de cabello. Al día siguiente de tomar la decisión, me levanté de la cama, me pinté las pestañas, compré unos anteojos y aros nuevos y salí.

Estoy convencida de que se puede estar pelada y estar bien. Porque es habitual ver hombres pelados y nadie les dice nada cuando caminan por la calle, pero ven a una mujer en la misma situación y a veces te miran como si fueras rara. Comprobé que se puede seguir haciendo una vida normal, sin necesidad de estar con los pañuelos o las pelucas que son incómodas.

Todo es una cuestión de actitud.

Marca de lucha

En mis sesiones de quimioterapia veo personas que sufren muchísimo con la caída del cabello, les genera mucho estrés. Estar rapada para mí es una marca que dice que soy una luchadora, me da orgullo saber que estoy afrontando esta enfermedad para recuperar mi salud.

Después de las quimio, empecé a sentirme mejor y retomé algunas actividades que me gustan, como entrenarme en el gimnasio. Hago ejercicios en bicicleta, uso la caminadora y las pelotas. El médico me pidió que tratara de descansar mucho para que mi cuerpo se repusiera rápido. Pero hace 11 años que hago pole dance, siempre tuve un exceso de energía. Como mis estudios estaban bien, me dijo que podía realizar actividad física en forma medida, que me alimentara en forma saludable y que descansara después de las quimio.

Luego de mi entrenamiento me siento más activa y con más energía.

En todo este proceso tomé conciencia de la importancia de cuidar los tiempos con mis vínculos. Antes sólo me dedicaba a trabajar y a conseguir las cosas que quería. Mi sillón, mi tele, mi casa. Después me di cuenta de que si hubiera esperado un mes más y hubiese muerto, los bienes materiales no servirían de nada. Tampoco hubiera podido compartir momentos hermosos con mis afectos. Fue muy fuerte lo que me pasó, pero aprendí a revalorizar lo verdaderamente importante en mi vida.

(*) Florencia Bustos es bailarina y profesora de pole dance. Es creadora y directora de una academia de pole dance ubicada en el centro de la ciudad de Córdoba. Participó en competencias en Chile, Río de Janeiro, Curitiba, en Brasil y en Buenos Aires. Es Campeona Argentina y Sudamericana de Pole Dance (2014). Participó en la categoría Elite en el Mundial de esta disciplina en Beijín, China en abril de 2015.

Colaboró en esta nota: Rosana Guerra