El difícil equilibrio que deben hacer los padres
Adultos, también más ocupados. Tanto en el aula, como en el hogar, los educadores están sobrecargados, por lo que tienen menos tiempo para acompañar a los hijos en instancias finales.
Cuando la agenda educativa continúa en el hogar, puede presentarse un desafío adicional para algunos niños. Alejandra Toledo es coordinadora pedagógica del instituto Educare y Asociados y afirma que en la última década se observa una extensión de las jornadas laborales de los padres. "Esto hace que muchos niños y jóvenes deban realizar sus estudios y tareas escolares sin su ayuda, lo cual afecta el aprendizaje y sus autonomías", añade. Al término del año lectivo, esta situación empeora, ya que el ritmo de las agendas de los adultos se exacerba y los chicos sienten aún más las dificultades de los padres para ayudarlos. "Los adultos tenemos mil responsabilidades que atender, pero ninguna es más importante que criar a nuestros hijos", enfatiza el pediatra Héctor Pedicino.
Docentes ocupados
Por otra parte, los docentes también se encuentran sobrecargados de responsabilidades y compromisos a esta altura del año: tienen que diseñar y tomar evaluaciones, entregar informes y planificaciones, participar activamente de los actos de cierre escolar y cumplir con un sinnúmero de obligaciones y exigencias. Por lo tanto, es natural que también estén estresados y tengan menos posibilidades de brindar una atención especial sus alumnos.
“A fin de año aumentan los castigos y reprimendas, tanto de los papás como de los docentes hacia los niños. Esas penitencias a veces están mal direccionadas, ya que en la mayoría de los casos consisten en quitarles un privilegio en lugar de poner un límite claro a cuestiones que afectan su salud emocional”, afirma Evangelina Ficetti, presidenta del Colegio de Psicopedagogos de la Provincia de Córdoba. “Por ejemplo, si los chicos molestan durante la clase, se los deja sin recreos o les prohíben ir a fútbol porque obtuvieron una mala nota. Así se los priva de un espacio que fortalece su salud emocional y psíquica y que no tiene nada que ver con el objetivo del castigo. Los espacios lúdicos y de socialización son vitales para los chicos”, continúa.
Ficetti opina que los adultos deberían repensar sus propias motivaciones, preguntarse qué causas los llevan a trabajar tantas horas y, a su vez, revisar el ritmo de vida y la agenda de actividades que proponen a sus hijos. “No es fácil, pero tampoco imposible”, asegura la especialista.
Estrategas de último trimestre
Como en una especie de carrera de supervivencia de equipos, el cumplimiento de las obligaciones del tramo final del año se traduce muchas veces en un relato familiar de anécdotas de obstáculos superados a puro golpe de estrategia.
Flavia es arquitecta, trabaja todo el día y tiene cinco hijos en su hogar. Dos de ellos están terminando la secundario y la primaria; otros dos están en los años intermedios del secundario y la universidad; y la más pequeña de la familia termina la sala de 3.
“Los que cierran ciclos viven con ansiedad y alegría el fin de estas etapas, y al mismo tiempo un poco de incertidumbre y expectativa por lo nuevo que vendrá. Además de lo académico, están con despedidas, juntadas, actos, ensayos, fiestas, etcétera, y todo esto genera una dinámica diferente respecto de sus hermanos”, cuenta.
Flavia añade que ninguno de los chicos es dependiente de ella o su marido al momento de estudiar, y en muy pocos casos debieron recurrir al apoyo de profesores particulares. “Los ayudo yo misma, tomándoles lecciones, o haciendo trabajos, normalmente relacionados con dibujos o artes plásticas”, detalla, y agrega, con alegría, que ninguno se lleva materias este año y que ya advierte el agotamiento de todos.
También cuenta, sorprendida, que los chicos crean sus propias estrategias para superar exitosamente cada trimestre: “Durante el primero se sacan buenas notas para que los profes los conozcan, en el segundo se relajan un poco, y en el tercero levantan los promedios”.

