Experiencia en movimiento
El cuerpo como soporte. En él se expresa la emocionalidad, y las disciplinas que lo tienen como eje involucran una conexión diferente con la vida.
La biodanza, o danza de la vida, es una práctica de intervención terapéutica, creada y desarrollada por Rolando Toro, psicólogo y antropólogo chileno. En 1965, mientras era docente del Centro de Estudios de Antropología Médica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, realizó las primeras investigaciones con música y danza en el Hospital Psiquiátrico de Santiago. En esta disciplina la metodología es vivencial y quienes la practican descubren que su cuerpo es soporte y sustento de nuestra existencia. "Somos nuestro cuerpo, en él se expresa nuestra capacidad cognitiva, nuestra emocionalidad, la capacidad para hacer, nuestra voluntad para actuar", explica la profesora Iris Roisen. La biodanza es como un espejo de nuestra realidad social; refleja nuestras enfermedades, contaminaciones y procesos de sanación. "Es el territorio donde experimentamos el mundo. Conocer el propio cuerpo y decidir sobre él implica el autocuidado y el amor a sí mismo", destaca Roisen. Esta práctica ayuda a resignificar la existencia, crear nuevas motivaciones para vivir y ante una derrota, un camino que se cierra, una pérdida, aceptar la realidad. En las clases de biodanza hay un primer momento que es para el "Relato de Vivencia", espacio consagrado a la circulación y escucha de testimonios que dan cuenta de procesos, despojados de juicios y prejuicios, de anécdotas y justificaciones.Un segundo momento se sostiene en una secuencia de vivencias inducidas por la música, el movimiento y situaciones de encuentro grupal. "Vivencia es el eje operativo del sistema, Toro la define como la experiencia vivida con gran intensidad por un individuo en un flujo de tiempo aquí y ahora, que involucra a todo el cuerpo en sus distintos niveles: neurológico, endocrino, inmunológico y emocional", indica Roisen. Esta práctica activa y armoniza las funciones de la región límbico- hipotalámica, centro anatómico generador de las emociones y de los instintos, y promueve la integración de nuestros potenciales genéticos con un efecto de transformación orgánica. La biodanza no se centra en los síntomas, sino que estimula las capacidades saludables de los participantes. A Iris Roisen esta disciplina le permitió convivir en forma más saludable con la artritis reumatoidea. "Tengo esta enfermedad desde los 17 años y en 1997 comencé mi proceso en biodanza", cuenta. En su experiencia agrega que aprendió a conectarse de una manera más viva y completa con su cuerpo. "Aprendí a escuchar sus mensajes como señales de un amigo que va marcando los déficits, las simulaciones que sostenemos. Esta práctica nos ayuda a dejar de sentirnos víctimas de las circunstancias, nos permite modificar actitudes para sostener y elevar nuestra calidad de vida", finaliza.Otra de las propuestas rítmicas expresivas de autodescubrimiento y autoconocimiento psicofísico es el Sistema Milderman, orientado a posibilitar la expansión y ampliación de nuestras potencialidades humanas en sus aspectos físico-emocional y mental. Este sistema está basado en los principios de Yoga y Plástica Griega. "Es yoga porque nos permite sondear en nuestra corporalidad y penetrar en otra dimensión de búsqueda, rastrear nuestra afectividad y expansionar nuestra cobertura frecuentando distintos pulsos respiratorios; recorrer y reconocer distintas zonas corporales y frecuentarlas", agrega la profesora Flavia Cena."La práctica de este sistema tiene un efecto sanador sobre nuestro sistemas físico-biológicos. Entre los beneficios para la salud, está el de flexibilizar el sistema esquelético-tendinoso-muscular, promover la vitalidad y la estabilidad corporal, liberar la circulación energética de la estaticidad de los tejidos conjuntivos al recuperar su lubricación natural", menciona Cena, quien está por cumplir 80 años.
Psiquiatras inauguran “Espacio Arte”
Hoy, a las 20.30, en Mar del Plata y en el marco del 29º Congreso de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (Apsa), se inaugurará un espacio arte. Es un homenaje a los doctores César Augusto Cabral y Carlos Repetto, promotores del uso del arte en el quehacer terapéutico. También celebra la acción de Carlos Caruso, fundador del capítulo de Arte y Psiquiatría en 1995 en Apsa.
El congreso se extiende desde hoy hasta el sábado en el NH Gran Hotel Provincial, de la ciudad de Mar del Plata, con el lema: “Psiquiatría y compromiso social. Hacia una concepción antropológica del sujeto”. Contará con 850 presentaciones, entre mesas redondas, simposios, foros, cursos y talleres. “La ciencia y el arte en la psiquiatría son partes inseparables de la terapéutica.
Permiten abordar tanto el andamiaje interno del sujeto como sus vínculos familiares y sociales. Le posibilitan un contacto consigo mismo y son capaces de construir una narrativa diferente sobre su ‘locura’ y una posibilidad distinta de vínculo social”, destacan desde la entidad.

