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Comer sano, también en la escuela

Esfuerzo colectivo. Nutricionistas presentaron documento preliminar sobre alimentación escolar.

31 de octubre de 2013 a las 12:01 a. m.
Analía Reineri (Especial)
Comer sano, también en la escuela
Convivencia. Una vianda que tenga productos panificados, pero que también incluya fruta, es una buena alternativa para introducir alimentos saludables en la dieta.

Los niños pasan entre cuatro y ocho horas en la escuela, cinco días a la semana, muchas semanas al año. Es por eso que pensar en la alimentación que reciben en ese ámbito es fundamental para cuidar su salud y el correcto desarrollo. Con datos que indican que en el país, por ejemplo, el cinco por ciento de los chicos de primer grado y el ocho por ciento de los de sexto tienen hipertensión arterial, profesionales de todas las jurisdicciones analizaron la situación de los comedores escolares en Argentina. También, el estado nutricional general y por regiones de niños, niñas y adolescentes a fin de elaborar acciones para afrontar diferentes problemas.El encuentro se efectuó en mayo y reunió a nutricionistas y profesionales que se dedican a trabajar con el diseño de comedores escolares. Fue en la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (Fagran).Mercedes Paiva, presidente de Fagran y especialista en políticas públicas, anticipó datos del documento preliminar de alimentación escolar surgido de esa reunión. El texto definitivo estará disponible en los próximos días. Paiva desarrolló el tema en el marco de las Quintas Jornadas Nutricionistas al Día que organizó el colegio de Nutricionistas de Córdoba.En el diagnóstico de situación –extensivo a la mayoría de las jurisdicciones– figura la falta de licenciados en nutrición en la conducción de los comedores y en la supervisión y control en los programas de alimentación escolar. También, la falta de adaptación a los menús locales y la ausencia de apoyo a las economías locales en el abastecimiento de los comedores escolares. En la reunión se usaron esos aportes y la información surgida de –entre otros documentos– el Programa de Sanidad Escolar (ProSaNe) que evalúa a 2.000 alumnos en 2.450 escuelas públicas. Los resultados del relevamiento 2013 –todavía en proceso– indican que en Argentina el 5 por ciento de los chicos de primer grado y el 8 por ciento de los niños de sexto grado tienen hipertensión arterial. También, que el 7 por ciento de los niños de primero y el 4 por ciento de los de sexto tienen baja talla. Y que, en el centro del país –por ejemplo– el sobrepeso y la obesidad afecta al 16 por ciento de niños y niñas de primer grado y al 19 por ciento de los niños de sexto. ¿Cómo modificar este tipo de cuestiones desde la escuela? "En las jornadas de cuatro a ocho horas los niños llevan a cabo un proceso de enculturación alimentaria, por el que aprenden a comer y a gustar distintos alimentos", dijo Paiva. Modificar la alimentación en la escuela es, entonces, una buena oportunidad. El documento sugiere que el tiempo destinado a las comidas escolares debe durar como mínimo 20 minutos para desayunos y meriendas y 30 para almuerzos y cenas. Prever diez minutos antes del almuerzo para garantizar el lavado de manos y diez posteriores para promover el cepillado de dientes. Los profesionales proponen que se realicen evaluaciones antropométricas de niños, niñas y adolescentes periódicamente, y que esa información esté disponible para los equipos técnicos y decisores en diseño de servicios de alimentación escolar. También sugieren realizar evaluaciones (cada cinco años) del consumo que realizan niños, niñas y adolescentes a través de una muestra nacional. Entre otras cosas, el documento propone que en los quio scos escolares no haya publicidad de productos alimentarios y, que se redacten, sancionen y reglamenten normas provinciales y municipales de comedores y cantinas escolares. También, estipula que se deben incluir en los objetivos de esos comedores la "mejora de la alimentación", "desarrollar hábitos saludables" y "mantener el consumo de alimentos tradicionales, respetando la diversidad cultural en la las formas de preparación", entre otras iniciativas, como la de incorporar objetivos de mejoras alimentarias en la currícula escolar. Los profesionales se basaron en recomendaciones internacionales y trabajaron en una estandarización que en una primera etapa propone consumos promedios por edad: entre 3 a 5 años, 1.250 calorías; se 6 a 8, 1550; de 9 a 10, 1850 calorías y, de 11 a 13 años unas 2.250. Entre otros aspectos nutricionales, indica que el consumo de proteínas oscile entre un 10 y un 15 por ciento, 30 por ciento de grasas, no más de 10 por ciento de grasas saturadas y tender a "cero" por ciento de grasas trans. En la dieta, los hidratos de carbono deben rondar entre un 55 a 60 por ciento, no más de diez por ciento en azúcares simples, evitar la inclusión de alimentos industrializados altos en sodio y asegurar el consumo de frutas y verduras, leches, yogures y quesos. Además de garantizar el acceso al agua potable. Para esto último, indican la necesidad de que haya bebederos a la altura de los niños.

Guías

Proponer recomendaciones para una alimentación saludable que respete la diversidad cultural del país es uno de los 2 objetivos de las Guías Alimentarias que este año actualiza el Ministerio de Salud de la Nación con el aporte de todos los sectores vinculados a la nutrición.

Las guías se elaboraron por primera vez en 2001 y se actualizan cada cinco años. Traducen conocimientos científicos sobre requerimientos nutricionales y composición de los alimentos para orientar a la población en su selección y consumo y, de este modo, fomentar estilos de vida sanos. El armado de las nuevas guías fue otro de los temas que se desarrolló en el marco de las jornadas.

María Victoria Di Marco, miembro de la Dirección de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No transmisibles del Ministerio de Salud de la Nación, explicó que la mala alimentación se enmarca dentro de los denominados “factores de riesgo modificables” que son considerados los principales determinantes de las patologías asociadas con los hábitos, como la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia y la obesidad, que impactan en el incremento de la morbilidad y mortalidad cardiovascular y por algunos tipos de cáncer.

Di Marco agregó que, en diez años, la ingesta de los argentinos ha variado: se escogen menos alimentos frescos y más industrializados, hay mayor consumo de grasas y de azúcares.

Las guías contienen recomendaciones diseñadas para personas sanas, mayores de 2 años, que viven en centros urbanos y que toman a la mujer adulta como “unidad de consumo” por la influencia que las mujeres tienen en el armado de la alimentación familiar. Por otra parte, los destinatarios de estos consejos son todos los agentes a cargo de implementarlas: profesionales de la salud, de la educación, entre otros.

Pretenden ser un recurso para educar e informar a la población y contarán con la posibilidad de adaptarse a las características y necesidades propias de cada región.